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Revista ZETA (Venezuela) y Mundiario (Galicia) 7 de Agosto de 2013 Mansilla Blanco

La nueva “Yihad” de Al Qaeda

Principales fortines de la red Al Qaeda en Yemen, como eventual epicentro de una nueva Yihad global.

La activación de EEUU de la “alerta roja” en 19 embajadas de ese país, especialmente en el mundo islámico, coincide con el retorno de Al Qaeda en su pretensión de ocupar un lugar protagónico en la “Yihad contra Occidente” tras la muerte de su fundador Osama Bin Laden en 2011 y de la inesperada explosión de una Primavera árabe actualmente atenazada por el golpe militar en Egipto y la guerra civil en Siria. En perspectiva, el retorno de la amenaza de Al Qaeda se dirige no sólo hacia objetivos occidentales sino en propiciar una Yihad contra la comunidad chiíta desde la Península arábiga y para reactivar sus células radicales en el mundo árabe con la finalidad de desprestigiar a los partidos islamistas aupados por la Primavera árabe y actualmente atomizados tras el golpe egipcio.

El egipcio Aywan al Zawahiri, actual jefe supremo de Al Qaeda tras la muerte de Osama Bin Laden, tiene en mente varias opciones geopolíticas. La primera, nombrar como su brazo derecho al yemeni Naser al Wahishi, apodado Abu Basir, hasta ahora el jefe de Al Qaeda en la península Arábiga y quien fuera secretario del fundador de la red terrorista, Osama Bin Laden. Y la segunda, tomar posición sobre lo que sucede en el mundo árabe tras el golpe militar en Egipto y la interminable guerra civil en Siria, con la finalidad de reactivar las células “yihadistas salafistas” en el Magreb y Oriente Próximo.

La reactivación de la amenaza de Al Qaeda ha provocado la inmediata reacción de Washington, prorrogando prácticamente por este mes de agosto la máxima alerta antiterrorista en 19 de sus embajadas, especialmente en la península arábiga, Oriente Próximo y Norte de África. Precisamente, el nombramiento del yemeni Abu Basir como Nº 2 de Al Qaeda coincide con las advertencias de ataques de células radicales yihadistas en Yemen contra objetivos estadounidenses, según informaciones interceptadas por los servicios de seguridad de Washington.

Pero el retorno de Al Qaeda obedece, más bien, a razones existenciales contextualizadas por el panorama geopolítico en Oriente Próximo y el Magreb, concentrando su atención en la coyuntura actual de la Primavera árabe iniciada en 2011, curiosamente unos meses antes de la muerte de su máximo líder Bin Laden en una operación antiterrorista de la CIA en Pakistán.

La Yihad tras el golpe egipcio

La “ausencia” o más bien el silencio de Al Qaeda desde el punto de vista protagónico y, especialmente, la atomización de los partidos islamistas tras su repentina pérdida de poder con el golpe militar egipcio y la caída del breve gobierno de la Hermandad Musulmana en El Cairo, tras la deposición del ex presidente Mohammed Morsi, podrían más bien revelar las claves de este retorno de Al Qaeda.

Precisamente, el egipcio Al Zawahiri no iba a dejar pasar la ocasión para entrar en escena sobre el golpe egipcio. Tras acusar a Washington de perpetrar el golpe militar, Al Zawahiri cuestionó la labor de Morsi y de la Hermandad Musulmana por sus “concesiones” a EEUU y los militares egipcios a la hora de gobernar “de forma moderada” y no optar por la “yihad” contra Occidente. Así, Al Zawahiri busca deslegitimar al islamismo político aupado por la Primavera árabe atizando la bandera de la “yihad” y la guerra santa a través de células radicales.

El contexto, por tanto, luce aparentemente propicio para un retorno de yihadismo salafista de Al Qaeda y sus células. En Túnez, Libia y levemente Egipto, la célula de Al Qaeda en el Magreb intenta retomar su preponderancia para desprestigiar ante la población a los partidos islamistas triunfantes en las elecciones post-Primavera árabe, especialmente en Túnez, epicentro de estos cambios.

