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IGADI 25 de Marzo de 2014 Mansilla Blanco

El legado de Chávez. Estructuras de poder e institucionalidad en la Venezuela “post-chavista”

Los Consejos Comunales se erigen como la estructura de poder clave del

Más allá de un ejercicio de identificación de potenciales liderazgos políticos, el futuro del “chavismo” tras el deceso de Hugo Chávez (marzo de 2013) implica considerar la confluencia de nuevas “estructuras de poder” impulsadas desde la base social del “chavismo” (Consejos Comunales, Círculos Bolivarianos, colectivos sociales), desde la estructura institucional, política y burocrática gobernante (Partido Socialista Unificado de Venezuela, PSUV; Fuerza Armada Nacional Bolivariana) y a través de una arquitectura institucional inédita en la Venezuela contemporánea (Milicia Nacional Bolivariana). Estos aspectos permiten, al mismo tiempo, explicar diversos factores clave a la hora de observar los resortes de poder del “chavismo”.

Estas variables cobran mayor relevancia ante la reciente intensificación de la polarización sociopolítica que caracteriza a la Venezuela contemporánea, toda vez el contexto actual (desde febrero de 2014) dirime una renovación de la violencia en las calles, particularmente traducida en un pulso por la legitimidad política que involucra a la actual dirigencia del “chavismo post-Chávez”, a las estrategias de un sector más radical dentro de la heterogénea y visiblemente fracturada oposición venezolana, así como de la confluencia de otros actores emergentes (sectores estudiantiles, colectivos sociales), todos ellos polarizados por la peor crisis socioeconómica que acarrea el país en los últimos tiempos.

Explicar la naturaleza del proceso de transformación iniciado en Venezuela a partir de 1999, así como su dimensión de carácter social, política e incluso histórica, supone abordar un ejercicio repleto de complejidades y de visiones contrastadas, algunas de ellas tamizadas por el clima de intensa e incesante polarización que vive la Venezuela de los últimos tiempos. Todo ello define, de algún modo, inéditas perspectivas que, a grandes rasgos, identifican la peculiaridad de este fenómeno social y político coloquialmente denominado como “chavismo”.

En este sentido, la bibliografía y la literatura relativa al estudio del “chavismo” abarca un amplio abanico de estudios, cuyas metodologías se focalizan, básica aunque no absolutamente, en establecer analogías comparativas con el tradicional populismo latinoamericano(1). Otros estudios observan al “chavismo” como un impulso de reivindicación por parte de los movimientos sociales(2) a partir de su principal modelo político, la “democracia participativa y protagónica”, focalizando en las clases populares al actor histórico central en el cometido de impulsar una contestación social contra el hasta ahora imperante modelo de democracia representativa que, en el caso venezolano, fue decantándose hacia un sistema de elites partidistas y burocráticas.

Entre otras perspectivas destacan las visiones marxistas(3), las cuales también han predominado, en especial a partir de 2005, cuando el fallecido ex presidente Hugo Chávez impulsó el modelo del Socialismo del Siglo XXI(4) como soporte ideológico que completara el proceso iniciado a partir de 1999 con la Revolución Bolivariana, siendo ésta de marcado carácter nacionalista y “populista”(5). Este modelo se definió a través de la actualmente vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela(6), aprobada vía referéndum popular en diciembre de 1999, enmendada en febrero de 2009 tras la celebración de otro referéndum popular.

La renovación de la violencia política en Venezuela desde febrero de 2014 implica observar diversos escenarios que resultan decisivos para el análisis del “chavismo” como proceso político de transformación. Este contexto viene definido por la desaparición física de Chávez (marzo de 2013), de las incertidumbres sobre el actual liderazgo de su sucesor y actual presidente Nicolás Maduro, ampliada esta perspectiva al actual contexto de aguda polarización y crisis socioeconómica.

Sin embargo, en el fondo, la crisis venezolana se traduce en la persistencia de un reiterado pulso por la legitimidad política, factor que intensifica aún más la perspectiva de la polarización sociopolítica venezolana. En este sentido, se puede inferir que esta lucha por la legitimidad política no se circunscribe únicamente a la dicotomía “chavismo” contra “oposición” que ha dominado el espacio público venezolano en los últimos quince años, sino que más bien puede albergar una diversidad de actores, demandas e intereses, con  sus respectivos pulsos intestinos y transversales dentro del espacio público y político venezolano(7).

1) El péndulo entre “revolución” y “reforma

Sin pretender conceptualizar al “chavismo” desde su perspectiva histórica ni tampoco de enumerar ni pormenorizar los principales acontecimientos políticos vividos en Venezuela desde la llegada de Chávez al poder en febrero de 1999, es preciso intentar aproximarse al estudio del “chavismo” como un fenómeno social y político determinado, cuya finalidad es dirimir hasta qué punto en Venezuela se ha llevado a cabo un auténtico proceso “revolucionario” o si, más bien, se ha asistido a un proceso de cambio y transformación de carácter “reformista”, no por ello menos relevante, traducido al mismo tiempo en la potenciación de nuevas estructuras de poder e, incluso, de nuevas elites políticas.

Tomando en cuenta los notorios cambios en la arquitectura constitucional e institucional, así como en la aparición de nuevos actores políticos, es evidente que el “chavismo” ha transformado los cimientos de la vida nacional en Venezuela. Todo ello bajo un contexto claramente competitivo, traducido por la profusión de numerosos procesos electorales de todo tipo, contextualizados bajo un clima de intensa polarización social y política que, a grandes rasgos, igualmente ha determinado las complejidades y desafíos a la hora de “profundizar la revolución”.

Razones existen para observar el impacto y la dinámica de estos cambios dentro del contexto institucional y legal: una nueva Constitución; un nuevo modelo ideológico (“Revolución Bolivariana”; “Democracia Participativa”; “Socialismo del Siglo XXI”); nuevos poderes públicos (Moral, Ciudadano, Electoral) establecidos paralelamente con la clásica división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial); una nueva “geometría del poder” (Consejos Comunales; Estado Comunal); nuevos tipos de propiedad establecidos legalmente (comunitaria, social, estatal), entre otros.

No obstante, la discusión sobre la naturaleza real del proceso venezolano es, incluso, más compleja que la propia discusión sobre la naturaleza del “chavismo”. Es aquí donde cobra mayor relevancia el hecho de observar en qué medida la Revolución Bolivariana y su modelo del Socialismo del Siglo XXI han logrado establecer una transformación radical y absoluta de las estructuras de poder vigentes en Venezuela, del modelo económico y de las expectativas sociales, en particular hacia la pretensión del “chavismo” por construir un nuevo modelo socialista.

Si bien amparando su análisis en los términos del marxismo clásico, el teórico Alan Woods alerta sobre las contradicciones del proceso revolucionario al afirmar que:

La revolución bolivariana está ahora en la encrucijada (…) En ausencia de una dirección proletaria revolucionaria firme, armada con las ideas científicas del marxismo, la dirección la ha tomado el Movimiento Bolivariano. Éste incluye en sus filas a millones de obreros, campesinos y jóvenes revolucionarios, que aspiran al socialismo, pero carece de un programa claro y elaborado, de una política y de una estrategia para cumplir las aspiraciones de las masas (…) En ausencia de estos elementos clave, el movimiento cae bajo la presión de fuerzas de clase contradictorias, que se reflejan en sus filas y especialmente en la dirección. Esta situación provoca inestabilidad, con constantes vacilaciones y dudas(8).

Esta cita no deja de ser reveladora, y más proviniendo de un marxista clásico como Woods, en su momento asesor del propio presidente Chávez. El trasfondo del problema es observar en qué medida la Revolución Bolivariana y el Socialismo del Siglo XXI se han consolidado como realidades inalterables y decisivas para el futuro de una “Venezuela socialista”.

En este sentido, cabe preguntarse si el “chavismo” ha logrado iniciar un proceso revolucionario en Venezuela. ¿En qué medida el nuevo modelo (bolivariano, socialista) ha logrado transformar las bases y estructuras de poder en el país? Siguiendo con las perspectivas analísticas de carácter marxista, y ya enfocando en la estructura económica y productiva venezolana, ¿ha logrado ésta superar el capitalismo rentista petrolero vigente desde la Venezuela “puntofijista(9) para construir y consolidar un modelo socialista y comunitario?

Algunos autores, principalmente de izquierda, han llegado incluso a matizar el sentido “revolucionario” (bajo parámetros marxistas) del proceso bolivariano y del “chavismo”. Pero más allá de las simpatías, empatías e incluso recelos que estos sectores puedan generar hacia el proceso venezolano, estos matices se deben, en particular, al hecho de considerar, entre otras razones, que la “vanguardia revolucionaria” en la Venezuela de Chávez no ha sido impulsada, específicamente, por la clase obrera y proletaria.

Del mismo modo, otro aspecto se identifica en el hecho de que el modelo socioeconómico venezolano sigue inserido en la dinámica propia del capitalismo, en este caso de carácter rentista, por ser Venezuela uno de los principales productores mundiales de petróleo, cuya principal empresa estatal es Petróleos de Venezuela (PDV), durante años considerado como una especie de “Estado dentro del Estado”.

La excesiva dependencia económica del sector petrolero (más del 50% del PIB nacional y casi el 90% del sector exportador) supone, al mismo tiempo, una sutil pero no menos decisiva dependencia de carácter social y político para el “chavismo”. Por tanto, la proliferación de estos matices contradictorios complica, en diversas ocasiones, la percepción exterior sobre la naturaleza real del proceso venezolano. Siguiendo con Woods:

Como Chávez no es marxista, piensa que el país se puede desarrollar y puede librarse del dominio imperialista manteniéndose dentro de los límites del capitalismo. Esto no es posible. Ésa es la debilidad fatal de su programa, su política y sus perspectivas; esa es la línea que nos divide. A pesar de todo su coraje, él puede ser empujado y está siendo empujado en diferentes direcciones según las presiones ejercidas(10).

De “bolivariano” a “socialista

Esto lleva a plantear diversas interrogantes: ¿Qué es, entonces, la Revolución Bolivariana? Desde la perspectiva ideológica, ¿qué modelo encarna el “chavismo”? Una visión preliminar orientada a explicar el porqué de la gestación y de la posterior llegada del “chavismo” al poder puede básicamente asentar la idea de que la esencia de la Revolución Bolivariana fortalece más bien una categoría “nacionalista y popular(11), “antiimperialista”, reivindicador de lo autóctono y de la identidad nacional.

Esto le permitió al “chavismo” proveerse de un discurso revolucionario de transformación social, a través de reivindicaciones sociales, constitucionales y legales para las clases populares, tales como el empoderamiento político, la inclusión, la participación política, la movilización social y el consenso sobre la necesidad del combate a la pobreza y la exclusión como piezas clave para gestar cualquier proyecto de desarrollo a nivel nacional

Todo ello sin menoscabar que el liderazgo de Chávez, de alguna u otra forma, reprodujo la fuerte impronta del presidencialismo ya presente en la mayoría de los sistema políticos latinoamericanos, aderezado con la influencia de los liderazgos carismáticos, caudillistas y hasta “mesiánicos”, ya anteriormente presentados en otras experiencias de carácter nacional y populista en América Latina, y que diversos enfoques han conceptualizado, básicamente de manera peyorativa, como “populistas”.

Tomando en cuenta estas variables, así como a la incontestable legitimación social y política del “chavismo” y de la Revolución Bolivariana a través de diversos procesos electorales a partir de 1999, cabe la pregunta: ¿por qué esta perspectiva amplía e incluso traspasa su original peculiaridad “bolivariana” para revestirse del influjo “socialista” a partir del 2007, una vez Chávez alcanza su segundo mandato presidencial?

Esta pregunta alcanza mayores proporciones ante las constantes referencias a conceptos ideológicos como el “Socialismo del Siglo XXI”, a la “patria socialista”, a la “Venezuela socialista” o al “Estado Comunal”, los cuales han sido frecuentes y reiterativos desde 2007 en el discurso político tanto de Chávez como de su sucesor Nicolás Maduro.

Esto ha dado pie a especulaciones y expectativas de todo tipo, las cuales muchas veces diluyen el panorama cuando se quiere establecer un ejercicio de reflexión y anticipación sobre el futuro del “chavismo”. Estas especulaciones y expectativas, que pueden ser matizadas desde diversos ángulos, se han balanceado desde la presunta manifestación de una “agenda oculta” izquierdista por parte de Chávez, pasando por la presunción de que el proceso “chavista” tiene o está supeditado a una fuerte influencia de la Revolución cubana, particularmente desde los Acuerdos de Cooperación Cuba-Venezuela suscritos en 2000.

Otra perspectiva aduce a la presunta necesidad de Chávez de proveerse de una plataforma y de redes internacionales de apoyo, particularmente desde la izquierda anticapitalista (como por ejemplo el Foro de São Paulo o las redes internacionales de apoyo a Cuba) que le darían mayor presencia y fluidez de contactos a nivel exterior. Todo ello revestido por la vocación internacionalista del movimiento bolivariano por impulsar las demandas de los países del Sur a favor de un sistema global multipolar, contrario a las hegemonías unilaterales, en particular de EEUU.

En el plano interno, la formación a partir de 2007 del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) como órgano directivo del proceso revolucionario y de la consecución del Estado socialista, amplió estas especulaciones y expectativas.

Si bien su creación se fortaleció a través de una movilización popular de sus votantes y simpatizantes, a través de la votación de listas abiertas de candidatos, la creación del PSUV supuso el trasvase de una plataforma plural hacia un partido político formalizado, unitario y de cuadros, de lo que hasta ese momento era el Movimiento V República y la plataforma electoral del Polo Patriótico, que le dieron a Chávez sus consecutivas victorias electorales desde 1999.

Este proceso, si bien se alcanzó con amplias mayorías y a través de una convocatoria muy probablemente motivada por la inmediatez, generó algunos recelos intestinos dentro de la plataforma de partidos y movimientos que gravitaban en la órbita “chavista”, en particular el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el partido Patria para Todos (PPT), anteriormente escindido de la organización sindicalista La Causa R.

Los dilemas del poder

No obstante, la creación del PSUV como heredero de la plataforma política y electoral del Movimiento V República (MVR), así como el impulso de nuevas formas de organización dentro del “chavismo”, son factores que igualmente pueden dirimir el ascenso de nuevas clases y elites políticas emergentes dentro de la nueva estructura de poder orgánica establecida por el “chavismo(12).

Aquí igualmente se identifican una diversidad de sectores, grupos económicos y burocráticos beneficiados por la bonanza petrolera y los consecuentes repartos de poder, reproduciendo así prácticas clientelares de relaciones de poder, cuyas demandas y aspiraciones compiten constantemente por la consecución o el fortalecimiento de cuotas de poder, una perspectiva que si bien no se visualiza claramente dentro del actual contexto político venezolano (al menos desde la perspectiva de liderazgos políticos), sí parecen estar contrariando las perspectivas de unidad inalterable del “chavismo”, diluyéndose en eventuales pulsos intestinos.

Tras el deceso de Chávez en marzo de 2013, el contexto posterior incrementa aún más el caudal de interrogantes. Con ello, cabe preguntar: ¿es posible disociar al “chavismo” de su creador e impulsor Chávez? ¿Se puede hablar de un “chavismo post-Chávez? ¿Lograrán continuar sus sucesores con su legado, en particular la creación de un “Estado socialista”? ¿O bien el “chavismo”, paulatinamente, se diluirá como otras experiencias anteriores y notoriamente comparables a nivel latinoamericano, como es el caso del peronismo en Argentina, sin que esto signifique su defunción o desaparición?

Estas, como otras tantas y variadas interrogantes, definen en gran medida las claves del futuro del “chavismo” después de Chávez. Más allá del indudable hecho de que el “chavismo”, fortalecido por su arraigo popular, también ha evidenciado características personalistas, con cierto sentido de la verticalidad del poder con tintes a veces autoritarios (principalmente en la designación de cargos públicos y político-partidistas), en el fondo lo que se trasluce es la consolidación de un fenómeno político y electoral fortalecido por un movimiento de masas, provisto de numerosas expectativas de cambio, con notable caudal ideológico, factores que de algún modo contemporizan el actual contexto determinado por la visible ausencia de un liderazgo con la capacidad de convocatoria (y de convencimiento) que tenía el desaparecido Chávez.

Estas variables complican aún más la tarea de intentar identificar las bases conceptuales del “chavismo”. En este sentido, es muy recurrente observar en diversos medios de comunicación, análisis sobre la naturaleza de este fenómeno, utilizando conceptos algunos novedosos para la ciencia política.

Algunos autores han etiquetado el modelo “chavista” como un “régimen híbrido”, determinado por adjetivos como el de “autoritarismo competitivo”, “autoritario-electoral” o incluso “semiautoritario”(13). La hibridez de estos sistemas políticos vendría determinada por la frecuente realización de elecciones competitivas entre los diversos actores políticos, aunque muchas veces estos contextos electorales han estado definidos bajo el sentido plebiscitario, lo cual confirmaría la anteriormente comentada naturaleza de lucha por la legitimidad política que define a la Venezuela contemporánea.

Si bien amparado por la movilización electoral, estos regímenes tolerarían ciertas libertades públicas pero contextualizadas por aspectos de carácter más autoritario, tales como la erosión de un sistema de contrapesos y de división de poderes (con fuerte predominancia del poder ejecutivo y presidencialista), el énfasis en la dicotomía “nosotros-ellos” definido por la confrontación antagónica, y la constante polarización de la lucha política característica de los denominados “populismos clásicos”(14), o bien la disminución e incluso control de los medios de comunicación independientes(15).

Paralelamente, la validez en la presunción, principalmente focalizada desde el “chavismo” y sectores simpatizantes, de que la Venezuela de Chávez ha logrado una llevar a cabo una “revolución pacífica”, puede igualmente observar la preeminencia de algunos contrastes que pueden obstaculizar, e mediano y largo plazo, la tarea de conducir el proceso de cambio hacia un carácter más “revolucionario”.

Entre otros aspectos, quizás el de mayor trascendencia tiene que ver con el impulso, aplicación y los intentos por acelerar el proyecto del Socialismo del Siglo XXI, especialmente desde el 2007, el cual se ha encontrado con fuertes y notables limitaciones de carácter constitucional(16), principalmente en lo relativo a las prerrogativas políticas, legales y constitucionales que poseen otros actores institucionales de la vida pública venezolana, en este caso la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

2)      La estructuras de poder del “chavismo”

Si bien el “chavismo” escasamente ha logrado alterar de manera significativa la estructura socioeconómica, particularmente en el sector productivo y ante la abrumadora dependencia de la industria petrolera, otra perspectiva, no menos matizable, puede establecerse en cuanto al escenario político. Aquí cobra particular relevancia la aparición de nuevos actores, en especial tomando en cuenta la inédita inserción y protagonismo en el sistema político adquirido por los movimientos sociales y del estamento militar.

En perspectiva, lo que se puede identificar como el “chavismo post-Chávez” actualmente liderado por el presidente Nicolás Maduro, traduce la confluencia de diversos actores, identificados desde las bases sociales del movimiento hasta las instituciones públicas, con particular incidencia en la conformación de una nueva arquitectura institucional. Se identifican así cuatro actores clave, los cuales perviven más allá de los liderazgos existentes, confluyendo pero a veces contrariando la pretensión de unidad “revolucionaria” defendida por el gobierno. Esta realidad, al mismo tiempo, evidencia factores de carácter horizontal e incluso de atomización.

En el primer renglón incluimos a tres sub-actores provenientes de lo que se puede denominar el “chavismo popular” de base, identificando aquí a los Consejos Comunales, los Círculos Bolivarianos y los denominados “colectivos” sociales, los cuales si bien han sido fuertemente estigmatizados desde los sectores opositores por su presunta radicalización como estructuras “paramilitares”, al mismo tiempo se han configurado como actores clave en la movilización y pervivencia del movimiento bolivariano.

Un siguiente renglón, que se puede catalogar como el del “chavismo en el poder”, antecede al tercer sector, el del “chavismo institucional”. Aquí se identifican a dos actores: uno de carácter político, burocrático y gubernamental, siendo éste el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV); y el siguiente de carácter institucional, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), el cual al mismo tiempo está identificado como un eje central del proyecto bolivariano.

Finalmente, se identifica un actor que se puede denominar como “atípico” e incluso “antisistémico”, al cual igualmente se le imputa cierto carácter “paramilitar”, pero con pretensiones de consolidarse como actor político e institucional. A este renglón, que aquí identificaríamos tentativamente como una especie de “chavismo pretoriano”, está conformado por la Milicia Nacional Bolivariana (MNB), un actor inédito desde su impulso a partir de 2008 y cuya presencia intensifica aún más la ya crónica polarización venezolana, incluso de cara a otros actores dentro del “chavismo”, en particular la FANB.

a)      El “chavismo popular” de base:

a.1) Los Consejos Comunales (CC)

En 2005, el presidente Hugo Chávez impulsó la creación de un nuevo órgano político e institucional de participación popular, los Consejos Comunales (CC), cuya aparición supuso una novedad no menos controvertida a nivel latinoamericano, a pesar de ya existir experiencias anteriores(17).

Desde la perspectiva conceptual, los CC pueden ser considerados como “una especie de microgobierno a nivel comunitario” cuya incidencia ha sido considerable en la vida pública nacional: aproximadamente, un tercio de la población venezolana (sobre ocho millones de ciudadanos) ha participado en los CC, los cuales han recibido al mismo millonarias partidas presupuestarias para la concreción de sus proyectos(18).

El diseño legal de los CC coincidió paralelamente con la conformación de las “misiones sociales” que, a partir de 2003, se han constituido como baluartes clave de la popularidad y de la aceptación electoral del “chavismo”, principalmente en lo relativo a la asistencia educativa, sanitaria, alimentaria, entre otros(19).

En la actualidad, se considera que existen más de 40.000 Consejos Comunales a nivel nacional(20). Su creación ya tenía rango constitucional al estar incluidos dentro de los Consejos Locales de Planificación Pública (CLPP), cuya duración y operatividad estuvo determinado por fuertes contrastes y obstáculos, especialmente en cuando a su aplicación a nivel municipal y regional.

En 2006, Chávez potenció a los CC como micropoder a nivel municipal con la creación de la Ley de los Consejos Comunales, desligando a los CC de la CLPP e incluso creando un ministerio para su promoción, gestión y control. En 2009, la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) aprobó la Ley Orgánica de los Consejos Comunales(21), la cual estipula que, tras realizarse un censo orientado a fijar los límites geográficos de la comunidad, la creación de un CC debe formarse por 150 a 400 familias en áreas urbanas, por un mínimo de 20 familias en áreas rurales y de 10 familias en comunidades indígenas. Las decisiones del CC son tomadas por una asamblea de ciudadanos que, posteriormente, debe registrarse en Fundacomunal, entidad dependiente del ministerio encargado de supervisar los CC (22).

Los CC han sido considerados por el “chavismo” como la máxima expresión del modelo de democracia participativa y protagónica estipulado en la Constitución Bolivariana de 1999. Al mismo tiempo, los CC serían las piezas clave de articulación del diseño institucional y constitucional del Estado Comunal previsto en el Plan de Gobierno 2013-2019, diseñado por Chávez como piedra angular de la campaña electoral presidencial de octubre de 2012, finalmente ganada por el “chavismo”. Tras la muerte de Chávez, el presidente Nicolás Maduro impulsó este plan de gobierno con la pretensión de consolidar el Estado Comunal en Venezuela para 2019.

Con todo, la presencia de los CC han ofrecido visiones contrastantes y antagónicas, determinadas por la dinámica de polarización sociopolítica existente en Venezuela. Sus defensores argumentan que los CC profundizan la democracia participativa, estimulan la organización social a nivel municipal e, igualmente, no suponen un riesgo ni una amenaza para la democracia representativa, ya que incluso han logrado vertebrar canales de comunicación con otros sectores, principalmente opositores, los cuales también han fomentado la creación de los CC en sus respectivos barrios y comunidades(23).

Por su parte, los detractores de los CC recelan de la esencia del mismo y de su capacidad operativa a nivel institucional. Diversos autores los estigmatizan como herramientas e instrumentos de poder del “chavismo” concebidos dentro de la estrategia de nueva “geometría del poder” establecido a partir de 2007, en los cuales los CC presuntamente han sido usados “políticamente para usurpar competencias y recursos de los gobiernos municipales y estadales(24). En este sentido, hay quienes ven a los CC como elementos de debilitamiento de los movimientos sociales y de los gobiernos municipales.

Los contrastes y contradicciones a nivel constitucional y legal sobre la conformación de los CC contribuía a polarizar aún más el escenario político. A partir de 2008, Chávez impulsó la idea de la nueva “geometría del poder” en la cual la creación de las “comunas” a través de la experiencia de los CC serviría para constituir “el núcleo espacial básico e indivisible del Estado socialista venezolano(25). No obstante, los intentos re-centralizadores  del poder a nivel nacional impulsados en los últimos años por el “chavismo” contradice en varios aspectos el carácter federal del Estado venezolano estipulado constitucionalmente, un aspecto que obviamente focaliza su atención en cuál será el carácter de los CC dentro de esta nueva “geometría del poder”.

En este sentido, el Plan de Gobierno 2013-2019 presenta a las “comunas” como instrumentos de poder orientados a la transición hacia el Socialismo en Venezuela. No obstante, y tras entrar en vigor en diciembre de 2010 las leyes orgánicas del Poder Popular, de Planificación Pública Popular, de las Comunas, de Contraloría Social y del Sistema Económico Comunal, esta realidad se ve notablemente diluía ante la capacidad de autogestión de las CC, estipuladas en la Ley Orgánica de las Comunas, cuyo artículo 1 considera que la Comuna:

 

(…) es la entidad local donde los ciudadanos y ciudadanas en el ejercicio del Poder Popular, ejercen el pleno derecho de la soberanía y desarrollan la participación protagónica mediante fórmulas de autogobierno para la edificación del estado comunal, en el marco del estado democrático y social de derecho y de justicia”. En su artículo 2, “la Comuna se inspira en la doctrina del Libertador Simón  Bolívar, y se rige por los principios y valores socialistas de participación democrática y protagónica(26)

 

No obstante, los CC distan notoriamente de ser única y exclusivamente órganos políticos o de ideologización para el “chavismo”, tal y como se ha pretendido desde diversos sectores opositores. Más bien, la enorme diversidad de CC creados en los últimos años confirma una voluntad de organización social y participativa en la resolución de problemas clave para una determinada comunidad (asistencia social, servicios, seguridad, vivienda, electricidad, vialidad, escuelas, agua potable, etc), amparándose en preceptos legales y constitucionales con rango ministerial.

Los CC han demostrado un notable grado de organización en la discusión y énfasis en la resolución de los principales problemas de la respectiva comunidad, en la creación de asambleas abiertas a todos los ciudadanos y en la elección de representantes con carácter revocable (amparados en los artículos 71 al 74 de la Constitución Bolivariana), lo cual permite un monitoreo constante de las decisiones y proyectos por parte de sus integrantes(27).

En este sentido, y si bien los CC no constituyen aún una realidad tangible dentro de la “geometría de poder” del “chavismo” ni de la estructura político-administrativa a nivel estadal y municipal, en particular a la hora de sustituir a los demás gobiernos públicos (alcaldías y gobernaciones), su presencia confirma mecanismos de “micropoder” comunitario, cuya viabilidad e incidencia pueden transformar el mapa político venezolano a mediano y largo plazo.

No obstante, los CC adolecen de problemas de carácter institucional. A nivel gubernamental, no existen datos concretos (y en algunos casos, escasamente fiables) sobre el número exacto de CC y el presupuesto recibido. Al no existir un trabajo de sistematización de los mismos, se incrementa la desconfianza desde diversos sectores hacia los mismos, en particular ante acusaciones de creación sin intermediarios, en el marco de la “democracia directa” entre la presidencia y los sectores populares, con un gasto indiscriminado de apoyo político(28).

Ahora bien, el impulso decisivo de los CC coincide con la creación del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), oficialmente concebido como el “máximo órgano político de la Revolución Socialista en Venezuela”. La ausencia de información oficial sobre la realidad de los CC así como su aún incipiente organización y capacidad de influencia política, que determina sus problemas de diseño institucional, da pie al fomento de ciertas controversias en lo relativo a eventuales redes clientelares de poder entre los CC y el PSUV(29) (principalmente en alcaldías y gobernaciones), un aspecto que puede atomizar el espectro político dentro del “chavismo” toda vez los CC adquieren un grado de operatividad, movilización y mayor conciencia política.

En este sentido, la conformación de los CC como órganos orientados a fomentar la tradicionalmente escasa participación política ciudadana a nivel comunitario, en particular por los recelos y desencantos hacia la clase y representatividad política existente en la Venezuela anterior a Chávez, puede suponer un reto decisivo para la consolidación del “chavismo” en el poder, principalmente para el PSUV.

No obstante, la percepción de que los CC no constituyen una realidad políticamente decisiva a nivel nacional, en particular ante la improbable posibilidad de que acaben a corto y mediano plazo con la preponderancia de alcaldías y gobernaciones, y a pesar de los proyectos presentados sobre la creación de “comunas” y de “ciudades socialistas” en base a la conformación piramidal de los CC(30), diluye de alguna forma esta capacidad de influencia política.

 

a.2) Los Círculos Bolivarianos y los colectivos sociales

A partir de 1995(31), en medio de la coyuntura política presentada dentro del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 (MBR-200) para conformarse como partido político y, eventualmente, presentarse para las elecciones presidenciales de 1998, Chávez y otros compañeros del movimiento decidieron impulsar los Círculos Bolivarianos (CB) como órganos de movimiento popular concientizados en la formación y difusión de la Revolución Bolivariana.

Posteriormente, en 1997, y ya con la perspectiva electoral encaminada, los CB se completaron con la creación de los Círculos Patrióticos (CP), cuya preeminencia le permitió configurarse como la base del aparato político del Movimiento V República (MVR), formación clave de la plataforma del Polo Patriótico (PP) que contribuyó al triunfo de Chávez en las elecciones de 1998(32).

Desde 1998, los CB y, en menor medida su confluyente CP, han sido constantemente estigmatizados desde los sectores opositores y reaccionarios al “chavismo”, tildándolos incluso como especie de “tropas de choque” del MVR en la presunta tarea de amedrentar e intimidar a los sectores disidentes.

En este sentido, se identificó a los CB como órganos de ideologización y de concreción de intereses con otro actor clave dentro del “chavismo popular” de base: los denominados por el oficialismo como “colectivos sociales”, los cuales tienen especial incidencia en los barrios populares afectos al “chavismo”, particularmente el capitalino 23 de Enero. Los CB resultaron clave en la reorganización y reformulación del MBR-200 y del MVR impulsado por Chávez a partir de 2001, incluso alentando su presumible institucionalización a nivel nacional, a través de la creación  del Comando Supremo Revolucionario Bolivariano y de la Red Nacional de Círculos Bolivarianos(33).

Con todo, y si bien los CB resultaron decisivos en la movilización popular de apoyo a Chávez, específicamente en momentos críticos como el golpe de abril de 2002, el sabotaje petrolero (2002-2003) y el referendo revocatorio (agosto de 2004), su papel e incidencia dentro del “chavismo” comenzó a desvanecerse y a declinar(34), presumiblemente debido a su débil institucionalización y, particularmente, por el peso adquirido por el PSUV y otras estructuras de poder.

Paralelo al paulatino declive del protagonismo de los CB tras su período de auge (1997-2004), el “chavismo” experimentó el ascenso de diversos colectivos y organizaciones sociales, algunos de ellos ya existentes en barriadas populares como el 23 de Enero desde mediados de la década de 1980. Entre estos colectivos destacan, principalmente, los denominados “Tupamaros”, “La Piedrita”, Alexis Vive”, la “Coordinadora Simón Bolívar” y los “Carapaica”, entre otros, los cuales se han ido permeando en diversas estructuras de poder comunitario así como presuntamente dentro del PSUV.

No obstante, bajo la coyuntura del contexto electoral presidencial de 2012, diversos colectivos sociales del “chavismo” conformaron el movimiento REDES(35), una plataforma de aproximadamente 700 colectivos sociales a nivel nacional, cuya vocación horizontal pretende erigirse como la vanguardia de expresión de diversas redes y colectivos sociales del “chavismo popular” de base.

Desde sectores opositores se ha venido acusando a algunos de estos colectivos, en particular los “Tupamaros”, “Carapaica” o “Alexis Vive”, de presuntamente fortalecer una tarea anteriormente “atribuida” a los CB: las de intimidación, amedrentamiento, ideologización y control ciudadano en las barriadas populares donde principalmente están afincados.

Paralelamente, y con especial incidencia en las recientes revueltas callejeras presentadas desde febrero de 2014 en Caracas y otras ciudades venezolanas, diversos sectores opositores han acusado a estos colectivos en labores de represión y ataques contra manifestantes estudiantiles y opositores, particularmente a través de grupos de motorizados y patrulleros armados.

No obstante, y a pesar de los estigmas y acusaciones realizados desde diversos sectores, principalmente opositores, los colectivos del “chavismo popular” de base tienen una amplia trayectoria de comunicación política y de creación de redes comunitarias en las clases populares. Particularmente efectiva ha sido su labor comunicativa, especialmente a partir de 2001, como mecanismo para contrarrestar el predominio de medios privados a nivel nacional, opuestos y confrontados a la Revolución Bolivariana.

Estas redes de comunicación, entre las que destacan Radio Bemba, Radio Negro Primero, Radio Perola, Radio Al Son del 23 y Catia TV(36), ésta última de mayor antigüedad, creada en 1989, entre otros, han ampliado el espectro de la comunicación popular a nivel comunitario en Venezuela, con especial incidencia en la notoria participación de medios privados en el golpe contra Chávez de abril de 2002 y, especialmente, con la adopción de la Ley de Comunicación y Responsabilidad Social (2004), que permitió la consolidación de estos medios comunitarios.

También han sido efectivos los Centros de Comunicación, creados a partir de 2000, especialmente para facilitar acceso a telefonía móvil e Internet, de la misma manera que varios de estas redes comunitarias de comunicación tienen proyectos apoyados por instituciones gubernamentales como la Comisión Nacional de la Cultura (CONAC), Petróleos de Venezuela (PDVSA), el Fondo Intergubernamental para la Descentralización (FIDES) y la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL)(37).

En perspectiva global, y a pesar de los diversos matices y de la dinámica de actuación y organización de varios de estos grupos, los colectivos sociales del “chavismo popular” de base expresan la vocación oficial por enfatizar en las políticas sociales, en la “democracia participativa y protagónica” y en el empoderamiento del poder popular, amparados en el artículo 62 de la Constitución Bolivariana de 1999(38). No obstante, la expresión de estos colectivos, así como de otras organizaciones sociales de notable impacto (por ejemplo, los Comités de Tierra Urbana, CTU)(39), así como la irradiación de estos actores a nivel ciudadano, no escapa a las consabidas contradicciones establecidas en un vertiginoso y amplio proceso de transformación social como supone el “chavismo”, particularmente en una sociedad fuertemente polarizada como la venezolana.

b)      El “chavismo en el poder”: el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV)

Concebido como el “Partido-Movimiento de masas” facultado para impulsar la “vanguardia revolucionaria” en la tarea de “construir el Socialismo del Siglo XXI”, la creación a partir de 2007 del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV)(40), impulsado por el presidente Hugo Chávez tras su reelección presidencial en diciembre de 2006, implicó una masiva movilización popular a la hora de elegir a su Comité Directivo Nacional.

Principalmente entre abril y junio de 2007, ampliado a jornadas posteriores, un total de 7.253.691 de ciudadanos se inscribieron en el PSUV(41), en la que probablemente se puede calificar como una movilización sin precedentes de afiliación política en la historia contemporánea de Venezuela. Su organización juvenil de base es la Juventud del PSUV mientras el partido está afiliado al Foro de São Paulo, al Congreso Bolivariano de los Pueblos y a la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina.

No obstante, la creación del PSUV no estuvo exenta de controversias internas para el “chavismo”, en particular por los movimientos que se afiliaron al partido y otros que decidieron distanciarse, en algunos casos incluso sin apartarse por completo del proceso bolivariano.

Entre los adherentes que se fusionaron al PSUV están el MVR, Unidad Popular Venezolana (UPV), Liga Socialista, Movimiento por la Democracia Directa, Independientes por la Comunidad Nacional, Movimiento Tuparamo de Venezuela, Movimiento Cívico Militante, partido Unión, Corriente Marxista Internacional y numerosos movimientos de carácter regional. Por el contrario, las disensiones más visibles fueron las del partido Patria Para Todos (PPT), el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y Por la Democracia Social (PODEMOS), principalmente por factores de carácter político, ideológico y hasta simbólico(42).

En sus Línea Estratégicas de Acción Política(43) (enero 2011), el PSUV establece las bases directrices para la consolidación y el avance de la Revolución Bolivariana y Socialista, abordando un proceso de reflexión, crítica y movilización ya anteriormente establecido por el presidente Chávez (2005) a través de las máxima de las “tres R”, ampliadas ahora bajo un nuevo contexto: Revisión, Rectificación, Reimpulso, Reunificación, Repolitización y Repolarización(44).

En este sentido, estas líneas estratégicas adoptan directrices específicas orientadas a consolidar el modelo socialista y bolivariano: traspaso de la “cultura política capitalista” a una militancia socialista, potenciando así la “democracia participativa” sobre el modelo de la democracia representativa “burguesa y liberal”; convertir la maquinaria en un Partido-Movimiento al servicio de las luchas del pueblo; convertir al Partido en una poderoso medio de propaganda, agitación y comunicación; consolidar al PSUV como plataforma para desarrollar y consolidar el Poder Popular, en la cual se fortalece una amplia red de movimientos y colectivos sociales identificadas como las Bases de Patrullas y Círculos de Luchas Populares y del Buen Vivir; la constitución del “Gran Polo Patriótico”, plataforma de reorganización de los partidos y movimientos “chavistas” que permitieron una nueva reelección presidencial para Chávez en octubre de 2012, ampliando su perspectiva a través de la realización de Consejos Patrióticos Bicentenarios en todos los municipios nacionales, reuniendo a las bases del partido, a los militantes de los partidos aliados y a las formas de organización del poder popular(45).

Con vistas al período presidencial 2013-2019, actualmente en manos del sucesor de Chávez, el presidente Nicolás Maduro, el PSUV adoptó como proyecto estratégico central el denominado Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2013-2016. Ley del Plan de la Patria(46), visualizado por Chávez a partir de 2011. Sus líneas directrices se focalizan en la consolidación de la independencia nacional; la ampliación en la construcción del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI; convertir a Venezuela en una potencia social, económica y política; contribuir a la construcción de una nueva geopolítica internacional orientada a un mundo multicéntrico y pluripolar; y finalmente un sentido humanista y ecológico, orientado a la preservación de la vida y la salvación de la especie humana. Tanto como el Plan de la Patria, Chávez y su sucesor Maduro adoptaron como bases estratégicas de gobierno otros programas sociales de amplia cobertura: la Gran Misión Vivienda y el Poder Comunal(47).

Establecida esta perspectiva sobre su esencia y bases fundacionales, el PSUV se erige como el “Partido-Movimiento” de masas del “chavismo”, con la directriz claramente establecida en la construcción y ampliación del modelo socialista y bolivariano. En este sentido, resultaba evidente que, después de la abrumadora reelección presidencial de Chávez (diciembre de 2006), el “chavismo” precisaba concretar un ejercicio de unificación e integridad política mucho más centralizado, que de alguna forma alterara la tradicional conformación horizontal y pluralista del Polo Patriótico desde 1999.

No obstante, resulta notorio que un buen caudal de las disensiones y críticas sobre la conformación del PSUV provienen, más bien, de determinados sectores y redes sociales del “chavismo”, los cuales difieren de la estructura burocrática del partido, en particular ante el ascenso de diversas elites políticas y económicas, beneficiadas por la bonanza petrolera (particularmente entre 2004 y 2010) y los repartos de poder en las cúpulas del “chavismo(48).

Más allá de la conformación burocrática del PSUV, de su dinámica interna y de las eventuales disensiones existentes, el proceso de reflexión, denuncia y crítica sobre la evolución del proceso bolivariano y socialista evidencia un cambio notorio en la cultura política venezolana. Impulsado desde las bases populares del “chavismo”, sumamente ligado al legado de Chávez, este proceso de autocrítica puede evidenciar eventuales fracturas internas en el PSUV, no sólo a la hora de concretar posibles candidaturas electorales sino sobre la dinámica de impulso del proceso de cambio.

Las incertidumbres que se abren en materia de liderazgo del “chavismo post-Chávez” actualmente en manos de Maduro, respaldado por una especie de dirección colegiada en la que destacan núcleos internos como el “chavismo civil” y un núcleo más duro coloquialmente denominado el “chavismo militar(49), implica observar con mayor atención la relación entre el PSUV y los movimientos sociales del “chavismo popular” de base, a la hora de conciliar posiciones políticas. Los colectivos sociales yuxtapuestos dentro del PSUV y otras redes del poder parecen más bien apostar por una orientación horizontal y pluralista, persuadidos en la necesidad de consolidar el modelo de democracia participativa y protagónica.

c)      El “chavismo institucional”: la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB)

De ser un actor tangencialmente “apolítico” e incluso “marginal”(50) dentro del sistema político “puntofijista”, las Fuerzas Armadas Venezolanas, reconvertidas a partir de 2005 en Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), se erigen dentro del entramado institucional y constitucional establecido en Venezuela desde 1999 como un eje central y estratégico del proceso de cambio y de transformación “bolivariano y socialista”.

Esta realidad supone un cambio en las históricas relaciones cívico-militares establecidas en la Venezuela contemporánea, particularmente durante el sistema “puntofijista”. Dentro de la cultura política e histórica venezolana, y a grandes rasgos, las Fuerzas Armadas han gozado de una sólida reputación institucional dentro del imaginario social, ampliando su rol y misión en el actual sistema de poder “bolivariano” hacia una mayor intensidad de carácter político e ideológico.

El peso militar forma igualmente parte esencial de los orígenes del movimiento bolivariano, en especial de la creación dentro del Ejército, del MBR-200 a partir de 1983. Desde 1999, el ex presidente Chávez reiteró constantemente este carácter institucional de las Fuerza Armadas adjudicándole un peso decisivo en el proceso de cambio, identificando a la Revolución Bolivariana como una “revolución cívico-militar”(51). En varios de sus discursos y alocuciones, con la finalidad de fortalecer no sólo el peso del estamento militar sino de los colectivos sociales y populares del “chavismo”, el propio Chávez aseguraba que la Revolución Bolivariana es “pacífica pero está armada”.

Esta transformación del papel institucional de la FANB implicó su reinserción dentro del proceso de cambio como un agente más de la estrategia de desarrollo nacional (como el Plan Bolívar 2000), lo cual le confirió a las Fuerzas Armadas venezolanas un carácter decisivo y central como “ejecutor de las políticas sociales y de la política gubernamental”(52) del gobierno de Chávez(53).

En 2011 se adoptó la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana(54), establecida dentro del Ministerio del Poder Popular para la Defensa, cuyo artículo 4 delimita, entre otras atribuciones, sus funciones para “defender los puntos estratégicos que garantizan el desenvolvimiento de las actividades de los diferentes ámbitos: social, político, cultural, geográfico, ambiental militar y económico y tomar las previsiones para evitar su uso por cualquier potencial invasor”; “preparar y organizar al pueblo para la defensa integral con el propósito de coadyuvar a la independencia soberanía e integridad del espacio geográfico de la Nación”; y “formular y ejecutar el Plan Estratégico de Desarrollo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de acuerdo con las líneas generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación”(55).

Al mismo tiempo, su reconversión institucional a partir de 2005 como Fuerza Armada Nacional Bolivariana le confirió dotarse de un carácter doctrinal estratégico a través de la adopción oficial por parte del estamento militar de la estrategia de la “guerra asimétrica”(56), principalmente de carácter defensivo ante cualquier eventual agresión militar exterior por parte de EEUU(57).

El papel decisivo de la FAN, y posteriormente de la FANB, como árbitro político orientado a la estabilización nacional fue evidente en las diversas crisis políticas que ha debido sortear el “chavismo” en el poder, principalmente el golpe de abril de 2002, la prolongada huelga petrolera (diciembre 2002-febrero 2003), las acciones de violencia callejera (“guarimbas”) previas al referendo revocatorio (agosto de 2004) así como tras la derrota del “chavismo” en el referéndum de reforma constitucional (diciembre de 2007).

Con todo, y más allá del origen castrense del movimiento bolivariano o de la necesidad de implicar al estamento militar dentro del proceso de cambio y de desarrollo a nivel nacional, este peso político de la Fuerza Armada desde la llegada de Chávez al poder en 1999, también pudo reflejarse ante el descrédito de los partidos políticos y de las burocracias estatales(58), lo cual motivaría al “chavismo” para implicar al estamento militares en un proyecto de desarrollo que comulgara con las expectativas y aspiraciones de las masas populares.

No obstante, este peso político del estamento militar en la Venezuela “bolivariana y socialista” ha generado toda serie de polémicas y controversias, incluso de carácter constitucional. La adopción a partir de 2007 del saludo oficial de la FANB identificado en “Patria, Socialismo o Muerte. Venceremos”, aunado a la reiteración del axioma “oficialista” que reza “ser chavista es ser patriota”, fueron interpretados desde diversos sectores como una violación constitucional de la normativa que establece que las Fuerzas Armadas no deben tener militancia política alguna(59).

Esto ha llevado a manifestar una fuerte polémica en la opinión pública sobre la eventual distorsión y alteración del tradicionalmente pretendido control civil sobre el estamento militar. En teste sentido, para el Chávez y el “chavismo” burocrático en el poder, la conjunción de visiones e intereses entre la FANB y el modelo de Socialismo del Siglo XXI resultaba esencial. Según Deborah L. Norden:

 

Asignarles a las Fuerzas Armadas un rol más politizado y fortalecer sus funciones internas, sin que por eso pierdan el mandato simultáneo de defender el país, sintonizaba perfectamente con los objetivos de llevar a Venezuela al socialismo(60).

 

Aún así, no debe desestimarse que aún existen recelos dentro del “chavismo” sobre la presunta y absoluta integridad y confianza del estamento militar hacia la Revolución Bolivariana y el modelo del Socialismo del Siglo XXI, a pesar de la transformación de las relaciones entre civiles y militares y del ampliado rol político de la FANB. Ello pudo haber persuadido al presidente Chávez a transformar aún más el panorama con la creación, a partir de 2008, de la Milicia Nacional Bolivariana (MNB).  

 

d)     ¿Un “chavismo pretoriano”?: la Milicia Nacional Bolivariana (MNB)

Creada en 2008 por el Ejecutivo Nacional vía habilitante(61) tras una reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional (LOFAN), la Milicia Nacional Bolivariana (MNB) se ha conformado como un cuerpo voluntario leal al proceso bolivariano y socialista, con cierto sentido pretoriano(62) aunque institucionalizado como cuerpo complementario dentro de la FANB.

Los artículos 43 y 44 de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana(63) definen y establecen como misión de la MNB:   

 

Artículo 43: La Milicia Bolivariana es un cuerpo especial organizado por el Estado Venezolano, integrado por la Milicia Territorial y Cuerpos Combatientes, destinada a complementar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en la defensa integral de la Nación, para contribuir en garantizar su independencia y soberanía. Los aspectos inherentes a la organización, funcionamiento y demás aspectos administrativos y operacionales serán determinados por el reglamento respectivo. La Milicia Bolivariana depende directamente del Presidente o Presidenta de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en todo lo relativo a los aspectos operacionales a través del Comando Estratégico Operacional y para los asuntos administrativos dependerá del Ministro o Ministra del Poder Popular para la Defensa.

 

Artículo 44: La Milicia Bolivariana tiene como misión entrenar, preparar y organizar al pueblo para la defensa integral con el fin  de complementar el nivel de apresto operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, contribuir al mantenimiento del orden interno, seguridad, defensa y desarrollo integral de la Nación, con el propósito de coadyuvar a la independencia, soberanía e integridad del espacio geográfico de la Nación.

 

            El compromiso “revolucionario” en la construcción del “socialismo” en Venezuela, queda establecido en el preámbulo de la anteriormente citada Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional (LOFAN), la cual considera como misión y funciones de la MNB(64):

 

Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria e la construcción del socialismo, la refundación de la nación venezolana, basado en los principios humanistas, sustentado en condiciones morales y éticas que persiguen el progreso de la patria y el colectivo (…)

 

Aunque no existen cifras oficiales veraces sobre la cantidad efectiva de milicianos integrados en la MNB, a finales de 2013, el presidente Nicolás Maduro anunció la aspiración de su gobierno de alcanzar el medio millón de milicianos para el 2015 y el millón de efectivos para cuando finalice su actual mandato, en 2019(65). Su organigrama(66) da cuenta de un Comando General de la Milicia Bolivariana, Secretaría y  cuatro estamentos relativos a Personal, Entrenamiento y Doctrina, Moral y Luces y Articulación Social, así como las Unidades de Milicia Territorial, Milicia Rural o Campesina y los Cuerpos Combatientes.

En lo relativo a sus funciones(67), entre otras atribuciones, la MNB participa como un actor estratégico en labores sociales que lo acercan con los sectores del “chavismo popular” de base anteriormente descrito, entre lo que destacamos:

 

Orientar, coordinar y apoyar en las áreas de su competencia a los Consejos Comunales a fin de coadyuvar en el cumplimiento de las políticas públicas (…). Contribuir y asesorar en la conformación y consolidación de los comités de defensa Integral de los Consejos Comunales, a fin de fortalecer la unión Cívico-Militar (…) Recabar, procesar y difundir la información y consolidación de los consejos comunales, instituciones del sector público y privado, necesaria para la elaboración de planes, programas, proyectos de desarrollo Integral de la Nación y Movilización Nacional.

 

El elevado nivel de polarización política y social que vive Venezuela en los últimos años se ha intensificado recientemente ante el avance de la MNB como una realidad política, aunque su esencia y viabilidad sigue generando un notable nivel de confusión. El centro de la cuestión parece enfocarse en cuál será el protagonismo real de la MNB como estructura de poder del “chavismo”, su nivel de institucionalización y su relación otros actores, en particular la FANB, el PSUV, los Consejos Comunales y los colectivos sociales.

Desde los sectores opositores se ha venido acusando a la MNB de erigirse como un “cuerpo pretoriano”, de carácter anticonstitucional(68) para un núcleo de poder determinado dentro del “chavismo”, en particular para proveerse de un estamento de apoyo ante posibles crisis políticas e incluso militares que pongan en peligro la viabilidad del proceso bolivariano. Otros aducen que la MNB presuntamente participaría en labores de contención y represión política contra sectores disidentes y opositores, acusación a grandes rasgos sin fundamento veraz. En todo caso, el gobierno de Maduro ya ha anunciado el avance y ampliación de la MNB como una realidad tangible dentro de la estructura de poder del “chavismo” a mediano y largo plazo.

 

3)      La Venezuela “post-Chávez” y la lucha por la legitimidad política

 

El caudal de división social y política, particularizado en la polarización entre estamentos de clases alta-media y populares por la hegemonía de proyectos y visiones de país determinados, aderezado con la utilización de un discurso político “populista” de confrontación entre diversos actores, el cual no desdeña incluso la utilización indiscriminada de elementos raciales y étnicos(69), ha sido una constante en las consecuentes crisis políticas acaecidas en Venezuela desde la llegada del “chavismo” al poder.

Con todo, el proceso de cambio iniciado a partir de 1999 ha transformado significativamente la cultura política venezolana. Con su diversidad de matices y percepciones, el debate público en Venezuela ha sido prolífico en la utilización (y no menos manipulación) de términos como “inclusión social”, “revolución”, “pobreza”, “socialismo” o “democracia”. Esta dinámica ha estado igualmente determinada por un elevado caudal de intensidad e, incluso, de emotividad política y social, asociado a la aparición de nuevos actores políticos enmarcados en un proceso de transformación inédito en la Venezuela contemporánea.

Bajo esta perspectiva, el signo más visible de la realidad venezolana ha sido el de la polarización sociopolítica, intensificado por la explosión de un elevado grado de expectativas entre los diversos sectores sociales. A través del “chavismo”, las clases populares han conseguido un nivel de reivindicación y de identificación que contrasta con la preeminencia de las clases medias y de las elites tradicionales por preservar un modelo representativo cuyo nivel de legitimidad ya empezaba a erosionarse antes de la llegada de Chávez al poder.

Desde una perspectiva global, la crisis que actualmente se traduce en Venezuela identifica una lucha por la legitimidad política(70). Tras quince años de “chavismo” en el poder, explicar y visualizar el conflicto venezolano estrictamente bajo una categoría dicotómica entre “chavistas” y “opositores” puede resultar insuficiente e incompleto. Si bien las claves siguen enmarcándose en el agudo antagonismo de dos proyectos de país, polarizados por sus respectivos intereses, una lectura menos superficial traduce una extrapolación de actores y expectativas que se diluyen dentro de estas y otras categorías políticas.

Más que la interminable polarización y la presumible erosión de los liderazgos existentes en el “chavismo” y la oposición, la realidad política venezolana adquiere características más complejas e, incluso, permeables. Las estructuras de poder generadas por el “chavismo”, en particular el “chavismo popular” de base a través de los Consejos Comunales (CC), muy probablemente pulsará y se confrontará con el poder del establishment actualmente existente (PSUV, FANB, elites burocráticas y económicas), así como con las nuevas realidades en una oposición sumamente heterogénea, fragmentada en la unidad política e incluso polarizada en sí misma, donde comienzan a visualizarse algunos sectores emergentes, en particular un cada vez más activo movimiento estudiantil, así como nuevas expresiones de la sociedad civil que, curiosamente, han adquirido experiencias de organización “chavistas”, como es el caso de los anteriormente mencionados Consejos Comunales.

Otra perspectiva se induce del proyecto de país existente en la diversidad y complejidad de actores en curso. La incontestable realidad de ser un importante productor mundial de petróleo, con enormes reservas de hidrocarburos y gas natural (Plataforma Deltana de la Faja Petrolífera del Orinoco) coloca a Venezuela dentro de un escenario políticamente estratégico, a pesar de su histórica condición de país periférico de los centros de poder mundial. En esta realidad, marcada por el pulso de poder establecido en torno al control político del petróleo y, particularmente, de la repartición de la riqueza nacional, traduce una variable clave a la hora de explicar la crisis venezolana.

El pulso por la legitimidad política, así como la búsqueda de un consenso nacional sobre qué proyecto de país finalmente logrará imponer su ritmo o si bien los procesos antagónicos actualmente existentes determinarán una confluencia de intereses que puede resultar inevitable, probablemente se convertirá en el escenario más visible para el futuro venezolano a mediano y largo plazo.

Con todo, el proceso de cambio y transformación iniciado por Chávez en 1999, sus avances y contradicciones así como sus pulsos y reacciones directas y colaterales, ha conformado una nueva realidad para Venezuela. Con sus diversos matices, las estructuras de poder y la institucionalidad derivada del “chavismo” a la hora de erigirse como una realidad tangible y viable, muy probablemente definirá el curso de los acontecimientos en Venezuela.

 

Bibliografía consultada:

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-          Roberto Mansilla Blanco, “Polarización e incertezas na Venezuela post-Chávez”, Tempo exterior, Nº 26, Segunda Etapa, xaneiro-xuño de 2013,

-          Xavier Rodríguez Franco, “La Oposición. Rupturas, Continuidades y retos futuros”, Venezuela después de Chávez. La Vanguardia Dossier Nº 49, Octubre-Diciembre de 2013.

 

 



(1) Bajo esta metodología comparativa con los populismos clásicos latinoamericanos, un estudio particularmente ilustrativo es la obra de Kirk A. Hawkins, Venezuela´s Chavismo and Populism in Comparative Perspective, Cambridge University Press, New York, 2010. No obstante, otra obra de reciente publicación focaliza el estudio del fenómeno “chavista” a través de marcos conceptuales alternativos, con claro carácter gramsciano, determinados por los conceptos de “hegemonía” y de “lucha de clases”. Particularmente importante en este aspecto es el libro de Flávio da Silva Mendes, Hugo Chávez em seu Labirinto. O Movimento Bolivariano e a política na Venezuela, Alameda Casa Editorial, São Paulo, 2012.

(2) Véase el libro de Luismi Uharte Pozas, El Sur en Revolución. Una mirada a la Venezuela Bolivariana, Editorial Txalaparta (País Vasco), octubre de 2008.

(3) Particularmente por parte del teórico marxista galés Alan Woods, en especial sus libros La Revolución Bolivariana. Un análisis marxista (Fundación Federico Engels, Colección Crítica Marxista, Madrid, septiembre de 2005; y Reformismo o Revolución. Marxismo y Socialismo del siglo XXI. Respuesta a Heinz Dieterich, Fundación Federico Engels, Colección Crítica Marxista, Madrid, Octubre de 2008.

(4) Su principal teórico es el sociólogo mexicano de origen alemán Heinz Dieterich, quien fuera asesor del presidente Chávez.  

(5) En este texto se intenta desposeer la utilización, muchas veces peyorativa, que sobre el término “populismo”  existe en buena parte de la literatura sobre el tema, principalmente cuando se enfoca en el concierto latinoamericano. Tampoco se intentará profundizar este término según la clásica definición que Ernesto Laclau utiliza sobre el populismo como “movimiento de masas”, una “ideología” o un fenómeno puramente ideológico. Limitándonos al escenario latinoamericano, se intenta concebir al “populismo” como una expresión de modernización política y social acaecida en la conformación de sociedades urbanizadas, con su amplio y complejo abanico de demandas e intereses, principalmente desde las clases trabajadoras y las clases medias pequeñoburguesas, cuyas reivindicaciones enfatizan en la ampliación de los canales y mecanismos de participación política, en la movilización e igualdad social, el reparto de la riqueza económica, el fortalecimiento de la identidad nacional, la defensa de la soberanía nacional y el activo papel del Estado en la economía y la sociedad, entre otras características. Se recomienda, en este sentido, consultar el texto de Laclau, Política e Ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo, Siglo Veintiuno de España Editores S.A, Madrid, 1978, pp.165-233. Igualmente recomendable es el artículo de Carlos de la Torre, “El populismo latinoamericano, entre la democratización y el autoritarismo”, Revista Nueva Sociedad, Sección Análisis, junio de 2013.

(6) Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Diciembre de 1999. 24 de marzo de 2000. Con la enmienda Nº 1 de fecha 15 de febrero de 2009. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela. Año CXXXVI. Mes V. Caracas, jueves 19 de febrero de 2009. Nº 5.908. Extraordinario.

(7) Es importante detenerse a analizar la estructura de la oposición venezolana. Si bien podemos identificar una notoria composición de clases sociales en la misma, principalmente por parte de las clases altas y medias, así como algunas capas populares tradicionalmente “chavistas” cuyo apoyo al proceso bolivariano ha podido verse erosionado aleatoriamente, lo más significativo es que la oposición venezolana pocas veces ha tenido una unidad política, en materia programática e ideológica, más allá del factor que prácticamente los ha identificado como unidad política, que es el de potenciar la salida del “chavismo” del poder. Desde 1998 sus liderazgos han sido variados, atomizados y heterogéneos, de diverso y variado signo político e ideológico, con alianzas claramente circunstanciales e incluso impensables para el contexto político venezolano. Hasta la elección de candidatos internos en la actual plataforma Mesa por la Unidad Democrática (MUD) en febrero de 2012, en la que salió electo por sufragio popular su actual líder Henrique Capriles Radonski, podía identificarse un notorio déficit democrático en la elección de los liderazgos opositores, un aspecto que igualmente confirma que el pulso por la legitimidad política en la cual ha estado envuelta Venezuela en los últimos meses también ha tocado constantemente a la tolda opositora. Incluso, puede considerarse con total legitimidad que a este segmento político, social y electoral se le puede categorizar como “las oposiciones”. Para mayor información sobre la composición social y política de los sectores opositores en Venezuela, se recomienda el estudio del politólogo Xavier Rodríguez Franco, “La Oposición. Rupturas, Continuidades y retos futuros”, Venezuela después de Chávez. La Vanguardia Dossier Nº 49, Octubre-Diciembre de 2013, pp. 20-25.

(8) Reformismo o Revolución. op.cit, pp. 391-392

(9) El Pacto de Punto Fijo de 1960 definió un nuevo modelo político para Venezuela tras la caída de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez (enero de 1958). De clásico carácter bipartidista, se focalizó en lo que el politólogo venezolano Juan Carlos Rey denominó una “democracia pactada”, incluso catalogada como “sistema populista de conciliación”, amparado en el poder hegemónico y consensuado (incluso con ciertos  mecanismos de limitación del pluralismo) entre los dos principales partidos políticos, Acción Democrática (AD) y Partido Social Cristiano (COPEI), cuya duración histórica se fijó hasta la vitoria de Chávez en las elecciones de 1998. A esta etapa histórica se le ha calificado, de forma coloquial como la Venezuela “puntofijista” y ya, desde la perspectiva “chavista” claramente despectiva, como la “IV República”. Entre otros aspectos, el Pacto de Punto Fijo sirvió incluso como referencia para los Pactos de La Moncloa (1976) establecidos en España tras la muerte del dictador Francisco Franco. Para mayor información, ver: Jennifer L. McCoy y David J. Myers (compiladores): Venezuela: del Pacto de Punto Fijo al Chavismo, Los Libros de El Nacional, Caracas, 2007, Prólogo, pp. XIX-XI. Sobre el artículo de Juan Carlos Rey, consultar “La Democracia Venezuela y la Crisis del Sistema Populista de Conciliación”, Revista de Estudios Políticos, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 1991, pp. 533-578. Ver en: http://pt.scribd.com/doc/47814881/Juan-Carlos-Rey-La-Democracia-Venezolana-y-La-Crisis-Del-Sistema-Populista-de-Conciliacion

(10) La Revolución Bolivariana. Un análisis marxista, op.cit. p. 168.

(11) Una reflexión sobre el carácter “nacional-popular” del “chavismo” está contenido en el libro de Flávio da Silva Mendes, Hugo Chávez em seu Labirinto, op.cit, pp. 229-241.

(12) En su libro Rethinking Venezuelan Politics. Class, Conflict and the Chavez Phenomenon, (Lynne Rienner Publishers, Londres, 2008), el historiador Steve Ellner (Universidad de Oriente, Venezuela) considera que dentro del “chavismo” y, particularmente del MVR, existen dos tendencias políticas claras: una denominada como el “sector moderado” (“soft-line”), mucho más propenso a realizar las transformaciones dentro del estamento y del sistema político, con especial preponderancia de sectores ligados al PPT; y una “línea dura” (“hard-line”), marcadamente rupturista, muy focalizado en la creación de “estructuras paralelas de poder” a las existentes en el establishment venezolano, impulsadas desde el Estado y las instancias de poder público, afianzándose dentro de diversas estructuras políticas creadas en torno a las misiones sociales, al sector sindical (Sindicato Bolivariano de Trabajadores, SBT), la industria petrolera, el sector militar (milicias armadas), los colectivos sociales, entre otros. En este sentido, consultar el capítulo 6, “Conflicting Currents in the Chavez Movement”, pp. 139-174.

(13) Ver el artículo de Javier Corrales, “Lo que el sueño se llevó. La herencia política de Chávez en Venezuela”, en Venezuela después de Chávez. La Vanguardia Dossier Nº 49, Octubre-Diciembre de 2013, p. 9. La categorización del “chavismo” como una especie de “régimen híbrido” o “autoritario competitivo” parece remitir a la categoría de regímenes y liderazgos políticos establecida por el politólogo estadounidense Fareed Zakaria en su artículo “The Rise os Illiberal Democracy”, Foreign Affairs, Volumen 76, Nº 6, Noviembre-Diciembre de 1997. Posteriormente, Zakaria publicó el libro The Future of Freedom. Illiberal Democracy at Home and Abroad, Norton, Nueva York, 2003.

(14) Este carácter “populista” y “polarizador” no sólo por parte del “chavismo” en el poder sino dentro del contexto político venezolano, viene caracterizado por la constante naturaleza de la lucha política en la Venezuela contemporánea entre dos propuestas de país antagónicas y mutuamente excluyentes, aunque sin que necesariamente esto sea una realidad inalterable. En este sentido, el “chavismo” ha logrado promover una nueva cultura e identidad política en Venezuela en la que las reivindicaciones clásicas de la izquierda se entrecruzan con un fuerte simbolismo nacionalista, un liderazgo fuerte y personalista y la recuperación de los valores que definen a la identidad venezolana, especialmente en cuanto a la épica histórica,  de la cual el propio “chavismo” es heredero, imprimiendo así cierto sentido de “mesianismo” histórico. En este sentido, el “chavismo post-Chávez” implica considerar la preeminencia y el protagonismo político de lo que se puede denominar el “chavismo popular”, principalmente vinculados a organizaciones sociales y populares, con una fuerte movilización social pero con notorios déficits institucionales, como se verá más adelante en lo relativo a la conformación de los Consejos Comunales. Ante el deceso de Chávez y las incertidumbres sobre el actual liderazgo, este “chavismo popular” identifica una especie imaginario “simbolico-cultural” entre amplios sectores populares venezolanos, los cuales pueden ir transformándose en una especie de religiosidad popular con características políticas, focalizadas en el culto a la personalidad de un Chávez “mítico”.  Para observar estos factores que definen la naturaleza del “chavismo”, consultar el artículo del sociólogo venezolano Rafael Uzcátegui, “Antecedentes y escenarios de la Venezuela poschavista”, Revista Nueva Sociedad, Nº 244, marzo-abril de 2013, pp. 5-11. Igualmente, una fuente valiosa de información sobre el impacto de los populismos en la cultura política y los cambios políticos recientemente establecidos en América Latina puede consultarse en el anteriormente citado artículo de Carlos de la Torre, “El populismo latinoamericano, entre la democratización y el autoritarismo”, op.cit. Sobre la relación entre el “populismo” y el “chavismo” y las dificultades institucionales del “chavismo post-Chávez” para construir el Estado comunal, consultar el artículo de la politóloga venezolana Margarita López Maya, “El populismo y sus tendencias”, en Venezuela después de Chávez. La Vanguardia Dossier Nº 49, Octubre-Diciembre de 2013, pp. 36-39.

(15) Javier Corrales, op.cit, p. 9.

(16) Nelly Arenas, Revolución o Constitución: el dilema insoluble del chavismo en el poder, CENDES, Universidad Central de Venezuela, 2012, p. 1. Consultar en:

(17) Desde la década de 1990, en Brasil, especialmente en municipios controlados por el actualmente gobernante Partido dos Trabalhadores (PT), ya existían los “presupuestos participativos” como órganos de micropoder de organización local y municipal, cuyo diseño ya fueron amparados en los Foros Sociales de Porto Alegre. Otras experiencias se han presentado en Perú y República Dominicana, aunque con menor nivel de intensidad y de información al respecto.

(18) Benjamin Goldfrank, “Los Consejos Comunales: ¿Avance o retroceso para la democracia venezolana?”, Íconos, Revista de Ciencias Sociales, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede Académica de Ecuador, Nº 39, Quito, Mayo de 2011, pp. 41-55. ISNN: 1390-1249. Para 2008, los CC había recibido aproximadamente 2,3 billones de dólares, sin incluir aportes municipales y estadales.

(19) Un estudio pormenorizado sobre las misiones sociales impulsadas por Chávez puede encontrarse en el artículo de Kirk A. Hawkins, Guillermo Rosas y Michael E. Johnson, “The Misiones of the Chavez Government”, en David Smilde y Daniel Hellinger (editores) Venezuela´s Bolivarian Democracy. Participation, Politics and Culture under Chavez, Duke University Press, Durham y Londres, 2011, pp. 186-218. En su cuadro 1 (p. 191), los autores identifican las siguientes misiones creadas entre 2003 y 2006, divididas en áreas: Barrio Adentro (salud); Robinson y Robinson II (alfabetización); Sucre y Ribas (educación secundaria y universitaria); Guaicaipuro (distribución de tierras y derechos indígenas); Miranda (milicias de reserva militar); Piar (desarrollo ambiental sostenible); Mercal (subsidios alimenticios); Identidad (carnet de identidad); Vuelvan Caras (desarrollo endógeno); Hábitat (Vivienda); Zamora (reforma agraria, distribución de tierras); Cultura (defensa cultura popular); Negra Hipólita (asistencia grupos marginalizados); Ciencia (desarrollo científico local); Madres del Barrio (asistencia social a madres indigentes y madres solteras); Árbol (reforestación y educación ambiental)

(20) Según Margaud Godoy, viceministra de Participación Comunal del Ministerio del Poder Popular para las Comunas, en la actualidad existen un total de 44.410 Consejos Comunales a nivel municipal y nacional en Venezuela. Consultar en: “Consejos Comunales son sinónimo de soberanía popular y revolucionaria”, Abrebrecha (Venezuela), 25 de marzo de 2014. Ver en: http://www.abrebrecha.com/260261_Consejos-comunales-son-sin%...

(21) Goldfrank, op.cit, p. 43.

(22) Ibid, p. 43.

(23) Ibid, pp. 45-50.

(24) Ibid, p. 45.

(25) Nelly Arenas, Revolución o Constitución, op.cit, p. 14.

(26) Ibid, p. 19.

(27) Goldfrank, op.cit, p. 48.

(28) Ibid, p. 46.

(29) Ibid, p. 49.

(30) Ibid, p. 50.

(31) Una radiografía sucinta sobre la creación, auge y declive de los Círculos Bolivarianos, se puede encontrar en el libro de Kirk A. Hawkins, Venezuela´s Chavismo and Populism in Comparative Perspective, op.cit, pp. 166-194.

(32) Ibid, p. 176.

(33) Ibid, p. 176-177.

(34) Ibid, pp. 180-181.

(35) “Redes será la expresión político electoral de los colectivos de base del Gran Polo Patriótico”, República Bolivariano Venezuela (RBV). Ver en: http://rbv.info/es/noticias-de-venezuela/40-nacionales/15675-nacionales-redes-sera-la-expresion-politico-electoral-de-los-colectivos-de-base-del-gran-polo-patriotico

(36) Una panorámica sobre los medios comunitarios en la era Chávez se pueden consultar en los artículos de Naomi Schiller, “Catia Sees You. Community Television, Clientelism and the State in the Chavez Era” y el de Sujatha Fernandes, “Radio Bemba in an Age of Electronic Media. The Dynamics of Popular Communication in Chavez´s Venezuela”, ambos en David Smilde y Daniel Hellinger (editores) Venezuela´s Bolivarian Democracy. Participation, Politics and Culture under Chavez, op.cit, pp. 106-156.

(37) Sujatha Fernandes, “Radio Bemba in an Age of Electronic Media”, op.cit, p. 151.

(38) Para consultar los orígenes e ideas de la democracia participativa, así como de la expresión de diversos colectivos sociales del “chavismo popular” de base, se recomienda consultar el artículo de Margarita López Maya y Luis E. Lander, “Participatory Democracy in Venezuela. Origins, Ideas and Implementation”, en David Smilde y Daniel Hellinger (editores) Venezuela´s Bolivarian Democracy. Participation, Politics and Culture under Chavez, op.cit, pp. 58-79.

(39) Ver el artículo de María Pilar García-Guadilla, “Urban Land Committees. Co-optation, Autonomy and Protagonism”, David Smilde y Daniel Hellinger (editores) Venezuela´s Bolivarian Democracy. Participation, Politics and Culture under Chavez, op.cit, pp. 88-103.

(40) Página web oficial: http://www.psuv.org.ve/

(41) “PSUV registra más de siete millones 253 mil 691 militantes”, Radio Nacional de Venezuela, 16 de junio de 2009. 

(42) Un análisis sobre las disidencias en el PSUV pude encontrarse en: “Eleccións Municipais en Venezuela: un novo pulso político para a revolución de Chávez”, Guía Exterior (IGADI), Nº 37 (7-2008), 19 de noviembre de 2008. Consultar en:  http://www.igadi.org/guia_exterior/001/037_eleccions_municipais_en_venezuela.htm (en gallego)

(43) Líneas Estratégicas de Acción Política. Partido Socialista Unificado de Venezuela. Enero de 2011. Ver en: http://www.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2011/01/LINEAS-ESTRATEGICAS-PSUV1.pdf

(44) Ibid, p. 2.

(45) Ibid, pp. 3-7.

(47) Un análisis más pormenorizado de estos planes estratégicos puede consultarse a través del informe “Eleccións Municipais en Venezuela: Maduro consolida o ‘post-chavismo”, IGADI Paper Nº 127, 13 de diciembre de 2013. Ver en: http://www.igadi.org/web/sites/all/arquivos/igadipaper127.pdf (en gallego)

(48) Un medio de comunicación que ha sido relevante en la configuración de una matriz crítica hacia las estructuras burocráticas de poder en el “chavismo” ha sido el portal Aporrea, nacido tras el golpe contra Chávez de abril de 2002. Sus críticas hacia estas elites del poder, comúnmente denominadas en Venezuela como la “boliburguesía” o la “derecha endógena”, suponen una percepción fuertemente instalada en diversos sectores del “chavismo popular” de base, que atentarían contra la “pureza revolucionaria” del proceso bolivariano y socialista. En este sentido, se recomienda la lectura del artículo de Roberto López Sánchez, “El PSUV en manos de la burocracia y lejos del pueblo. Sobre las recientes elecciones internas y el congreso extraordinario”, Aporrea (Venezuela), 20 de noviembre de 2009. Consultar en: http://www.aporrea.org/actualidad/a90311.html. Otro artículo donde se identifica a algunos actores de esta estructura burocrática de poder dentro del “chavismo”, en particular de las elites económicas y militares instaladas en el PSUV cuyo eje central estaría identificado en el actual presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, se puede consultar en Roberto Mansilla Blanco, “Polarización e incertezas na Venezuela post-Chávez”, Tempo exterior, Nº 26, Segunda Etapa, xaneiro-xuño de 2013, pp. 113-128. Otro colectivo en las redes sumamente crítico es Marea Socialista, de fuerte impronta activista, el cual incluso ha denunciado cierto nivel de pragmatismo en el actual gobierno de Nicolás Maduro, principalmente en sus medidas económicas.

(49) Consultar el artículo de Roberto Mansilla Blanco, op.cit. pp. 113-128. Se identifican ciertos sectores dentro del “chavismo”: el “civil”, muy probablemente conformado por Maduro, el vicepresidente Jorge Arreaza, el ministro de Energía y Economía, Rafael Ramírez, y el ministro de Exteriores, Elías Jaua. El sector “militar” estaría visiblemente liderado por Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y de la dirección nacional del PSUV. Cabello controla importantes sectores de poder en la FANB, el sector económico-empresarial ligado al “chavismo”, los medios de comunicación populares, las estructuras burocráticas del PSUV, entre otros. En este sentido, Heinz Dieterich ha identificado a Cabello como el máximo exponente de la “derecha endógena” encargado de perturbar la dinámica interna del proceso bolivariano y socialista, incluso catalogándolo de ser el “Stalin” de la Revolución Bolivariana. Ver su artículo “Diosdado Cabello desconoce al presidente Chávez”, Aporrea, 20 de diciembre de 2012. http://www.aporrea.org/ideologia/a156316.html

(50) Harold Trinkunas, “Los militares: de la marginalización al escenario central”, en Jennifer L. McCoy y David J. Myers (compiladores): Venezuela: del Pacto de Punto Fijo al Chavismo, op.cit, pp. 57-78.

(51) Roberto Mansilla Blanco, op.cit. pp. 113-128.

(52) Trinkunas, op.cit, p. 64.

(53) Aunque controvertido por sus tesis geopolíticas, no se debe desestimar la influencia teórica que pudiera ejercer el sociólogo argentino Norberto Ceresole (1943-2003) dentro de la concepción del estamento militar como eje central de la Revolución Bolivariana. La tesis principal de Ceresole, denominada la “posdemocracia”, establecía una especie de trilogía del poder en torno a la concepción de “Caudillo-Ejército-Pueblo”, la cual fue posteriormente alterada a “Ejército-Caudillo-Pueblo” tras el golpe militar contra Chávez en abril de 2002 y su posterior reincorporación al poder. Con ello, Ceresole identificaba a la Fuerza Armada como el eje motriz de la Revolución Bolivariana. En el plano de la seguridad y la defensa, Ceresole defendió reiteradamente la necesidad de que el gobierno de Chávez estableciera ejes estratégicos de cooperación y alianza militar con Rusia, China e Irán, a fin de erosionar la hegemonía de lo que consideraba el “eje judío” que dominaba la política de EEUU e Israel. Para consultar estas tesis de la “posdemocracia” de Ceresole, se recomienda la lectura de “Caudillo, Ejército, Pueblo. La Venezuela del presidente Chávez”: http://www.analitica.com/bitblio/ceresole/caudillo.asp. También consultar las entrevistas de Alberto Garrido al propio Ceresole reunidas en el libro Mi Amigo Chávez. Conversaciones con Norberto Ceresole, Ediciones del Autor S.A, Caracas, 2001.   

(54) Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Gaceta Oficial de Venezuela, Nº 6.020, Extraordinario del 21 de marzo de 2011. Consultar en: http://www.armada.mil.ve/portal/biblioteca/documentos/leyes/lofan_2011.pdf

(55) Ibid, artículo 4º, Funciones de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, incisos 3, 4 y 12.

(56) Particularmente relevante ha sido la influencia teórica en la FANB de las ideas del politólogo español Jorge Verstrynge sobre la tesis de la “guerra asimétrica”, de la “guerra popular” y de la “guerra de cuarta generación”, claramente establecidas para contrarrestar la hegemonía “imperialista” estadounidense. Verstrynge concibió esta doctrina inicialmente dentro del mundo árabe, con particular incidencia de las “guerras de guerrillas” contra el imperialismo occidental, tomando como referencia histórica la guerra de independencia argelina. Para consultar esta tesis, se recomienda la lectura de su libro Frente al Imperio. Guerra Asimétrica y Guerra Total, editorial Foca (España), 2007.

(57) Consultar el texto de Mariano César Bartolomé, “Las guerras asimétricas y de cuarta generación dentro del pensamiento venezolano en materia de seguridad y defensa”, Military Review, Enero-Febrero de 2008.

(58) Trinkunas, op.cit, p. 76. Por tomar un ejemplo, en las elecciones para gobernadores de diciembre de 2012, de las 20 gobernaciones ganadas por el remozado Polo Patriótico (de un total de 23 a nivel nacional), en diez de ellas salieron electos como gobernadores ex militares retirados inseridos en las estructuras políticas del PSUV. Ver Roberto Mansilla, op.cit, p. 120.

(59) Nelly Arenas, op.cit, p. 17.

(60) Deborah L. Norden, “¿Autoridad civil sin dominación civil? Las Relaciones político-militares en la Venezuela de Chávez”, Revista Nueva Sociedad, Nº 213, enero-febrero de 2008, p. 182. Ver en: http://www.nuso.org/upload/articulos/3501_1.pdf

(62) Se utiliza aquí la definición que sobre el “pretorianismo” establece  Eric Nordlinger, identificando a aquellos regímenes cuyos gobernantes “no sólo controlan el gobierno sino que también dominan el régimen”, intentando controlar grandes parcelas de la vida pública nacional “a través de la creación de estructuras de movilización”, describiéndose a sí mismos como “modernizadores radicales y revolucionarios”. Consultar el libro de Nordlinger, Soldier in Politics. Military Coups and Governments, Englewood Clifs, Prentice Hall, New Jersey, 1977. Tomado de Nelly Arenas, op.cit, p. 18.

(63) Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Gaceta Oficial Nº 5.933 Extraordinario, del 21 de octubre de 2009. Consultar en: http://www.cpzulia.org/ARCHIVOS/Gaceta_Oficial_Extraordinaria_5933_21_10_09.pdf Igualmente, consultar la Misión de la Milicia Nacional Bolivariana: http://www.milicia.mil.ve/sitio/web/index.php?option=com_content&view=article&id=46&Itemid=59

(64) Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Gaceta Oficial de Venezuela, Nº 6.020, op.cit. Tomado de Nelly Arenas, op.cit. p. 18.

(65) “Maduro aspira a formar un millón de milicianos para defender la revolución”, ABC (España), 25 de octubre de 2013. Ver en: http://www.abc.es/internacional/20131024/abci-maduro-millon-milicianos-201310240255.html. Otras fuentes establecen en 120.000 los actuales efectivos con los que contaría la MNB. Ver el artículo de Miguel Ángel Bastenier, “El Estado profundo de Nicolás Maduro”, El País (España), 19 de febrero de 2014. Ver en: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/02/19/actualidad/1392771032_263477.html

(68) La polémica suscitada por el fracasado referéndum de reforma constitucional de diciembre de 2007 implicaba un poder político y militar para la MNB que, presuntamente, pudo haber generado malestar en los altos mandos de la FANB.

(69) Un notable trabajo de análisis sobre los elementos de raza, etnia y clase social utilizados en la polarización de la crisis venezolana, puede consultarse en Luis Duno Gottberg, “The Color of Mobs. Racial Politics, Ethnopopulism and Political Representation in the Chavez Era”, en David Smilde y Daniel Hellinger (editores) Venezuela´s Bolivarian Democracy. Participation, Politics and Culture under Chavez, op.cit, pp. 271-297.

(70) Un análisis sobre el conflicto de legitimidad política en Venezuela puede consultarse en el artículo de Roberto Mansilla Blanco, “Dun Caracazo a outro”, IGADI, 27 de febrero de 2014. Ver en: http://www.igadi.org/web/analiseopinion/dun-caracazo-a-outro

 

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