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IGADI 18 de Marzo de 2014 Toro Hardy

Ucrania: Guerra Fría y globalización

Durante el largo período de la Guerra Fría las relaciones internacionales se vieron mucho más guiadas por aspectos político-estratégicos que por razones comerciales. Existía en efecto una clara preeminencia de los misiles por sobre las divisas. Era la época de aquello que Hans J. Morgenthau bautizó como la “política del poder”, en donde la relación jerárquica entre las naciones venía determinada por sus posibilidades de prevalecer en un conflicto bélico. Todo eso cambió radicalmente con la caída del Muro Berlín. Poco antes de que ello ocurriera, sin embargo, Richard Rosencrance escribió un célebre libro titulado El Ascenso del Estado Mercantil, en el que anticipaba el declive del “mundo político-estratégico” frente al emerger indetenible del “mundo del comercio”. De acuerdo a su tesis los problemas de seguridad estaban perdiendo espacio creciente frente a los asuntos económicos y comerciales. Su planteamiento, si bien apuntaba en la dirección correcta, tuvo que esperar hasta al fin de la Guerra Fría para hacerse realidad. El dramático declive de la Rusia de Yeltsin, a pesar de sus miles de misiles nucleares, no dejó dudas con respecto a la naturaleza del nuevo orden. Desde entonces la jerarquía de las naciones pasó a medirse básicamente por el monto de su PIB y no por el tamaño de sus arsenales.

Los sucesos de Ucrania cambian drásticamente este estado de cosas, erigiendo un simbólico Muro de Berlín. De la noche a la mañana los 8.500 misiles nucleares de los que dispone Moscú pasan a contar nuevamente y las palabras y acciones de Putin valen tanto como el poder militar que las respalda. Nos adentramos en una nueva era de Guerra Fría. Sin embargo una muy distinta a la anterior, en el que las esferas político-estratégicas enfrentadas no mantienen bloques económicos separados sino flujos comerciales integrados. No hay una ideología divisoria que establezca sistemas económicos irreconciliables, sino un comercio activo en el que el mayor o menor énfasis que se dé al Estado o al mercado resulta secundario. La pregunta a formularse es si este matrimonio entre Guerra Fría y globalización servirá para amortiguar la confrontación de posiciones o si por el contrario las potenciará.

Desde Montesquieu y Kant se ha hablado de la tesis del “suave comercio”, para hacer referencia al efecto civilizador que tiene el comercio sobre las relaciones internacionales. Se ha alabado así la paz traída cuando este prevalece, por contraposición a aquellas épocas dominadas por conflictos territoriales o de otra naturaleza. ¿Podrán los 330 millardos de dólares en comercio anual entre Rusia y la Unión Europea o los 38 millardos de dólares que todos los años comercian Estados Unidos y Rusia, mantener bajo control las diferencias entre éstos? ¿O, por el contrario, habrán sus diferencias de impactar a la economía mundial al punto de llevarla al caos? Y que decir si la política de contención a China por parte de Washington determinara una alianza estratégica con Moscú, incorporando a Pekín en una Guerra Fría con Occidente. ¿Qué impacto tendría su comercio anual de 562 millardos de dólares con Estados Unidos o de 550 millardos con la Unión Europea? Lo cierto es que la Destrucción Recíproca Asegurada de los misiles nucleares impuso límites precisos a la anterior Guerra Fría, determinando una larga paz entre las principales potencias. Bien pudiese ser que la capacidad de escalada propia de las sanciones comerciales introdujese el caos en la economía e hiciese más fácil llegar a los misiles.

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais