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OPCh 31 de Xaneiro de 2014 Ríos

La gaviota del PDP

Tras el fracaso en las elecciones presidenciales celebradas en enero de 2012, el PDP asumió la imperiosa necesidad de promover un aggiornamento interno a propósito de su política hacia China continental. Tomaron cuerpo entonces un laboratorio de ideas específico y el aumento de los contactos (de sus alcaldes y personalidades del mundo académico afines, además de dirigentes a diferentes niveles) con el continente, unas veces de forma pública y otras no tanto. Dicho debate encara ahora, ante sus elecciones internas a la presidencia –en mayo-, y las municipales de diciembre, antesala de las previstas en enero de 2016, momentos decisivos.

En los debates celebrados no han sobrado ideas ni propuestas, pero también se ha evidenciado la falta de consenso y el riesgo de ruptura. Ni la propuesta de Frank Hsieh de un consenso constitucional basado en el concepto de “dos constituciones, dos interpretaciones”, lanzado en 2011, ni la de Ker Chien-ming, de congelar la cláusula a favor de la independencia han salido airosas. Entre ellas se abre camino una tercera opción, la “China + 1” del actual presidente de la formación, Su Tseng-chang. Por el momento, solo Frank Hsieh ha anunciado su postulación como candidato a la presidencia del PDP.

La erosión de la popularidad de Ma Ying-jeou, en su segundo y último mandato, y el hastío de importantes sectores de la ciudadanía taiwanesa respecto al KMT, inclinarían claramente la balanza hacia el PDP. El problema radica en que el mundo empresarial, como se constató en las elecciones de 2012, teme dicho triunfo por el impacto en las relaciones con el continente a la vista de las tensiones vividas en el periodo 2000-2008, durante el mandato de Chen Shui-bian. El PDP, que lo readmitido de nuevo en sus filas, abjura de cualquier política de confrontación con Beijing, pero la normalidad que propicia el KMT, en su “tercera cooperación” con el PCCh desde 2005, está muy lejos de su alcance. Beijing exige al PDP la renuncia expresa a la independencia que califica de “camino sin salida”.

La propuesta de “China + 1” fue elocuentemente comparada por Su Tseng-chang con “una gaviota en la costa”: “La gaviota camina por la costa y tú también estás ahí, caminando. Si uno sigue su rumbo sin molestar a la gaviota ambos están a bien y disfrutando de la compañía mutua. Pero si uno quiere atrapar a la gaviota, esta escapará”.

La fórmula de Su admite implícitamente una relación de especial complicidad de Taiwan con el continente, una cierta admisión de pertenencia a su órbita, admitiendo de manera más o menos solapada que una política de persuasión podría facilitar la plasmación de un modelo de acercamiento que derivara en el futuro en una fórmula institucional de integración, siendo muy generosos en la interpretación. Pero el caso es que Beijing no se ha dejado impresionar por la propuesta y destacó, sobre todo, que la reclamación de independencia sigue siendo el norte programático de la formación. Su, no obstante, quita hierro a esta valoración situando dicha proclama en la memoria histórica de su formación. No obstante, todo indica que Beijing no cerrará los ojos ante ella.

Las relaciones a través del Estrecho viven una primera crisis de crecimiento. Los avances experimentados en los últimos cinco años son asombrosos, pero se reclama un nuevo enfoque. Xi lo dijo en Bali en la cumbre de APEC; “no se puede dejar pasar el asunto de generación en generación”. El día 11 de febrero se producirá un primer encuentro formal entre los máximos dirigentes respectivos de China continental y Taiwan en esta materia. Será el primero a este nivel desde 1949 y sobre la mesa tendrán la difícil tesitura de desbloquear los asuntos pendientes y alentar avances en el orden político.  El KMT teme la reacción del PDP y éste que una actitud de oposición liviana fragmente su formación en beneficio de otros partidos independentistas como la TSU de Lee Teng-hui.

El problema para unos y otros es como gestionar una hipotética alternancia en Taipei sin que afecte al nivel de institucionalización lograda en la integración. Un fracaso en este sentido podría tener consecuencias dramáticas y ese temor frena las aspiraciones del PDP, un coste, a la postre, mayor o al menos equiparable al abandono de una reivindicación de independencia de jure, hoy por hoy reconocida como irrealista por todos. Pero es un símbolo y los símbolos, como también saben en el continente, son importantes.

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