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spanish.china.org.cn 5 de Marzo de 2014 Ríos

Las cifras y letras del discurso de Li Keqiang

El mensaje central que el primer ministro chino Li Keqiang ha transmitido en la sesión inaugural de la Asamblea Popular Nacional puede resumirse en que China tiene dificultades pero no está en crisis. Frente a quienes vaticinan aterrizajes duros y desaceleraciones preocupantes, se reconocen dificultades pero difícilmente se puede hablar de crisis ante las expectativas cifradas para este año: 7,5% de crecimiento, 3,5% de inflación, desempleo inferior al 4,6%, creación de más de diez millones de empleos, 7,5% de crecimiento del comercio exterior, déficit fiscal del 2,1%.... Y todo esto reforzado con una reserva de divisas de casi cuatro billones de dólares.

No son estos los datos de una economía en crisis o que afronte problemas similares a los de otras economías emergentes. Y si la hubiera, sería una crisis positiva y hasta necesaria porque sugiere el horizonte de un reequilibrio estructural global que invierte la obsesión por los dobles dígitos del crecimiento en exigencia de una mayor calidad. Ya en 2013, el sector servicios se convirtió en el más grande de la economía china, superando a la suma del manufacturero y la construcción, por ejemplo. El fomento del consumo, eje irrenunciable, se verá reforzado con el impulso a la integración urbano-rural, esos dos mundos internos separados por una muralla cuyas grietas se visibilizan cada día con mayor nitidez. La urbanización (centrada en las personas, dijo) es motor reconocido de la nueva economía china como también la innovación (2% del PIB en este concepto). Todo ello forma parte, con la mejora de la transparencia, de las prioridades de la acción de gobierno para 2014.

No nos hallamos pues ante los estertores que anuncian el final de la histórica espiral de crecimiento de las últimas décadas sino ante ese cambio de modelo del que se viene hablando en los últimos años y que ha estado muy presente también en el discurso de Li Keqiang al señalar los grandes retos y desafíos inmediatos: la sobrecapacidad de producción en algunos sectores, la regularización del sector financiero y bancario, la internacionalización del yuan, el agujero presupuestario de los gobiernos locales, la contaminación, el impulso a la modernización agrícola, la seguridad alimentaria, la corrupción, el fomento de la participación privada y de una economía mixta, etc.

Especial relevancia concedió a la “revolución interna” del propio gobierno, vaticinando no solo nuevas medidas de acomodo estructural sino sobre todo un cambio de cultura que tiene que ver con la mejora general de la gobernanza a través de dos ejes principales. De una parte, el respeto a la ley, erigida en referencia de toda acción pública. De otra, el fortalecimiento de una red de sujetos que incluyen tanto a gobiernos como agentes sociales y una reforma competencial para garantizar tanto la capacidad ejecutiva y su eficiencia como la moralización de su forma de actuar. Estos factores deben contribuir a la mejora de la credibilidad social y también de la integridad de los servidores públicos.

La clave del momento, pues, sigue siendo el desarrollo y la exigencia mayor, destrabar los obstáculos que lo condicionan, especialmente a través de la profundización de la reforma, la consigna de toda esta década y que marcará el devenir de China en los próximos años.

Una nueva apertura al exterior con ambiciosos proyectos

Otros compromisos a destacar tienen que ver con la defensa y las relaciones exteriores. El presupuesto militar aumentará un 12,2%, superior al de 2013 (10,7%), significando esa voluntad política de blindar la modernización del país y que revertirá en la mejora de sus capacidades en este orden, con especial proyección en el ámbito marítimo. Por otra parte, la tradicional invocación al desarrollo pacifico se complementa con la reafirmación de un papel constructivo y responsable en las relaciones internacionales, en un momento de aceleración de las tensiones regionales y globales. El llamamiento a preservar el orden internacional de posguerra apunta claramente a Japón pero también inquiere el compromiso de EEUU y otras grandes potencias con el propósito de evitar que Tokio cruce un Rubicón de difícil retorno y de pesadas consecuencias en la región.

Pero en el orden exterior, la primacía seguirá centrada en la materialización de un nuevo tiempo en la apertura, con grandes y ambiciosos proyectos (Ruta de la Seda, Ruta de la seda marítima, corredores económicos, etc.) y la consolidación de nuevas plataformas (con los PECO en Europa, con la CELAC en América, etc.) con potencial suficiente para transformar la fisonomía de regiones enteras y fortalecer mecanismos de cooperación en beneficio mutuo. Seguirá siendo la economía la punta de lanza de la estrategia exterior.

Hay claros ecos de la Tercera Sesión Plenaria de noviembre último en el informe, en el que casi nada queda fuera de la agenda, incluyendo la lucha contra el terrorismo que a raíz del grave atentado del pasado 1 de marzo probablemente recibirá una mayor atención y cobertura, no ya regional (en Xinjiang), sino estatal. Este será sin duda uno de los primeros asuntos a abordar por el recientemente creado Comité de Seguridad Nacional.

En suma, lo que ilustra el informe sobre la labor del gobierno es que China tiene sus propios problemas y seguirá su propio camino para solucionarlos. Con la agenda de transformaciones en curso espera reducir su dependencia y fortalecer su propia singularidad a todos los niveles.

Lo que en cualquier caso espera la sociedad china es que las palabras y cifras exhibidas por el primer ministro Li Keqiang se transformen en acciones, que las nuevas ideas se concreten en proyectos realizables, y que el bienestar de las personas se convierta, en la teoría y en la práctica, en el leit motiv impulsor de la acción del gobierno. Esa dimensión del reequilibrio en curso es también clave para que la resistencia mostrada por China ante los embates de la crisis económica y financiera global encuentre en la mejora de la protección social el aliado cualificado para que la nueva fase de la reforma alcance sus objetivos.

 

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