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ATENEA 1 de Abril de 2013 Ríos

¿Nueva postura de China ante Corea del Norte?

Xulio Ríos
Tras la unanimidad registrada el pasado 7 de marzo en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas al votar nuevas sanciones contra Corea del Norte se ha venido especulando con una evolución de la tradicional postura de Beijing de impertérrito apoyo a su aliado de Pyongyang. ¿Podemos hablar de una inflexión? ¿Será la nueva dirección política china más exigente? A diferencia de lo ocurrido con los test nucleares de 2009 y 2010, en esta ocasión, China se ha acercado más a las tesis occidentales implicándose en la redacción de la resolución condenatoria del Consejo de Seguridad. No obstante, ello no equivale a un desmentido de su alianza con Corea del Norte.

Es verdad que China no ha pretendido en esta ocasión suavizar las sanciones y ha dado muestras de una intransigencia compartida aludiendo a una implicación efectiva en la aplicación de las medidas acordadas. Si esta llega a producirse en los términos sugeridos por la resolución de la ONU, Corea del Norte y, sobre todo, sus altos dirigentes pueden experimentar importantes dificultades financieras. Ahora bien, a renglón seguido, desde Waijiabou, sede del ministerio de exteriores, se matizaba que las sanciones no eran un objetivo en sí mismo ni tampoco el medio definitivo para resolver las tensiones en la península coreana. En las sesiones anuales de la Asamblea Popular Nacional celebradas en marzo, el titular de la cartera, Yang Jiechi, apelaba a la calma entre las partes.

Los dos tiempos de la respuesta china, combinando la nueva firmeza inicial con el tono apaciguador tradicional abundan en cierta sensación de evolución pero igualmente en el escepticismo y la ambigüedad. China se encuentra en una posición incómoda y difícil ante su aliado. La inestabilidad reinante en la zona perjudica sus intereses, pero no será fácil orquestar un cambio de política sustancial. Para China, lo prioritario es evitar el hundimiento del régimen norcoreano ante el temor al caos subsiguiente y una reunificación pilotada por EEUU. Beijing no dejará de proveer a Pyongyang de cereales y petróleo aunque matice su afinidad con la rigidez recalcitrante de su vecino para contemporizar con Washington.

China puede permitirse cierta exasperación pero no perder la paciencia. Los debates internos a propósito del abandono de su aliado pueden aportar nuevos aditivos pero difícilmente transmutar los imperativos geográficos, históricos, estratégicos e ideológicos que aun marcan su relación.

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