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La Vanguardia 28 de Abril de 2014 Giné Daví

Las relaciones económicas Rusia-UE en una encrucijada

La cumbre entre EEUU, Rusia, la UE y Ucrania del 17 de abril en Ginebra, no logró encauzar por la vía diplomática una grave crisis en Europa oriental con final incierto. Vladimir Putin actúa de forma agresiva y prepotente sabedor de la fragilidad de las instituciones estatales de Kiev y de la división de posiciones entre los miembros de la UE. Todos temen perder en esta crisis. Rusia y la UE son económicamente interdependientes. Solo EEUU puede afrontar el reto lanzado por Moscú. Goza de una independencia energética y sus relaciones comerciales con Rusia son modestas (40.000 millones $), muy inferiores al comercio UE-Rusia (460.000 millones $).

Estamos ante una compleja partida geoestratégica. Putin volvió a la presidencia rusa en mayo de 2012 con una firme apuesta personal: reconstruir la hegemonía política, económica y monetaria rusa en algunos de los países que formaron parte de la URSS hasta su descomposición en 1991. Impulsó con Bielorrusia y Kazajstán una “unión euroasiática”, efectiva en 2015 a la que se sumó Armenia. Pero para hacer viable su sueño, Putin necesitaba contar con Ucrania, un país de 47 millones de habitantes que hasta la 3º cumbre sobre Paternariado oriental celebrada en Vilnius en noviembre de 2013 se encaminaba a asociarse con la UE. Rusia presionó jugando las cartas económica y energética a los países vecinos para alejarlos de una futura entrada en la UE y la OTAN. Moscú no quería una Ucrania democrática ligada a la UE. Pero, tras la anexión de Crimen por Rusia sellada el 18 de marzo, Kiev firmó tres días después en Bruselas el Acuerdo de asociación con la UE.

En Asia central, Rusia compite económicamente con China que llenó una parte del vació dejado por la URSS. En Europa oriental, Putin se aprovecha de una UE política y económicamente debilitada e incapaz de acordar una posición común sobre el alcance de las sanciones económicas aplicables a Moscú.

Rusia es la octava economía mundial pero sigue asentada sobre un frágil Estado de derecho y una  rampante corrupción. Es una potencia militar y energética pero está lejos de ser un país desarrollado. Su renta per cápita era unos 14.000 $ en 2012. Es el segundo exportador mundial de petróleo y el primero de gas natural. Pero es una economía estructuralmente débil y poco diversificada que representa solo el 3% del PIB mundial. Depende de las exportaciones energéticas que copan el 67% del total y nutren el 50% de los ingresos necesarios para mejorar las deficientes e insuficientes infraestructuras del país. Además, los gastos de Defensa crecerán otro 20% en 2014. Cuenta con unas reservas de divisas de 493.000 millones $ que ahora se reducen. Tiene aún margen financiero para afrontar la crisis pero, sin reformas estructurales, su modelo de crecimiento no es sostenible.

La UE-28 es la primera potencia comercial e inversora mundial pero no cuenta con una política exterior y militar común capaz de afrontar el desafío ruso. Putín se aprovecha de ello a pesar que Rusia depende económica y tecnológicamente de las inversiones europeas, sobre todo alemanas. Unas 6.000 empresas alemanas operan en Rusia dando empleo a unos 270.000 trabajadores. Las relaciones bilaterales son intensas pero desequilibradas. Las exportaciones rusas a la UE representan el 12% del PIB ruso mientras las de la UE a Rusia solo el 1% del europeo. Y mientras las inversiones directas de la UE representan el 1% del PIB ruso, las de Rusia a la UE solo el 0,1% del europeo. La dependencia se da en un doble sentido: la UE precisa importar el gas ruso y la factura europea asegura el 70% de los ingresos energéticos rusos.

La crisis de Ucrania perjudicará a la economía rusa, afectada por graves problemas estructurales. El crecimiento se desaceleró del 8,5% en 2007 al 1,3%  en 2013. Y podría crecer solo un 0,5% e incluso menos en 2014. La inflación alcanzó el 6,9% en marzo. Y desde principios de año, la fuga de capitales, también rusos, se disparó superando los 80.000 millones $. Unas incertidumbres que provocan la depreciación del rublo frente al dólar y el euro. Las inversiones extranjeras se frenaron bruscamente y el consumo interior se retrae. El marco económico podría complicar-se aún más e incluso caer en una recesión si el conflicto de Ucrania se prolonga y Washington y Bruselas deciden ampliar las sanciones económicas. Aunque el peor escenario para Moscú sería que el precio del barril de Brent cayese por debajo de los 100 $, lo que dificultaría la financiación de sus crecientes gastos públicos, incluidos el rearme militar.  Dependerá de si EEUU incrementa su producción energética y si otros países exportadores como Irak, Irán y Libia vuelven a proveer el mercado energético.

La situación en Ucrania se agrava con una economía dependiente de Rusia, una presidencia y Gobierno interinos, una elevada corrupción y un conflicto territorial que imposibilita las anunciadas elecciones presidenciales del 25 mayo. Falta un marco institucional que garantice la gobernabilidad del país. Su divisa, “la hriva”, está en caída libre. Las cajas del Estado están vacías. Para evitar el colapso, Kiev depende ahora de la ayuda financiera de EEUU, la UE y del FMI.

También la UE debe diversificar sus fuentes de abastecimiento energético para sortear la presión rusa. Ello requerirá tiempo. Y habrá resistencias de los grupos energéticos e industriales europeos con grandes intereses en Rusia. Basta recordar que BP participa en Rosneft; ExxonMobil y ENI lo hacen en proyectos en el Ártico y el mar Negro; Shell colabora con Gasprom, Total con Novatek, etc.

Putín reaccionará ante un previsible descenso de las exportaciones a Occidente, va a  reequilibrar el comercio exterior ruso impulsando los intercambios económicos con Asia-Pacífico, sobre todo con China, Japón y Corea del sur. En mayo viajará a Pekín acompañado de una corte empresarial (Gazprom, Rosneft, Rusal y Soukhoï) para firmar importantes contratos energéticos con China.  El coloso asiático sacará provecho de la crisis europea abasteciéndose en Rusia a un precio más barato.

El conflicto de Ucrania está sacudiendo el orden europeo establecido desde 1991. Solo cabe una solución negociada en base a lo acordado el 17 de abril en Ginebra. Lo que pase en Europa oriental tendrá repercusiones en un cada vez más complejo orden mundial que tiende a ser multipolar.

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