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El Punt Avui 20 de Decembro de 2015 Giné Daví

La “B” de “BRICS” se tuerce

Los cinco países BRICS parecían tener potencial para ser los grandes motores de la economía mundial durante largo tiempo. Pero el panorama global cambió. En 2015, Brasil y Rusia sufren una recesión económica (-4%). Sudáfrica se frenó (2,5%). Son tres grandes exportadores de recursos naturales y otras materias primas. La economía de China, el principal causante de la menor demanda mundial, se desacelera (6,5%). Solo India, un importador nato de recursos energéticos, crece en torno al 7,4%.

Brasil es una gran potencia emergente. Es la séptima economía mundial así como la primera y más poblada de América Latina con unos 200 millones de habitantes. Es un país enormemente rico en recursos naturales energéticos y alimenticios. Pero a ocho meses de celebrar los Juegos Olímpicos Rio de Janeiro 2016, sufre una profunda crisis política y económica que provoca tensiones sociales. ¿Cómo se llegó a esta situación? Dos principales causas: malos gobiernos y la corrupción.

Brasil es otro país sudamericano mal gobernado que no llevó a cabo las reformas estructurales pendientes en los años de bonanza económica. Lula da Silva (2003-2010) y la actual presidenta Dilma Rousseff dedicaron los altos ingresos logrados gracias a la explosión de los precios mundiales de las materias primas exportadas principalmente a China. Estimularon la economía y potenciaron el consumo interno de las emergentes clases medias y sacaron de la pobreza a muchas pobres o desfavorecidas. Pero no invirtieron suficientemente en la modernización de las infraestructuras y el aparato productivo.

Cuando cayeron las exportaciones e ingresos de las “commodities” por la menor demanda mundial mientras persistían las importaciones de manufacturas, en gran parte chinas, las finanzas públicas quedaron seriamente afectadas provocando déficits presupuestarios. La inflación alcanzó el 10,48% en noviembre, el consumo y las inversiones se frenaron y la tasa de paro se sitúa en el 8%. Y el escenario cara 2016 no es optimista. La depreciación de la divisa brasileña, más del 30% frente al dólar en un año, penaliza la factura de las importaciones que redunda en la subida de los precios. Las reservas de divisas disminuyen. Y la subida del tipo de interés por parte de la Reserva Federal de EEUU podría llevar a la salida de más capitales al exterior.

La endémica corrupción también frena el desarrollo económico. El colosal escándalo provocado por la corrupta gestión de Petrobras, el gigante petrolero estatal, implicó directamente a la élite política y económica del país. La presidenta Dilma Rouseff, amenazada por una posible tramite de un procedimiento de destitución (“impeachment”) por parte del poder Legislativo, está muy aislada y contestada política y socialmente. Se le acusa de maquillar las cuentas públicas. Una crisis presidencial que paraliza las reformas económicas.

Las incertidumbres retienen a los inversores. Brasil debe rehacer los liderazgos para aplicar las políticas adecuadas para superar la recesión. Urgen más inversiones en infraestructuras, educación, economía productiva, apoyo a las PIMES y emprendedores, políticas regionales descentralizadas, etc. En definitiva, mayor eficiencia y transparencia en la gestión de las finanzas públicas.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais