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Avui 15 de Xuño de 2013 Giné Daví

India debe acelerar las reformas y abrirse al exterior

India es la 10º economía mundial. La UE es el primer socio comercial y el destino del 20% de las exportaciones manufactureras indias. Pero la crisis de la zona euro afecta a la economía india. En el año fiscal 2012-2013, el PIB creció solo un 5%, el más bajo desde hace diez años. En el 2011-2012 lo hizo un 6,2%. Los economistas estiman que el país tendría que volver a crecer en torno al 9% para dar trabajo a los 10 a 12 millones de jóvenes que cada año ansían incorporarse al mercado laboral. Pero las actuales incertidumbres económicas no se explican solo por factores externos.

El modelo de desarrollo indio, aunque algo caótico, dio sus frutos en las dos últimas décadas gracias al “dividendo demográfico”, una potente demanda interior, la creación de millones de empleos, un alto índice de ahorro y el surgimiento de unas clases altas y medias muy emprendedoras. Pero India precisa acelerar las reformas estructurales para incrementar la productividad y la eficiencia de los sectores económicos. China se modernizó antes y se abrió más al exterior. En cambio, India sufre déficits en las infraestructuras y los sistemas educativo y de salud. El país abrió su economía al exterior a partir de 1991 pero persisten altas dosis de proteccionismo económico y comercial en la industria y los servicios. El mercado laboral es muy rígido e informal. Las deficientes infraestructuras asfixian las comunicaciones internas y externas del país y fallan a menudo los suministros de electricidad y agua.

El Gobierno pretende corregir aquellos déficits con la participación del sector privado. Pero los planes de mejora de las infraestructuras se demoran debido a un marco regulador incierto, poco transparente y muy lento que no favorece la inversión interna o foránea. Y sin conexiones políticas, todo es más difícil. La corrupción aumentó en los últimos años. India ocupa el 132º lugar entre 183 países en el ranking “Doing Business 2013” del Banco Mundial. China el 91º.

Pero las empresas extranjeras invertirán en el país porque confían en las grandes potencialidades del país y en que las actuales trabas administrativas se levantarán. El Gobierno indio aprobó recientemente una liberalización parcial de los sectores de la distribución y los mercados financieros. Unas medidas que, aunque impopulares en la calle, son necesarias para competir en un mundo globalizado. Pero el Partido del Congreso las aplica al ralentí cuando se acercan las elecciones legislativas, previstas en la primavera de 2014.

India debe revigorizar las reformas y facilitar las inversiones extranjeras, hoy más proclives a invertir en los países vecinos del sudeste asiático. India sigue siendo una economía protegida que prioriza la demanda interna. Las exportaciones solo representan el 18,5% del PIB. En China es el 30%. Las reformas ayudarán a reducir la pobreza rural y modernizar una economía que depende excesivamente de un sector agrícola atrasado e ineficiente, que emplea la mitad de fuerza laboral y representa el 14% del PIB. La industria y los servicios, el 26% y el 60%.

El crecimiento indio, aunque menor que el chino, ha sido muy alto a pesar de los problemas estructurales del país. Y será mayor si el Gobierno impulsa sin más demoras la modernización y apertura económica para aprovechar positivamente los efectos del dividendo demográfico. Si India no reacciona no podrá dar respuesta a la creciente influencia económica de China en Asia del sur.

Cabe apostar por India. Se convertirá en pocas décadas en la tercera economía mundial. Cuenta con una de las poblaciones más jóvenes del mundo. También con una potente diáspora india. Y lo más importante: la transición desde una sociedad tradicionalmente agraria a otra más abierta al mundo se lleva a cabo, a diferencia de China, en el marco de un sistema político democrático, aunque sea “con características indias”.

 

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais