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Alternativas Económicas 1 de Outubro de 2015 Ríos

No solo es la economía, estúpido

El proceso de modernización en China atraviesa una de sus fases más delicadas. La transición hacia un nuevo modelo de desarrollo que deje atrás la “exitosa” combinación de mano de obra barata, inversión y orientación de la producción al exterior para ahora sustentar el crecimiento en los impulsos del consumo, el salto tecnológico, el bienestar social o la sensibilidad ambiental, está lejos de ser fácil. El nuevo secretario general del PCCh, Xi Jinping, al frente del Grupo Dirigente Central para la Reforma Integral, asocia la culminación de dicho proceso con la realización del sueño chino del rejuvenecimiento de la nación.

Este ha sido el verano horribilis chino. La conjunción del desastre de Tianjin, la crisis en las bolsas, la devaluación del yuan y las dudas sobre el comportamiento de la economía china desataron las alarmas internas e internacionales. La reducción de la producción industrial, la crisis inmobiliaria, la gravedad de la deuda de los gobiernos locales, etc., confirman un retrato económico un tanto inusual y angustioso solo modestamente compensado con un ligero repunte del consumo. La clase media capaz de consumir a la occidental aumenta paso a paso (unos 75 millones de hogares en 2015), pero la parte del consumo en el PIB (que bajó del 38 al 36% entre 2006 y 2010), aunque creciendo, en estos cinco años solo alcanzó el nivel de hace seis años.

El poderoso movimiento de fuga de capitales –que algunas fuentes elevan a 200.000 millones de dólares en el segundo trimestre del año, una cifra récord- es un claro indicador de la caída de la confianza en la perennidad del crecimiento chino. Otras fuentes, estas internas, no pasan por alto las implicaciones financieras de iniciativas como el BAII, el NBD de los BRICS o las rutas de la seda, que han ido acompañadas de fuertes inyecciones de capital, al igual que los diversos fondos bilaterales creados bajo el paraguas de la cooperación industrial con terceros países para proporcionar alternativas a los excesos de capacidad de producción.

El freno del crecimiento, en cierta medida previsto y lógico en el marco del proceso de cambio estructural, evidencia que esta fase de la larga transición china no será lineal ni podrá orillar los obstáculos con la facilidad habitual. Y de persistir las dificultades podrían desatarse movimientos sociales que pueden llegar a ser amenazantes para el régimen si este comienza a dar muestras de fractura.

Ello puede tener consecuencias políticas internas en la medida en que cunda el descontento por los magros resultados de la “reforma integral” unido al malestar inducido por la severidad de la lucha contra la corrupción que afecta no solo a individuos concretos sino a las redes organizadas en el seno del Estado-Partido y el Ejército para maximizar sus intereses y que hoy se ven muy presionadas. Cabe señalar que los mensajes lanzados por el Comité Permanente del Buró Político apuntan a la continuidad del proceso pese a algunas voces procedentes de los veteranos del Partido que aconsejan moderación y que han sido claramente advertidos contra las interferencias.

Frente al previsible amento de la represión y el control a todos los niveles, la operación de centralización del poder en torno a la figura de Xi, socavando el espacio político de otros líderes y erosionando la colegialidad como mecanismo de decisión, entraña riesgos considerables añadidos que pueden afectar a la estabilidad.

El problema se agrava ante el vacío ideológico del PCCh que difícilmente puede ser compensado con las arengas sobre el sueño chino. Es verdad que el nacionalismo es un bálsamo a tener en cuenta, pero si las cosas empeoran internamente, puede no ser suficiente a no ser que se favorezca una huida hacia adelante con algún conflicto exterior (mares de China). Es notorio el recurso a llenar ese vacío espiritual secundando sectas y religiones, incluido el cristianismo, como también la represión de las “falsas” soluciones desde la perspectiva del PCCh.

En buena medida, el grado de control de la situación y el tono de las orientaciones inmediatas para este periodo decisivo que debe conducir a 2020-2022 se verá reflejado en el XIII Plan Quinquenal que debe aprobarse en octubre por el Comité Central.

 

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