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La Vanguardia 4 de Outubro de 2015 Giné Daví

India debe competir para no depender de China

India podría convertirse, a medio plazo, en una gran potencia económica. Se conjugan factores internos y externos favorables. La amplia victoria electoral de Narendra Modi en mayo de 2014 le otorgo la legitimidad política y los apoyos económicos para impulsar las reformas estructurales pendientes. El país puede dar un gran salto adelante si aprovecha su enorme dimensión territorial y humana y el potencial de consumo de su vasto mercado interior. India tiene unos 1.315 millones de habitantes, China 1.380 millones. Pero NNUU vaticinó en julio que la población india alcanzará los 1.400 millones en 2022 convirtiéndose en el país más poblado del mundo. Y seguirá creciendo en las próximas décadas mientras la población china se mantendrá estable hasta 2030 y luego declinará debido al rápido envejecimiento del país.

En India se respira optimismo. Según el Banco Asiático de Desarrollo, el PIB podría crecer un 7,4% en 2015, más que China con un 6,8%. Será el país del G20 con mayor crecimiento. ¿Como se explica? India no se ve tan afectada por la desaceleración de la economía china ni por la brusca caída de los precios mundiales de los recursos naturales.  Sale más bien beneficiada de la volátil coyuntura económica actual. A diferencia de otros países BRICS como Brasil, Rusia y Sudáfrica que dependen de la exportación de sus recursos naturales, India es un importador nato de materias primas. Y el tercer importador mundial de petróleo que hoy compra a la mitad del precio que hace solo un año. Y la bajada de la cotización del yuan chino no le afecta. Tampoco es una gran potencia exportadora manufacturera y no depende de China a diferencia de otras economías exportadoras del sudeste asiático como Indonesia y Malasia, perjudicadas por la menor demanda china.

Modi multiplicó sus viajes al exterior para presentar el plan “Make in India” lanzado en 2014 para incrementar el peso del sector industrial indio. Hoy solo representa el 10% de las exportaciones y el 17% del PIB. Pretende que alcance el 25% en 2022. E invita a los inversores extranjeros a entrar en un gran mercado que ofrece muchas oportunidades y unos costes laborales más bajos que China.

Pero el elefante indio difícilmente podrá competir y superar “económicamente” al gran dragón chino. Modi afronta unos retos tan enormes y complejos como el país que gobierna. El principal: reformar un marco legal, una burocracia y una corrupción que frenan la modernización y la eficiencia económicas. India ocupa un rezagado 142º lugar entre 189 estados en el “Doing Business 2015” del Banco Mundial. China, el 90º. Pero merece destacar que India subió del 71º al 55º lugar en el Índice de competitividad 2015-2016 publicado el 30 de septiembre por el Foro Económico Mundial. China ocupa el 90º. También urge mejorar unas precarias infraestructuras de transporte, comunicaciones y energía que minan la productividad. Y formar unos recursos humanos más cualificados para crear empleo para los 12 millones de jóvenes que cada año aspiran entrar al mercado laboral. E invertir en educación y sanidad. La diáspora india es un motor de Silicon Vallet y con el 80% de titulados universitarios, es la mejor educada y motivada de EEUU.

Las urgencias indias chocan con obstáculos políticos y sociales. Modi no logra avanzar en la reforma laboral ni aprobar las leyes sobre adquisición de tierras o la implantación de un IVA a nivel estatal. Goza de una mayoría parlamentaria en la cámara baja pero está en minoría en la cámara alta donde están representados los 29 Estados de la Unión. Y unos sindicatos muy politizados se oponen a liberalizar el rígido mercado laboral y organizaron el 2 de septiembre una huelga general que paralizó el país. Y crece la inquietud entre los grupos empresariales.

Para financiar las reformas, Modi cuenta con un marco macroeconómico más saneado. Si bien algunos analistas dudan, como ocurre con China, sobre la fiabilidad de las estadísticas indias. La inflación bajó al 3,66%. La menor factura energética ayuda a mejorar las desequilibradas balanzas fiscal y comercial y a moderar los precios de consumo. Y el 29 de septiembre, el Banco Central de India, volvió a bajar por cuarta vez en lo que va el año,  el tipo de interés situándolo en un 6,75% abaratando un poco más el coste del crédito para favorecer la inversión.

El país precisa atraer a más inversores, capitales y empresas extranjeras, aún reacios a apostar por India. Algunos proceden de China. Nueva Delhi se sumó inmediatamente al Banco Asiático para Inversiones en Infraestructuras (AIIB) impulsado por Pekín. Pero India no quiere depender de China. Y está reforzando las relaciones estratégicas con Japón, EEUU, la UE y Corea del Sur para incrementar las capacidades tecnológicas para hacer realidad sus ambiciones económicas y militares.

India podría convertirse en la tercera economía mundial en 2030. Pero para competir y no depender de China, Modi deberá, sin más demoras, modernizar y abrir el país al exterior aprovechando los efectos del dividendo demográfico.

 

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