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OPCh 18 de Novembro de 2014 Toro Hardy

Los diferendos marítimos de China y la sobre simplificación occidental

China se ha transformado en un guapetón de barrio que empuja a su antojo a los países del Este de Asia con los que mantiene diferendos marítimos. De no ser por Estados Unidos, que impone límites a la agresividad china, los países involucrados se verían avasallados por Pekín. Tal es la versión de la prensa occidental.

Este cuadro en blanco y negro, con buenos y malos, choca con una realidad inmensamente más compleja. Como punto de partida hay que situar los problemas en sus correspondientes marcos geográficos: el Mar del Este de China donde existe un diferendo con Japón por la titularidad de las islas Senkaku/Diaoyu y el Mar del Sur de China donde Pekín mantiene diferendos con varios países del ASEAN.

Escenario Sur

 Comenzando por el segundo de dichos escenarios valdría la pena escuchar a K. Shanmugam, Ministro de Relaciones Exteriores de Singapur, a Robert Ross, catedrático de Harvard y MIT y uno de los mayores expertos en China, así como a John Mearsheimer de la Universidad de Chicago, máximo exponente de la tesis realista en relaciones internacionales.

Consultado sobre el diferendo chino con algunos países del ASEAN, institución de la cual Singapur es parte, Shanmugam respondió: “La premisa detrás de su pregunta resulta sesgada contra China, no resultando por tanto justa o ajustada a los hechos. Usted presupone que la postura china no es válida pues la contrasta con la del ASEAN a la que considera respaldada por el derecho internacional. Ello por implicación significaría que China va a contracorriente del derecho internacional. Esta no es la interpretación adecuada sobre los hechos ni los hechos que usted refiere están completos. Desafortunadamente ello se corresponde al sesgo anti chino sostenido por la prensa internacional” (ISS, “A Conversation with Mr. K. Shanmugam”, IISS-Fullerton Lecture, Singapore 30 June 2014).

De acuerdo a lo expresado por Ross en artículos y conferencias recientes, durante los años cincuenta y sesenta del siglo pasado sólo China proclamaba la titularidad del conjunto de islas que hoy le disputan varios países del Sudeste Asiático. Más aún, serían estos últimos quienes comenzaron las acciones de ocupación ante las cuales reacciona ahora China.

Según Mearsheimer: “Los vecinos de China comprenden que el tiempo no juega a su favor ya que el balance de poder en la región se mueve en contra de ellos y también de Estados Unidos. Consiguientemente tienen el incentivo de provocar crisis sobre los espacios disputados ahora, en tanto China sea todavía relativamente débil y no la superpotencia en la que habrá de convertirse. Resulta claro que China no ha provocado las crisis recientes con sus vecinos. Tal como señala Tui Tiankai uno de los principales diplomáticos chinos ‘Nosotros no provocamos esto…Si usted mira claramente a lo que ha pasado en estos últimos dos años se dará cuenta que fueron otros quienes iniciaron todas las disputas’. El está esencialmente en lo correcto. Fueron los vecinos de China y no Pekín quienes pusieron en movimiento los problemas que ahora se confrontan” (The Great Tragedy of Great Power Politics, New York, 2014).

Escenario Norte

 Es claro entonces que la versión simplificada y parcializada que presenta la prensa occidental en relación a este escenario no se sostiene. Otro tanto ocurre con el diferendo relativo a las islas Senkaku/Diaoyu. Detrás de éstas hay una larga historia que comienza con la derrota China frente a Japón en la guerra de 1894-1895. Como resultado de ésta Pekín se vio obligado a firmar el desigual Tratado de Shimoneski mediante el cual cedió a Tokio la isla de Formosa, así como las islas adyacentes a aquella. Ello incluía a las islas Diaoyu que en lo sucesivo se llamarían Senkaku.

El despojo anterior se vería sucedido por la Declaración del Cairo en 1943, la Proclamación de Postdam de 1945, el Tratado de San Francisco de 1951 y el Tratado Tokio-Washington de 1971. En síntesis, un complicado entramado jurídico que da forma al diferendo entre las partes. Sin embargo, fue la compra de las islas por parte del gobierno de Tokio a un propietario privado, en septiembre de 2012, lo que desató los demonios que hoy envuelven a la controversia.

Sin prejuzgar sobre los derechos de las partes en ambos escenarios geográficos, y admitiendo una sobre reacción por parte de China, hay sin embargo dos consideraciones evidentes. La primera es que a China no le convenía iniciar las disputas pues el tiempo era su mejor aliado. En su interés estaba seguir el aforismo prescriptivo de Deng Xiaoping de “esconder la propia fortaleza y ganar tiempo”. La segunda es que el cuerpo extraño representado por Estados Unidos no augura nada bueno. Al invocar el interés nacional estadounidense en controversias que se desarrollan a casi diez mil kilómetros de California, como hizo Hillary Clinton en 2011, Washington distorsiona completamente la naturaleza y las posibilidades de solución de éstas.

 

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais