Distribuir

Distribuir contido
Apartados temático/xeográficos
Idioma
OPCh 2 de Outubro de 2013 Ríos

¿Línea de masas o catarsis burocrática?

La “línea de masas” constituyó en su día la expresión de una de las singularidades políticas más sobresalientes del maoísmo: descender hacia las masas, aprender de sus luchas y subir de nuevo a la cima del poder. Hoy es el corazón de una campaña política que recorre los cuatro puntos cardinales de China con el propósito de regenerar el PCCh y sus vínculos con la sociedad. La campaña involucra a todos los estamentos, incluyendo al propio secretario general del PCCh. En sus giras por Liaoning o Hebei, Xi Jinping ha invitado a hacer crítica y autocrítica.

La campaña, bajo la batuta de Liu Yunshan, se inició en junio de este año, planteando como objetivos acabar con el formalismo, la burocracia, el hedonismo y el despilfarro. Con anterioridad, en diciembre de 2012, el Buró Político aprobó ocho puntos en la misma dirección, con el propósito de poner coto a la decadencia del ejercicio público y los malos hábitos de los funcionarios.

Igualmente este proceso es inseparable de la intensificación de la lucha contra la corrupción, contra “tigres” y “moscas”, llenándose los medios en los últimos meses de casos que pretenden ilustrar la determinación de los nuevos dirigentes en este aspecto, además de enfatizar nuevos modos en la gestión del problema, especialmente aumentando la transparencia. La propia Comisión Central de Control Disciplinario lanzó su página web que además de orientarse a quebrar el secretismo que habitualmente connota su actividad, acepta denuncias sobre corrupción.

Los resultados de toda esta agitación se expresarán finalmente en estadísticas intachables y veremos si en un estado de ánimo que ratifique y rectifique el valor de una tal campaña de propaganda, en tantos sentidos a la vieja usanza.

La cuestión central, no obstante, es si este tipo de movilizaciones son las adecuadas hoy día para mejorar la gestión política y social del país o si dicho camino, aun sin descartarlo del todo en función de las singularidades del sistema político chino, debe ser complementado con propuestas democratizadoras y estructurales que no solo enfaticen el papel líder del PCCh sino promuevan la asunción de responsabilidades por parte de una sociedad a cada paso más madura, habilitando mayores espacios para un reconocimiento de sus derechos individuales y abriendo cauces para una institucionalización de un diálogo menos jerárquico a partir de la aplicación de la Constitución y el respeto a la ley. De lo contrario, pasada la campaña, todo puede retroceder a su punto de origen.

En suma, de lo que se trata es de mejorar la capacidad de control por parte de la sociedad a través de las instituciones, es decir, activando las facultades fiscalizadoras, por ejemplo, de las asambleas populares hoy apenas nominales, pero también reinventando la vieja fórmula sin por ello operar mecánicamente el cambio sistémico sugerido por quienes postulan sin ambages la adopción de un modelo alternativo. Se trata de complementar las fórmulas de la cultura política tradicional haciendo huecos a una sociedad que acompaña las transformaciones con un gran distanciamiento político, solo roto por el fastidio que genera la corrupción y otros males. Solo así el poder estará en una jaula, a la vista de todos.

La clave última de estos inmensos ajetreos es propiciar el acercamiento de los gestores públicos a la sociedad y, sobre todo, generar consenso. Esta fue la clave del XVIII Congreso del PCCh tras las tensiones derivadas del caso Bo Xilai. Y ese consenso, en gran medida expresado en torno al concepto del sueño chino, debe ahora realizarse socialmente para que el ejercicio del poder no resulte en un privilegio legitimado por hechos heroicos pero transcurridos hace largas décadas y realizados por otros sino en el impulso de nuevas claves que propicien el empoderamiento de la sociedad y su activismo.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais