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Diari de Tarragona 28 de Marzo de 2015 Giné Daví

Japón, cuatro años después de Fukushima

Japón fue azotado el 11 de marzo de 2011 por un enorme terremoto y un brutal tsunami que provocó la crisis nuclear de Fukushima. El resultado de la tragedia: más de 18.000 muertos y desaparecidos. Cuatro años después, la situación de la zona mejoró pero queda por hacer lo más difícil. Unas 120.000 personas que vivían en un radio de 20 kilómetros de la central aún no han podido retornar a sus hogares porque persisten unos altos niveles de radiación.  La descontaminación total de la Central será un proceso largo y complejo.  Y su desmantelación total tardará unas cuatro décadas.

El primer ministro Shizo Abe pretende reabrir algunos de los 48 reactores nucleares parados tras lo ocurrido en Fukushima. Dos reactores de la central de Sendai, en el sudoeste del país, ya recibieron la luz verde de la Autoridad reguladora nuclear. Pero no se abrirán antes de las elecciones locales que se celebrarán en mayo. Según una encuesta hecha en enero, solo el 36% de los japoneses aprueban volver a la energía nuclear. Y los movimientos antinucleares andan revueltos. La justicia japonesa eximió el 22 de enero de responsabilidad a TEPCO, la propietaria de la central devastada, por considerar que no habían podido prever ni evitar lo sucedido. La realidad fue distinta. Fukushima fue algo más que una catástrofe natural. También hubo imprevisión, impericia y un exceso de confianza de los responsables políticos y empresariales de la gestión nuclear.

Pero Sinzo Abe, que volvió a  ganar ampliamente las elecciones legislativas del 14 de diciembre de 2014, impondrá una vuelta gradual a la energía nuclear que en su día aseguraba el 28% del suministro eléctrico del país. Tras el parón nuclear se disparó la factura de las importaciones energéticas de petróleo y gas licuado, que repercutió en el creciente déficit comercial nipón.

Pero el Gobierno japonés tiene hoy una prioridad: enterrar definitivamente dos décadas de estancamiento económico. Para lograrlo, a finales de 2012, Abe lanzó una serie de medidas, las “Abenomics”, para relanzar la economía, con resultados dispares. Impulsó unas políticas monetarias expansivas y fiscales flexibles pero no afrontó decididamente las reformas estructurales pendientes. Además, la subida del IVA del 5% al 8% el 1 de abril de 2014 frenó el consumo e hizo recular otra vez el PIB. El fantasma de la deflación no desapareció del todo. La caída del precio del petróleo hizo descender la factura energética pero también frenó la subida de los precios.

Shinzo Abe presionó a las organizaciones empresariales y sindicales a consensuar un aumento de los salarios, el mayor en 15 años. Así lo hicieron las grandes empresas como Toyota, Nissan, Panasonic, Toshiba e Hitachi. Las PIMES que emplean al 70% de los trabajadores lo tiene más difícil. La depreciación del yen favoreció las exportaciones y confían en que se consolide la recuperación económica de EEUU. Según el FMI, la economía japonesa creció un 0,1% en 2014 y anunció un 0,6% para 2015. Precisa crecer mucho más.

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