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spanish.china.org.cn 27 de Febreiro de 2014 Ríos

Las lianghui y los retos del parlamentarismo chino

El parlamentarismo tradicional está en crisis. Es esta una afirmación recurrente en los últimos tiempos en buena parte del mundo occidental en virtud de unas críticas que destacan la merma de la capacidad de representación de las instituciones parlamentarias, su disciplinado reflejo de las oligarquías que administran la partitocracia, la condición de mero apéndice legitimador de decisiones que los gobiernos deben aplicar para satisfacer a los mercados –que no compiten en los procesos electorales- y, en definitiva, su alejamiento de los electores. Los ciudadanos eligen a sus diputados para que traduzcan en normas de obligado cumplimiento un programa electoral determinado pero, a fin de cuentas, las políticas las deciden los mercados y estos se las imponen a los gobiernos legitimándolas en los parlamentos desoyendo los compromisos asumidos y votados por los ciudadanos. La vida parlamentaria abdica así de su función original, de representación, debate y control autónomos, ligada a su condición de expresión de la soberanía nacional.

A pesar de la distancia existente entre los respectivos sistemas políticos, el parlamentarismo chino, que es de otro signo y responde a otras claves históricas, políticas y culturales, también tiene sus problemas y de ellos se habla cada vez con más claridad en un intento de reivindicar sus bondades y avanzar en su mejora paulatina. El sistema de asambleas populares que se extiende por toda la vasta geografía política del país aspira a sacudirse el sambenito de escenificar un proceso ritual donde todo está decidido y donde ninguna improvisación es posible. En los últimos años es constatable un esfuerzo por hacer su actividad más transparente y abierta a la sociedad, una tarea que discurre en paralelo al fomento de una democracia consultiva que pretende alargar la base cualificada de las decisiones gubernamentales y la adopción de mecanismos que propicien la participación ciudadana a la hora de impulsar sus actividades y propuestas, especialmente a través de mecanismos electrónicos.

Ecos de la Tercera Sesión Plenaria

Las lianghui simbolizan un macroencuentro donde debe cristalizar una voluntad política de alargamiento y concreción ulterior de las decisiones del PCCh, de impregnación de unas políticas y decisiones que exigen una puesta a punto con los más amplios sectores sociales. El desempeño de las dos cámaras, la Asamblea Popular Nacional (APN) y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh) debe reflejar ese consenso y esa vocación. Hoy día, sin embargo, probablemente se requiere más capacidad de debate y de iniciativa, conscientes de que los problemas de la agenda son de considerable magnitud y ninguna opinión constructiva debe ignorarse.

La inyección de dinamismo y de representatividad constituye un imponderable requisito si efectivamente se pretende, como se deduce de los acuerdos adoptados en la Tercera Sesión Plenaria del Comité Central del PCCh de noviembre último, reforzar el peso de la norma en la vida del país, la fuerza de la ley y la igualdad de todos los ciudadanos y organizaciones ante ella, empezando por la suprema de todas, la Constitución.

En tal contexto, las lianghui representan también una oportunidad para poner en valor la utilidad del parlamentarismo, no como instrumento al servicio de poderes que no responden ante la ciudadanía, sino al contrario, para dar un cauce reglado a sus problemas y facilitar que sus soluciones se conviertan en políticas de gobierno.

Las semanas de debate en la APN y en la CCCPPCh son una cita obligada en el calendario político chino que permite tomar el pulso a la agenda del país y sus protagonistas. El ejercicio de visualización de los últimos años sugiere la existencia de una preocupación por desmarcarse de prácticas anquilosadas y evitar el distanciamiento de la sociedad. Esa búsqueda de una mayor proximidad a la ciudadanía se ha revelado como una de las notas distintivas de los actuales líderes chinos y debe alcanzar al conjunto de la vida institucional. En ese marco, las asambleas desempeñan un papel clave y pudiera reforzarse a través de mecanismos y propuestas de gran valor simbólico como las jornadas de puertas abiertas que ayudan a desmitificar un hipotético carácter insondable.

El auge de la normativización

Por otra parte, la progresiva conformación de procedimientos normativos facilita la institucionalización y allana el camino para la definición y el reconocimiento de la autoridad en detrimento de la arbitrariedad y la opacidad. Ese afán de normativización de la política y que también alcanza a la moral, expresión de una voluntad de avanzar hacia el establecimiento de un estado de derecho pleno, refuerza el papel de los órganos legislativos. En consecuencia, también aquí cabe reconocer la importancia de mejorar la capacidad de iniciativa de estas instituciones para acompañar el vertiginoso proceso de transformación que vive el país, más aun en esta etapa decisiva de la reforma, cuando encara un propósito de renovación integral.

Hay que avanzar con los tiempos, se reitera con frecuencia en China. ¿Qué puede significar ese reclamo para entidades de tanta significación política como la APN o la CCPPCh y el conjunto del sistema institucional a este nivel? Lo primero, estrechar sus vínculos con la sociedad, a quien deben responder de sus acciones, a fin de evitar el distanciamiento. En este sentido, la mejora de la transparencia constituye un vector clave. Segundo, fortalecer sus funciones, competencias y capacidades para responder a los desafíos que sugiere la normativización del funcionamiento del Estado y de las relaciones con la sociedad. De esta forma, se alentará eficientemente ese cambio cultural que postula el reconocimiento y ejercicio de derechos regulados y por lo tanto no sujetos a arbitrariedad. Tercero, acentuar su perfil de supervisión y control de la acción gubernamental, de forma que la actividad fiscalizadora contribuya a mejorar el sistema de gobierno, una preocupación esencial de las autoridades a día de hoy.

La puesta en práctica de esta tríada, con independencia de futuras reformas, podría contribuir a dotar de nuevos bríos un modelo de parlamentarismo que, en efecto, debe avanzar con los tiempos y tomar buena nota de los cambios que experimenta la sociedad a la que en última instancia se debe.

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