En la Libia post-Gadafi nacida de la intervención militar vía ONU y OTAN con especial preponderancia de Washington, Al Qaeda parece tener un caldo de cultivo importante en diversas células insertadas en los clanes que se rebelaron contra el régimen de Gadafi en 2011 y que actualmente tienen cierta incidencia en el gobierno de transición débilmente institucionalizado. Por tanto, Al Qaeda intenta hacer de Libia un escenario similar al del Afganistán post-Talibán o el Irak post-Saddam: un caótico campo de batalla para las nuevas autoridades y su dependencia de las fuerzas “invasoras”.

No obstante, el contexto egipcio luce más complicado para Al Qaeda. La existencia y mayor preponderancia de otros movimientos islámicos radicales como Al Nour eclipsa eventualmente la presencia de cualquier célula de Al Qaeda. Pero el terreno egipcio es estratégico para el mensaje de Al Qaeda, en particular para denunciar la presunta conspiración de EEUU apoyando el golpe de sus aliados militares egipcios, con la anuencia de Israel. La crisis económica y el estado de semi-guerra civil que existe actualmente en Egipto sería igualmente un caldo de cultivo apetecible, aunque el mensaje de Al Qaeda en este país es menos influyente.

Siria y Yemen como epicentro

Queda, por último, Siria y una guerra interna que comienza a volcarse a favor de las opciones y posiciones militares del régimen de Bashar al Asad, uno de los enemigos clave para Al Qaeda en el mundo árabe. La preponderancia de células de Al Qaeda en Siria dentro del polarizado y dividido conglomerado del rebelde Ejército Libre de Siria ha propiciado una presunta conexión y hasta eventual unificación con Al Qaeda en Irak, “regionalizando” así la guerra civil siria.

Paralelamente, y durante el mensaje de Al Zawahiri anunciando su nueva Yihad y el nombramiento de Abu Basir como su brazo derecho, no estuvo exento de referencias al conflicto sirio. Al Zawahiri acusó al líder del movimiento islamista libanés Hizbulá, Hasan Nasrala, de estar detrás de la guerra a través del apoyo iraní al régimen de Bashar al Asad. Con ello, Al Zawahiri busca en Siria el mismo efecto de deslegitimación y desprestigio contra los movimientos islamistas árabes que no forman parte de su ideología yihadista salafista.

Con todo, la incidencia de Al Qaeda en Siria es, cuando menos, moderada. Corresponde a un actor más dentro del conflicto sirio y sus constantes rupturas con la plataforma rebelde revelan igualmente una “guerra santa” de Al Qaeda contra las “petromonarquías” del Golfo Pérsico, en especial Arabia Saudita y Qatar, países que financian y apoyan logística y militarmente a los rebeldes sirios.

Con ello, la incidencia del mensaje de Al Qaeda busca abarcar la península arábiga, con Yemen como epicentro de actuación y proliferación de ataques; Oriente Próximo con la guerra civil siria de epicentro y la eventual conexión regional de Al Qaeda en Irak; y el Magreb, con Egipto en la recámara pero observando de cerca qué sucede en Túnez y Libia e, incluso, Marruecos y Argelia, donde ya funcionan células yihadistas.

Igualmente, retomar la bandera de la Yihad contra la comunidad chiíta en el mundo islámico significa minar cualquier pretensión de una mayor incidencia de Irán como “madre protectora” de los chiítas en el Golfo Pérsico y Oriente Próximo.

Esta guerra santa contra el chiísmo e Irán coincide con la entronización en Teherán del nuevo presidente iraní, el ayatolá moderado Hassan Rohani, y la incidencia que esto puede tener en el pulso entre Irán y Occidente por el programa nuclear y en la eventualidad de que el régimen teocrático iraní muestre ahora una “cara más amable” hacia el exterior tras el polarizado período del ex presidente Mahmud Ahmadíneyad.

Precisamente, Teherán ya ha iniciado una campaña de promoción de Rohani como portavoz de una imagen exterior más dialogante, menos desafiante y de confrontación como la experimentada durante el período de su antecesor Ahmadíneyad. Al Qaeda sabe que Teherán tiene una influencia clave en escenarios estratégicos como Siria y Líbano, por lo que desafiar al chiísmo desde Yemen y la península arábiga corresponde a una perspectiva geopolítica por confrontar y atenazar a Irán.

Así, la perspectiva geopolítica de Al Qaeda se concentra en eventualmente ocupar el lugar que aparentemente estaría desplazando a los partidos islamistas en el mundo árabe, atenazados por la reacción de las elites y sus aliados internos y externos (eventualmente EEUU), en especial tras el golpe militar en Egipto.  

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