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2 de Novembro de 2020 Toro Hardy

Los Republicanos y el voto latino

Más de 56 millones y medio de hispanos, que representan el 17,61% de la población total, constituyen el principal grupo minoritario de Estados Unidos. Ello es expresión de un cambio poblacional de proporciones tectónicas. Siendo una población joven, su peso electoral se incrementará con cada nueva elección.

En 2016, 27,3 millones de latinos representaron 12% del padrón electoral. Ello generó un aumento de 4 millones de votos en relación a 2012. Para 2030 se estima que el número de estos votantes se incrementará a 40 millones. Valga agregar que el 90% de los hipanos menores de 18 años son nacidos en Estados Unidos y por tanto tendrán derecho al voto. 

Sin embargo los números cuentan sólo parte de la historia. Tan importante cómo éstos es la capacidad de movilización de ese voto. Ello responde a tres consideraciones básicas: idioma, medios de comunicación y causas. El dominio del español por la mayoría de sus miembros hace fácil llegar a ellos. La presencia de numerosos medios de prensa impresa, audiovisual y electrónica de habla hispana, representa un poderoso instrumento de convocatoria. La existencia de causas de interés común los hace susceptibles de un importante nivel de acción convergente.

En 2006 y 2007, los hispanos protagonizaron gigantescas protestas en rechazo al Proyecto de Ley anti inmigratorio conocido como HR4437, convocados por los medios de comunicación hispanos. A diferencia de otras comunidades, diluidas en el contexto general de la población, los hispanos representan una fuerza de rasgos distintivos. Ello no quita, desde luego, que existan diferencias significativas entre los distintos componentes de la misma. 

Los Republicanos nunca han logrado ser exitosos en relación a este importante voto. Desde 1972 sólo una vez lograron alcanzar, y superar, la barrera del 40% de sufragio hispano. En 2004, en efecto, George W. Bush obtuvo 44% del mismo en virtud de su oferta de una reforma inmigratoria integral. Proyecto que no se materializó ante la falta de apoyo de la fracción parlamentaria de su partido.

Ronald Reagan decía en tono humorístico que los hispanos eran Republicanos que no se habían enterado de serlo. Esto en virtud de su comportamiento empresarial, siempre abriendo nuevos negocios, y de sus valores sociales conservadores. Cabría agregar que quienes no han parecido enterarse de ello todavía son los Republicanos, quienes una y otra vez han dirigido sus baterías en contra de los hispanos. Según señalaba un comentarista estadounidense, este grupo humano ha desarrollado una identidad coherente gracias en gran medida a los ataques de ese partido. Los ejemplos de tales ataques van desde la llamada Proposición 187 de California y la Ley SB1070 de Arizona, hasta el Proyecto de Ley Federal HR4437.

A raíz de la derrota de Mitt Romney en 2012, la cual se atribuyó en buena medida a no haber podido obtener más del 27% del voto hispano, dicho partido pareció hacer un examen de conciencia sobre sus políticas hacia esa comunidad. En la edición de enero-febrero 2016 de The Atlantic, David Frum escribía lo siguiente: “El problema fundamental de Romney fue haber propuesto una política inmigratoria dura”. Esa toma de conciencia, sin embargo, no se materializó en ningún cambio.

Los Republicanos parecen no darse cuenta que los hispanos incrementan rápidamente su población en estados electoralmente combatidos como Florida, Nevada, Colorado y Arizona. Más aún, que para finales de década ellos serán mayoría poblacional en Texas. Es decir, un Estado tradicionalmente Republicano que cuenta con 36 votos electorales. 

Para Donald Trump, quien alcanzó la presidencia gracias a haberse colado por los márgenes del voto electoral en tres estados del Medio Oeste, los hispanos hubiesen representado su vía natural de expansión de cara al 2020. Sin embargo, más allá de cortejar al voto cubano (y al pequeño voto venezolano) de Florida, nunca hizo nada al respecto.

Muy por el contrario, junto a su continua retórica a favor del Muro, desarrolló políticas anti inmigratorias de extraordinaria dureza. Las mismas fueron desde las deportaciones en gran escala y la separación de niños de sus padres en la frontera, hasta el rechazo al programa que escuda de deportación a inmigrantes indocumentados que llegaron de niños a ese país.  

A decir de las encuestas, en cuatro años Trump sólo ha logrado subir en un punto el voto hispano obtenido en 2016. De acuerdo a una encuesta del 29-31 de octubre del 2020, realizada por NBC News/Wall Street Journal/Telemundo,Trump contaría con el 29% de la preferencia latina. Valga recordar que en 2016 Trump obtuvo el 28% de ese voto. Aunque el simple hecho de que se mantenga en los mismos niveles causa sorpresa, ello no desdice la inmensa oportunidad perdida. De hecho, en ocho años los Republicanos sólo habrían aumentado dos puntos en relación a dicho voto.  

Obsesionados con la base política blanca, Trump y su partido insisten en ir a contracorriente de la reconfiguración demográfica del país. 

 

 

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