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Diari de Tarragona 20 de Decembro de 2015 Giné Daví

Problemas financieros para Arabia Saudita

El reino wahabita es el primer productor y exportador mundial de petróleo y el miembro clave de la Organización de países exportadores de petróleo (OPEP). También es el país más poblado y el líder político y militar de las seis monarquías sunitas que forman parte del Consejo de Cooperación del Golfo: Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar y Omán. Unos ricos países en una de las zonas más convulsas del mundo y rodeados de países fallidos que concentran millones de personas sumidas en la pobreza. Pero Arabia Saudita, situada entre Irak y el Estado Islámico en el oeste y Yemen en el sur, también está enfrentada ideológica y religiosamente con el Irán chiita.

El país afronta problemas financieros causados de la brusca caída de los precios del petróleo, desde 115 $ el barril de “Brent” en junio de 2014 a 33,8 $ el pasado 14 de diciembre. El desplome de los ingresos petroleros que nutren más del 80% del presupuesto estatal, está asfixiando las finanzas públicas. El déficit público podría alcanzar el 21% a finales de año. En 2014 fue el 1,9%. Y su corrección obliga al Gobierno de Riad a tomar unas urgentes medidas de austeridad en una sociedad acostumbrada a vivir subvencionada por encima de sus posibilidades gracias al maná petrolero. Según el FMI, la situación es insostenible a medio plazo y se agrava por los gastos militares acrecentados por su intervención en Yemen. Riad ya repatrió unos 70.000 millones $ depositados en el exterior. Pero el margen de maniobra fiscal será menor a medida que se reduzcan sus reservas de divisas estimadas hoy en unos 645.000 millones $. Hace un año sumaban unos 745.000 millones. Solo una pronta y drástica subida del precio petróleo, al menos hasta 90$ el barril, resolvería parte del problema, algo que según la Agencia Internacional de la Energía, no parece vaya a ocurrir a corto plazo. ¿Cómo se llegó a esta situación?

Arabia Saudita ha tenido un alto crecimiento demográfico desde los 4 millones en 1960 a 30 millones de habitantes en 2015, unos 7 millones son extranjeros. Los privilegiados sauditas prefieren trabajar cobrando altos sueldos en un sector público poco productivo mientras el sector privado más eficiente se nutre con directivos y trabajadores extranjeros más formados y productivos. El Gobierno acrecentó este año las diferencias laborales al celebrar el pasado enero el acceso del Rey Salman al trono saudí regalando a los funcionarios una prima equivalente al 4% del PIB. Los saudíes disfrutan de una vida subvencionada pagando unos precios irrisorios no solo por la gasolina, sino también por la escasa agua y los productos alimenticios importados. Es la factura asumida para asegurar una estabilidad política y social ahora amenazada por la creciente conflictividad en Oriente Medio.

El Gobierno precisa crear empleo para las jóvenes generaciones saudíes que difícilmente pueden acceder al mercado laboral. El índice de paro afecta al 30% de los menores de 25 años. Pero la economía, basada en la exportación y los ingresos energéticos, precisa reforzar la inversión en el sector industrial y servicios para crear más puestos de trabajo. Y será difícil lograrlo mientras se pueda acceder a una mano de obra extranjera barata. El Gobierno obliga a las empresas extranjeras a reservar una cuota de contratación para los saudíes. Pero aquellas se quejan a menudo que los autóctonos diplomados en las universidades locales reciben más instrucción religiosa que técnica. Y se malbarata las capacidades de las mujeres, mejor preparadas y motivadas que los varones.

El PIB saudí creció una media del 4,5% entre 2011 y 2014. Será solo un 2% en 2015. El país precisa unas profundas reformas estructurales con una mayor diversificación económica y una mayor modernización y apertura de la sociedad saudí al exterior.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais