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IGADI 1 de Febreiro de 2013 de los Reyes

Los conflictos en los Balcanes. La guerra civil en Yugoslavia y los intereses externos

Introducción

Luego del derrumbe del Muro de Berlín, en 1989, tres federaciones desaparecieron de la geografía euroasiática. La primera fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que se disolvió en 1991 y que, tras un proceso difícil, dio origen a la aparición de varios nuevos estados, sobre todo en la región del Cáucaso Meridional y de Asia Central. La segunda fue Checoslovaquia que, el 1º de enero de 1993, se escindió pacíficamente en dos nuevos estados: República Checa (o Chequia) y Eslovaquia. Ambas forman parte de la Unión Europea desde 2004. La disolución de la tercera federación fue sumamente violenta a raíz del estallido de viejos conflictos étnicos y religiosos que pusieron fin a la República Federal Socialista de Yugoslavia.

Los conflictos que estallaron en la década de 1990 en la ex Yugoslavia, en verdad, obedecen a una larga historia de asentamientos de diversos pueblos, de recelos, de disputas territoriales y de intromisión de las diversas potencias rectoras del sistema internacional. Dadas sus particularidades, estos conflictos pueden ser perfectamente aislados de los demás aunque hayan estado inmersos en otros mayores. A guisa de ejemplo de esta aseveración, cito a Barbara Tuchman quien, en su extenso y puntilloso libro dedicado a los cambios que sufrió la Europa de la Belle Epoque cuando se encontró con la realidad de la Primera Guerra Mundial, hace la siguiente salvedad:

Quiero explicarle al lector que la omisión de Austria-Hungría, Servia [sic] y los frentes ruso-austríaco y servo austríaco [sic], no ha sido enteramente arbitraria. El inagotable problema de los Balcanes se separa, de un modo natural, del resto de la guerra, y, en mi opinión, la obra adquiere de este modo mayor unidad, y se evita, al mismo tiempo, una ampliación pesada[1].

De ese modo, Tuchman le otorga a la “cuestión balcánica” una entidad propia pero, sin embargo, no puede omitirse el hecho de que las principales potencias han estado íntimamente involucradas en la misma y, aún hoy, continúan teniendo su responsabilidad en la exacerbación de los recelos de los pueblos de la región, en la resolución y hasta en la irresolución de los conflictos, como claramente lo demuestra el caso de Kosovo.

El presente trabajo presenta los hechos históricos que constituyen la base de las controversias en la región y procura mostrar cómo, en la actualidad, las potencias las manipulan conforme a sus respectivos intereses.

Los pueblos, la historia y los conflictos

El conflicto de los Balcanes no comenzó tras la caída del bloque soviético ni, necesariamente, está íntimamente vinculado a ese hecho. En esa región, a lo largo de la historia, se produjo la confluencia de diversos grupos étnicos que, además, fueron abrazando diferentes confesiones religiosas. El profesor Emilio de Diego García define muy bien ese espacio geográfico.

Ese mundo geográfico al que nos asomamos ha sido un espacio fronterizo a lo largo de la historia. Una zona de “limes” entendida más como escenario de conflictos, muro o telón, que a manera de puerta o corredor para la confluencia y el enriquecimiento mutuo de gentes distintas en sus modos de pensar, en sus creencias y en sus formas de vida. Al producirse la división del Imperio Romano, en el año 395, el territorio correspondiente a lo que sería Serbia, Montenegro y el norte de Albania quedó integrado en la órbita de Constantinopla; mientras, el que ocuparían Bosnia, Croacia y Eslovenia seguía bajo el control de Roma. Esta circunstancia habría de marcar más adelante el devenir de los pueblos eslavos que allí se asentarían posteriormente. Sobre todo cuando en el año 812 Carlomagno firmó con los bizantinos el Tratado de Aquisgrán sancionado la frontera de sus respectivos Imperios.[2]

Antes de la firma del Tratado de Aquisgrán, la aparición en escena de los albaneses introdujo una nueva disputa, cuyas secuelas constituyen las raíces del principal conflicto que existe en la historia posterior a la desmembración de Yugoslavia: Kosovo.

Los albaneses se consideran los habitantes más antiguos de la región para lo cual apelan a la historia[3]. Albania deriva del nombre de una tribu iliria mencionada por Ptolomeo en el siglo II d.C. Los habitantes de esta provincia serían los descendientes directos de los ilirios, según los proalbaneses[4]. Los albaneses afirman que los serbios, que son descendientes de tribus de habla eslava, llegaron a los Balcanes hacia fines del siglo VII y principios del VIII. Por su parte, los serbios rechazan esta afirmación y la contraatacan —desde el punto de vista histórico— manifestando que los albaneses son una tribu de origen tracio que llegó a la región durante las invasiones de los siglos VI y VII.

Albania, entre 893 y 928, fue parte del primer imperio búlgaro, siendo luego reconquistada por Basilio II, emperador de Bizancio. A partir del siglo XI fue disputada por los normandos que enfrentaron sin éxito a los bizantinos para, más tarde, caer bajo la influencia de Venecia, hasta que, en el siglo XIII, quedó sucesivamente bajo la órbita del segundo imperio búlgaro y del imperio de Nicea[5].

El rey de Sicilia, Carlos I de Anjou, hermano de San Luis, arribó a Albania en 1272 para enfrentar a los bizantinos y proclamarse rey de Albania. A su muerte, Bizancio recuperó los territorios pero, hacia 1340, Albania pasó a formar parte de la Gran Serbia del rey Dusan. Serbia se consolidó y estableció “una identidad religiosa separada, gracias a la elección de un patriarcado serbio de la Iglesia Ortodoxa Griega, basado en Pec”[6].

En este sentido, es importante recordar el proceso de evangelización en los Balcanes, llevado a cabo por dos vías. Entre los siglos VII y IX se produjo la conversión de los eslavos al cristianismo, en católicos y ortodoxos, según la influencia fuera de Roma o Constantinopla, lo cual contribuiría a acentuar las existentes divisiones político-administrativas cuando se produjo el cisma del siglo XI[7]. En 732, toda la región balcánica fue sacada de la órbita del Papa de Roma y pasó bajo jurisdicción del Patriarca ecuménico. La evangelización de los pueblos eslavos se vio obstaculizada por el enfrentamiento entre estas dos autoridades religiosas, divididas tanto por cuestiones políticas como dogmáticas[8].

Vale aquí hacer una digresión y citar al historiador de la Universidad de Zurich, Franz Georg Maier, quien se refiere a la fuerte influencia bizantina sobre los pueblos eslavos:

Más extensa y, en comparación con Occidente, infinitamente más profunda y sólida fue la irradiación de la presencia bizantina en los pueblos eslavos y rusos. En el momento del asentamiento eslavo, los Balcanes eran una tierra de nadie, espiritualmente desolada, y, los recién llegados, apenas poseían la tradición de una cultura superior. Tanto más eficaz resultó así a lo largo de los siglos la influencia de la metrópoli de Bizancio, acusada también en la experiencia personal de distintos eslavos; Constantinopla se convirtió para ellos en sinónimo de cultura. La soberanía política directa, las misiones y la extraordinaria capacidad de “bizantinizar” élites extranjeras, pusieron en movimiento un proceso de penetración que se reflejó de forma igualmente duradera en la vida política, religiosa y cultural. Los servios [sic], croatas, búlgaros, húngaros y rusos no sólo se vieron influidos por la cultura bizantina en la forma específica de su fe cristiana y en su liturgia en lengua vernácula, sino de una forma mucho más amplia en su mundo cultural y artístico, como atestiguan, por ejemplo, la pintura y la arquitectura sacras. Lo que Roma significó para los pueblos germanos de occidente, lo representó Bizancio para el mundo eslavo: fue su fuente de religión y de cultura.[9]

De tal manera, los croatas y los eslovenos quedaron bajo la influencia de la Iglesia Católica Romana y los serbios bajo la influencia de la Iglesia Ortodoxa Griega.

Estas tempranas divisiones permiten afirmar que los recelos y los odios entre los diversos pueblos de la región son ancestrales. Una nueva división se introdujo en el siglo XIV cuando los turcos otomanos —descendientes del imperio turco selyúcida— avanzaron sobre Asia Menor y se apoderaron de los centros urbanos, dominando a los pueblos eslavos de los Balcanes. En este avance de los turcos, la responsabilidad recayó sobre el Imperio Bizantino, cuando entre 1344 y 1345 les solicitó ayuda para enfrentar a los serbios. Este es el origen de la entrada de los turcos en Europa.

En 1354 se produjo la conquista de Gallípolis —que se constituyó en el primer dominio que los turcos otomanos obtuvieron en Europa— y, en junio de 1389, tuvo lugar la batalla de Kosovo-Polie —en proximidades de Pristina, actualmente capital de la provincia—, en la que fueron derrotados los serbios y sus aliados cristianos, comandados por el príncipe Lazar. De ese modo, el primer reino serbio que tenía como centro Kosovo fue aplastado[10]. Bulgaria fue ocupada entre 1383 y 1393 y Valaquia cayó bajo el poder de los turcos en 1395. Así se refiere el historiador Jasper Ridley, en su libro biográfico sobre Tito, a la importancia que los serbios le otorgan a Kosovo:

El antagonismo entre los serbios y los albanos en torno a Kosovo se remontaba a varios siglos. Kosovo era sagrada para los serbios, como cuna de la Iglesia ortodoxa serbia y lugar de última y heroica lucha contra los turcos en 1389; pero la mayor parte de la población estaba constituida por albanos musulmanes. Pues la tasa de natalidad musulmana era ocho veces superior a la serbia.[11]

Los turcos no tenían la intención de ocupar el territorio y tampoco disponían de los recursos, para lo cual recurrieron a los nativos que aceptaban convertirse al Islam[12]. Como una derivación de esta cuestión, los albaneses comenzaron a poblar lo que se considera la Serbia histórica, particularmente Bosnia-Herzegovina, dando lugar a la emergencia de los “eslavos musulmanes”[13] [14].

Los otomanos se expandieron hasta alcanzar el Danubio y el Éufrates. Ocuparon Grecia, dominaron Atenas en 1397 y asediaron Constantinopla, a la que conquistaron en 1453 poniendo fin al Imperio Bizantino y a la hegemonía del cristianismo en la región. Un símbolo de ello fue la conversión en mezquita de la iglesia de Santa Sofía. Los turcos ampliaron sus dominios sobre la península helénica y sobre los Balcanes al sur del río Save y de los montes Cárpatos, desalojando a los genoveses que se habían instalado sobre el Mar Negro. Del mismo modo eliminaron a los húngaros en Mohács en 1526 y sometieron a vasallaje la región de Transilvania. Sin embargo, la toma de Chipre en 1571 significó un punto de inflexión para el imperio turco. Los monarcas cristianos de Europa se coaligaron y los vencieron en la batalla de Lepanto en 1571 y varios años más tarde, en 1664, en San Gotardo, los turcos fracasaron en el sitio de Venecia ante Juan III Sobieski (1624-1696), rey de Polonia y de Lituania (1674-1696), quien levantó el sitio turco a la ciudad de Viena en 1683. Los turcos fueron rechazados al sur de los ríos Save y Danubio por los Habsburgos.

Ante la difícil situación por la que atravesaba, el sultán Mustafá II (1695-1703) pidió la paz, la que se celebró a través del tratado de Karlowitz en 1699. Mediante el mismo, Turquía cedió a Austria toda Hungría —salvo el banato de Temesvar—; a Polonia, Podolia y Ucrania y a Venecia, Morea y Dalmacia. Del mismo modo, le reconoció a Rusia la posesión de Azov, que le había sido arrebatada a los turcos por Pedro el Grande en 1696. La paz de Karlowitz significó el fin de la supremacía turca sobre el sureste de Europa, que fue sustituida por el dominio austríaco, y le permitió a Rusia abrirse camino hacia el Mediterráneo a costa de las posesiones turcas, lo que constituyó una de las principales amenazas para el sultanato durante el siglo siguiente.

Bajo Mahmud I (1703-1757) los turcos sufrieron derrotas de consideración. Los austríacos los derrotaron entre 1716 y 1717, dando lugar —en 1718— a la firma del tratado de Passarowitz, mediante el cual Austria se anexionó Temesvar, el norte de Bosnia y de Serbia, incluida la ciudad de Belgrado, y Valaquia occidental. Paralelamente no dejaba de aumentar la presión rusa sobre las fronteras nororientales del imperio. A pesar que los turcos vencieron a una coalición rusoaustríaca en 1736, con lo cual lograron la revisión de los acuerdos de Passarowitz, Austria conservó su dominio sobre Hungría. Este fue un hito que llevó a que el protagonismo de la lucha cristiana contra el imperio turco pasara de Viena a San Petersburgo.

Hacia mediados del siglo XVIII, los conflictos en los que se involucraron los estados europeos le otorgó un respiro que fue aprovechado por el sultán Mustafá III (1757-74) para llevar a cabo reformas encaminadas a reorganizar el ejército y mejorar la administración del territorio.

La paz no hubo de durar mucho tiempo. Bajo el pretexto de una intervención rusa en Polonia en 1764 y con el real objetivo de poner fin a la presión de Rusia sobre el mar Negro, en 1768 el sultán le declaró la guerra a Catalina II, decisión que hubo de convertirse en un nuevo revés para los otomanos. La derrota los obligó a abandonar sus posesiones en Georgia, Crimea y Besarabia, como así también las plazas fuertes del Danubio. La flota rusa del Báltico pasó al Mediterráneo y destruyó la armada turca en Tchesmé, próxima a Esmirna, en 1770, y fue utilizada para respaldar la rebelión griega de Morea.

En 1774, Rusia y Turquía firmaron el tratado de Kutchuk-Kaïnardji, lo que le permitió a Catalina II “la Grande”, emperatriz de Rusia, asegurar la posesión de sus conquistas en el mar Negro y el Cáucaso, además de imponer a Turquía la libre navegación por ese mar y por el Mediterráneo. Aún más importante fue el hecho de que Rusia se arrogó la protección oficial sobre los cristianos ortodoxos del Imperio Otomano, abriendo la posibilidad de intervenir en el futuro en los asuntos internos turcos, lo que se denominó “la cuestión de Oriente”.

A partir de 1783, Catalina II decidió dejar sin efecto los acuerdos de Kutchuk-Kaïnardji, anexionándose Crimea, en donde ordenó construir la base naval de Sebastopol. A partir de ese momento, Rusia y Austria persiguieron la desmembración definitiva del Imperio Otomano. En 1781, ambas potencias establecieron una alianza antiturca que condujo a la guerra (1787-1792), siendo sultán Abdul Hamid I (1774-1789). Turquía se vio seriamente amenazada ya que, a las victorias rusas en Valaquia y a las austríacas en Serbia, se sumó la ausencia del tradicional apoyo francés debido al estallido de la Revolución de 1789. Poco después, en 1790, la muerte del emperador José II de Austria y los consiguientes problemas sucesorios en el imperio de los Habsburgo salvaron a Turquía del desastre. La paz turco-austríaca de Sistova (1791) restableció el statu quo anterior a la guerra y significó, de hecho, el fin de la tradicional hostilidad entre Viena y la Sublime Puerta. Ante las presiones británicas, en 1792, Catalina II se avino también a firmar la paz que, sellada en Yassi, entregó Crimea y la región en torno a la desembocadura del Dniéster a Rusia.

Durante el siglo XX, los Balcanes conocieron la guerra total, como la que enfrentó a sus pueblos en 1912/13, luego la paz durante el período de entreguerras, nuevamente el conflicto bélico durante la Segunda Guerra Mundial, una tensa paz durante la Guerra Fría —aunque bajo la órbita de la Unión Soviética— y un nuevo enfrentamiento a partir de fines de la década de 1990. Como expresa el profesor Cristian Beltrán, “los Balcanes, considerados el patio trasero de Europa, siempre fue una zona conflictiva, por lo menos desde el siglo XIX con la llamada ‘Cuestión de Oriente’”[15].

La emergencia de los nacionalismos

Varias rebeliones se produjeron contra los otomanos, dando origen a una tradición que se repetirá en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. En 1459 los territorios serbios, incluido Kosovo, fue incorporado directamente al Imperio Otomano. Ese ha sido el origen de que una fracción considerable de la población albanesa se convirtiese al islamismo mientras que la mayoría de los serbios permanecieron fieles a la Iglesia Ortodoxia. A la división lingüística se sumó entonces una nueva a partir de la religión que adoptaron esos albaneses. Esta situación afectó la realidad social de los serbios quienes, durante la dominación otomana, vieron disminuir su población mientras la albanesa crecía.

Hacia el siglo XVIII, el conflicto entre el Imperio Otomano y el Imperio Austrohúngaro (1788-1791) quedó zanjado en una nueva derrota para los cristianos, provocando el exilio de la población serbia y el consiguiente desequilibrio entre los albaneses y los serbios en ese territorio.

A comienzos del siglo XIX el nacionalismo comenzó a revertir esa situación y, paralelamente, a transformar las relaciones sociales y políticas en la región de los Balcanes. La “diplomacia de los congresos”, llevada a cabo por las potencias europeas, obró a favor del desmantelamiento del Imperio Otomano. Las nacionalidades balcánicas tenían la esperanza de lograr su independencia y desafiaron la autoridad de los otomanos.

Como puede apreciarse, la división entre los pueblos de esta región del este europeo encuentra un primer origen con la división del Imperio Romano —que se manifestó en forma política, administrativa y religiosa—, a la que luego se sumó la invasión de los otomanos, incorporando un nuevo factor de conflicto con la intromisión no sólo de un pueblo extraeuropeo sino también con la introducción de una nueva fe que llamó a la conversión de un considerable número de habitantes nativos. De ese modo, el Islam sumó una nueva razón para dividir a los pueblos que residían en los Balcanes, alejando la posibilidad de lograr una convivencia y alentando una resistencia entre los serbios que hubo de extenderse por más de cinco siglos.

Mientras los albaneses se instalaban en Bosnia-Herzegovina, algunos serbios se dirigieron a Croacia, donde podían disponer de zonas francas a cambio de defender el territorio de los turcos. Bernard Féron expresa que esa ida al norte de los serbios revela el origen de la Krajina, cuyo significado es “País de los confines”, al igual que Ucrania[16]. Estos serbios se mantuvieron en lucha mientras que los que estaban en Montenegro, del otro lado de la montaña, quedaron protegidos y lograron su independencia bajo la autoridad de un príncipe obispo, título hereditario de tío a sobrino hasta que un sobrino, quien decidió contraer matrimonio, obligó a separar los dos cargos[17]. Féron considera que la llama de los nacionalismos en los Balcanes se encendió en Serbia como resultado de la Revolución Francesa cuando, en 1804, Kara Djordje (Jorge el Negro, Karadjordjevich) —un criador de cerdos— se puso al frente del levantamiento.

Por su parte, el historiador Francisco Veiga expresa que “la cuestión balcánica tal como se entiende hoy comenzó a cobrar a partir del alzamiento griego de 1831 contra el dominador turco”[18].

Los griegos

Durante el siglo XIX se fue produciendo un repliegue del Imperio Otomano y la emergencia de nuevos actores que introdujeron las “cuestiones mediterráneas” como un tema prioritario —para la potencias europeas— a la independencia de las colonias españolas en el escenario internacional.

Gran Bretaña pudo posicionarse convenientemente en el Mediterráneo a partir de la posesión de Gibraltar y de Malta y, desde 1815, de las islas Jónicas. De esta manera, comenzaba a afianzarse como la potencia naval[19]. Francia y Rusia contribuirán, a partir de sus propios proyectos expansionistas, a la desmembración del Imperio Otomano. De este modo, el imperio comenzó a desmembrarse por la conjunción de la emergencia de los nacionalismos en la región de los Balcanes y por los intereses y las acciones de las potencias europeas.

Veiga destaca la situación privilegiada que ocupaban los griegos en el seno del imperio otomano, tanto por sus dotes culturales como en el ámbito del comercio, lo que les permitió alcanzar puestos de relevancia en los diferentes estadios del poder. Los nacionalistas griegos, en 1814, en Odesa, se agruparon en una sociedad secreta denominada Filiké Hetaireia (Φιλική Εταιρεία, “Asociación de Amistad”) que aspiraba no sólo a la independencia del territorio griego sino también a un levantamiento generalizado de los pueblos balcánicos gobernados por los fanariotas, élite dentro de la comunidad griega que habitaban en el distrito de Fanar en Estambul;  algunos de ellos, incluso, obtuvieron el derecho a gobernar Moldavia y Valaquia[20]. Renouvin también menciona que los griegos eran una población favorecida fronteras adentro del imperio pero agrega que el movimiento nacionalista griego fue imbuido de las ideas liberales que se propagaron a partir de la presencia británica en las islas Jónicas[21]. En febrero de 1821 Alexandrós Ypsilanti, quien había formado una tropa en territorio ruso y lideró el movimiento, atravesó la frontera con el Imperio Otomano e inició el alzamiento en Valaquia. La intención de los sublevados era destruir el Imperio Otomano y recrear el imperio bizantino, vieja idea de los nacionalistas griegos retomada por Righas Feraios[22]. Por diversas razones —entre ellas la falta de apoyo de Rusia a los sublevados, el cansancio de los campesinos rumanos bajo la jurisdicción de los fanariotas y una visión alejada de la realidad por parte de los miembros de la sociedad secreta griega—, la rebelión fracasó. No es un dato menor que, por esos años, el Imperio Ruso, el Imperio Austrohúngaro y Prusia integraban la Santa Alianza y eran garantes del statu quo europeo conseguido tras las guerras napoleónicas, mientras que las sociedades secretas eran vistas como una amenaza a ese equilibrio[23]. De esta manera, se respetaba el principio de legitimidad pero había cierta contradicción toda vez que los griegos eran cristianos que se rebelaban contra una autoridad que profesaba el Islam.

Por su parte, Austria no consideraba, conforme a sus intereses, dejar que los Balcanes cayeran bajo la influencia rusa, observación que también compartía el Reino Unido como potencia presente en el Mediterráneo, cuyo gobierno no estaba dispuesto a que Rusia disputara Medio Oriente y se aproximara a la India[24]. Para Francia podía significar la obtención de alguna compensación a partir de una fragmentación del Imperio Otomano, ya que había sido la potencia vencida en 1815.

La revolución de los griegos estaba condenada al fracaso pero, sin embargo, la lucha continuó en las islas y en el Peloponeso y, en 1822, en el congreso de Epidauro, se declaró la independencia de la nación griega. La matanza de Quios por parte de los turcos —que tuvo lugar en esa isla, en 1822, cuando el sultán mandó sus tropas para sofocar la rebelión— indignó a la opinión pública europea que desconocía las matanzas de campesinos musulmanes por los griegos. En el Peloponeso, los sublevados asesinaron a unos 20 mil turcos, la mitad de los habitantes de ese origen, y emprendieron una persecución contra aquellos que buscaron refugio en las fortificaciones abandonadas por los otomanos. Estos turcos, hasta entonces, tenían una buena convivencia con los griegos y se habían helenizado al punto que no hablaban turco sino griego[25]. La respuesta de los otomanos no fue diferente en el grado de violencia pero, a los efectos de aplastar la sublevación, el sultán recurrió a su vasallo, el bajá de Egipto, Mehemet Alí[26].

La suerte de Grecia fue definida a partir de una corriente filohelena que se expandió en círculos intelectuales, literarios y políticos que pretendían redescubrir las raíces europeas en el período clásico de la Hélade[27] (Έλαδε), denominación que Homero le dio al centro de Tesalia, región de Grecia continental —habitada por los helenos— y que, por extensión, se aplicó a todo el territorio griego. Es la Hélade que evoca Lord Byron en su poema By meet my 36 years (“Al cumplir mis 36 años”).

Por el tratado de Londres en 1827, el Reino Unido, Francia y Rusia acordaron intervenir. El triunfo ruso sobre los turcos en la batalla de Navarino, ocurrida ese mismo año, obligó al Sultán Mahmud II a firmar, el 14 de septiembre de 1828, el tratado de Adrianópolis, por el cual Grecia alcanzaba la autonomía junto con los principados de Valaquia, Moldavia y Serbia. La independencia fue reconocida por las potencias europeas en 1828 en Londres, en una conferencia promovida por los británicos, quienes pretendían impedir que Rusia se convirtiese en el eje vertebrador de los Balcanes. De ese modo, las potencias europeas pusieron a Grecia bajo su protección o, más precisamente, bajo la protección británica. Las fronteras del nuevo Estado no eran a las que aspiraban los revolucionarios griegos ya que, en el norte, se estableció un poco más al norte del golfo de Corinto, obligando a los griegos a renunciar al sur de Tesalia.

Luego de la Paz de Adrianópolis los principados de Moldavia y Valaquia se mantuvieron como tributarios del sultán pero bajo la ocupación de Rusia, potencia que mantuvo sus tropas en la región. Los príncipes comenzaron a ser vitalicios y la nobleza elaboró el Reglamento Orgánico que fue promulgado en Valaquia en 1831 y en Moldavia en 1832. Una vez que fue aprobado por el sultán en 1834, Rusia retiró sus tropas.

En 1832 el primer jefe de Estado griego, el pro-ruso Capodistria, fue asesinado. Las expectativas de los nacionalistas tampoco se concretaron respecto a su gobierno debido a que los británicos pusieron a Grecia bajo la autoridad del bávaro y católico Otón (Otto Friedrich Ludwig, 1815-1867), segundo hijo del rey Luis I de Baviera I y de Teresa de Sajonia-Hildburghausen. Sin embargo, contribuyó en esmerilar la autoridad otomana sobre los Balcanes.

De ese modo, tras la guerra de la independencia griega (1821-1832) se inició un período de relativa estabilidad pero Otón I, Rey de Grecia, debió enfrentar serias dificultades debido a su religión y a que contaba con asesores y una guardia de soldados alemanes. En 1843 se produjo una revolución que forzó al monarca a promulgar una Constitución en la que se estableció que sus herederos deberían ser de religión cristiana ortodoxa. Una de las primeras medidas que tomó el joven rey fue trasladar la capital del reino de Nauplia a Atenas basándose en argumentaciones históricas.

En 1836 se casó en Alemania con la duquesa Amalia de Oldenburg, de religión protestante, motivo que introdujo un nuevo recelo entre los griegos. La situación política le fue adversa y debió buscar el equilibrio entre las tres potencias que dieron origen a su corona. Tras un intento de asesinato de la reina Amalia en 1861, al año siguiente, se llevó a cabo un golpe de Estado que impuso un gobierno provisional y llamó a una Convención Nacional. Otón no consiguió el respaldo de las potencias, las que le solicitaron que no enfrentara ese levantamiento. A la edad de diecisiete años, el monarca había llegado a Grecia a bordo del buque británico HMS Madagascar y, en ocasión de esta crítica situación tanto él como la reina Amalia debieron refugiarse en un barco de la armada británica que lo trasladó a Baviera.

Otón no dejó descendientes pero se sintió el rey de Grecia al punto que, en 1866, en oportunidad de la rebelión de Creta contra el Imperio Otomano, contribuyó con su fortuna personal y en forma secreta para suministrar armas a los rebeldes. Otro gesto en ese sentido fue que no dejó de usar el uniforme griego en el exilio y que solicitó que le fuera puesto cuando fuese enterrado.

El historiador Francisco Veiga expresa:

La insurrección griega de 1821 marca el comienzo de lo que en Europa Occidental pasó a conocerse en las décadas siguientes como ‘la cuestión balcánica’, enlazando o confundiéndose con la ‘cuestión oriental’, con toda su carga peyorativa[28].

Los orígenes de Rumania

La constante inestabilidad de la región les permitió intervenir a los gobiernos de las grandes potencias occidentales y de los imperios otomano y ruso en cuanto conflicto creyeron conveniente y trabajaron, permanentemente, en redefinir las fronteras en función de sus intereses.

Cuando la revolución se expandió por Europa en 1848 los ideales liberales y nacionalistas también llegaron a Moldavia y Valaquia. A ellos se sumaron las cuestiones locales como las rebeliones campesinas. En mayo de 1848 las protestas de Blaj fueron sofocadas por las tropas turcas y rusas, las que reinstauraron el Reglamento Orgánico. Como consecuencia de ello, las tropas rusas se mantuvieron presentes por unos tres años pero durante la guerra de Crimea la región fue ocupada alternadamente por tropas rusas y austríacas. El Tratado de París de 1856 mantuvo vigente el viejo estatuto de los principados hasta la revisión de 1857. Los delegados locales plantearon la autonomía de Moldavia y Valaquia que pasarían a integrar una nueva entidad con el nombre de Rumania y bajo la autoridad de un rey extranjero con poder hereditario, el cual garantizaría la neutralidad del país. La Convención de París aprobó la propuesta en contra de la opinión del Sultán. En 1859 los principados eligieron a Alexandru Ion Cuza como rey, el cual fue reconocido por las potencias y el sultán en 1861. En 1863 la Constitución instituyó un poder legislativo bicameral y el voto universal pero reservando a los propietarios un mayor peso electoral. En 1877 se reanudó la guerra entre Rusia y Turquía; Rumania autorizó el paso de las tropas rusas y le declaró la guerra a Turquía. A pesar de la contribución rumana a la victoria rusa no fue admitida la presencia de delegados rumanos en las conferencias de paz. No obstante, el Tratado de Berlín de 1878 respetó la independencia de Rumania pero perdió Besarabia y a cambio recibió Dobruja, en el delta del Danubio.

De ese modo, las potencias europeas intervinieron en oportunidad de la Guerra de Crimea (1854-1856), en ocasión del Congreso de Berlín (1878) —convocada por el gobierno británico con la intención de reorganizar la región de los Balcanes una vez finalizada la guerra ruso-turca de 1877-1878—, durante las guerras balcánicas de 1912-1913 y, tras la Primera Guerra Mundial, mediante la Paz de París de 1919.

Los búlgaros

Bulgaria también estaba bajo la autoridad de los otomanos desde el siglo XV. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII asistió a un período de crecimiento económico que contribuyó en la gestación de su independencia. El proceso emancipador requería de un doble objetivo: liberarse políticamente de los turcos y liberarse ideológica y culturalmente de la iglesia ortodoxa griega para lo cual Bulgaria precisaba crear su propia iglesia y su propia escuela nacional. En 1835 fue creada la primera escuela búlgara y en 1870 se procedió a la fundación de un exarcado búlgaro no reconocido por el patriarca de Constantinopla pero si apoyado por Rusia. Paralelamente se produjo una lucha política dirigida por comités revolucionarios y por los intelectuales. La negativa de los campesinos a pagar impuestos al gobierno otomano en 1876 derivó en una gran represión que sirvió de pretexto para la intervención de Rusia.

De tal manera que, entre los años 1700 y 1878, los búlgaros asistieron a un período que se caracterizó por la recuperación de su vida cultural y por la lucha de la independencia religiosa y política. Entre 1875 y 1878 los búlgaros se sublevaron, en el mismo momento que lo hacían los bosnios, y el imperio ruso —ejerciendo la defensa de los eslavos del sur— le declaró la guerra al imperio otomano obligándolo a desalojar esos territorios y a firmar, en 1878, el Tratado de San Stefano por el que fue reconocida la Gran Bulgaria que incluía en su jurisdicción a Tracia y Macedonia. La creación de este nuevo Estado fue observada con preocupación por los serbios y por otros actores europeos que, por el Congreso de Berlín, obligaron a Bulgaria a conceder territorios a Serbia y Montenegro[29]. No obstante, en 1885, el gobierno de Sofía, en avance contra los otomanos, se anexionó Rumelia Oriental, por lo que el rey Milan de Serbia recurrió al apoyo de Austria para enfrentar a Bulgaria en una guerra de la que salió derrotado y sin la corona, ya que debió abdicar. La fortaleza de Bulgaria también comenzó a preocupar a Rusia que no deseaba competencia en la región[30]. Barbara Tuchman hace referencia a las ambiciones del rey búlgaro en su detallada descripción de los funerales del rey británico Eduardo VII, en mayo de 1910, cuando expresa:

Detrás de él cabalgaban los dos hermanos de la reina viuda Alexandra, el rey Federico de Dinamarca y el rey Jorge de Grecia, su sobrino, el rey Haakon de Noruega, y tres reyes que habían de perder sus tronos: Alfonso de España, Manuel de Portugal, y, luciendo un turbante de seda, el rey Fernando de Bulgaria, que irritaba a los otros soberanos haciéndose llamar “zar” y que guardaba en una caja las insignias reales de emperador de Bizancio en espera del día en que pudiera reunir bajo su cetro los antiguos dominios bizantinos.[31]

Ese período de “renacimiento búlgaro” encontró su momento de gloria en los primeros años del siglo XX. En este sentido, un hito relevante en la región fueron, precisamente, las guerras balcánicas de 1912-1913. A mitad del mes de octubre de 1912 Bulgaria, junto con sus aliados, Serbia, Grecia y Montenegro, enfrentó al Imperio Otomano reclamando la libertad y los derechos de los cristianos residentes en las tierras balcánicas[32]. El escenario de la guerra se extendió desde el mar Negro hasta el mar Adriático, constituyéndose en una campaña militar nunca antes conocida en la historia de la región, con la participación de un millón de efectivos.

El avión Albatros con el que los tenientes Radul Milkov (sentado) y Prodan Tarakchiev realizaron el primer vuelo de combate sobre Edirne el 16 de octubre de 1912.

El avión Albatros con el que los tenientes Radul Milkov (sentado) y Prodan Tarakchiev realizaron el primer vuelo de combate sobre Edirne el 16 de octubr de 1912. Foto, www.lostbulgaria.com

El conflicto fue la antesala de la Primera Guerra Mundial y se caracterizó por la implementación de las, entonces, modernas operaciones militares, y de ser el primero en contar con la participación de una nueva fuerza en territorio europeo: la aviación militar[33] [34].

Foto: lostbulgaria.com  Grupo de aviadores de la escuela de vuelo de Louis Bleriot, unos de ellos son Hristo Toprakchiev y Simeón Petrov

El comando búlgaro dispuso recurrir a esa nueva arma y, como resultado de ello, en el verano de 1912 tres pilotos búlgaros —Simeon Petrov, Hristo Toprakchiev y Nikifor Bogdanov— asistieron a un curso de formación en Francia. Sus logros, como el de Simeon Petrov de aterrizar con el motor desconectado o de realizar el primer vuelo nocturno de Francia, junto al pionero de la aviación francesa Louis Bleriot, tuvieron un gran reconocimiento por parte de los propios franceses[35].

Entre octubre y noviembre, durante el primer periodo de la guerra, fueron llevados a cabo decenas de vuelos de combate y los bombardeos los realizaban tirando las bombas con las manos. El primer bombardeo aéreo en esa guerra balcánica, sobre blancos militares cerca de Edirne, estuvo a cargo de una tripulación búlgaro-italiana y fue en ese mismo enfrentamiento en que, por primera vez, una mujer tomó parte en un vuelo de combate: Raina Kasabova[36].

Compartimiento de aviones cerca de la aldea de Bulair, la zona del mar Egeo, 1913. Foto: www.lostbulgaria.com

Esta digresión acerca de la utilización de la aviación militar por primera vez en Europa es sólo un capítulo de estas guerras balcánicas. En su libro, Barbara Tuchman nos informa que el ministro de Guerra de Francia, Adolphe Marie Messimy (1869–1935), visitó el frente de los Balcanes en 1912 y pudo observar “las ventajas que tenían los búlgaros con sus uniformes parduscos y volvió a Francia decidido a reducir la visibilidad del ejército francés”[37]. Nos menciona una innovación en materia militar que ya había sido puesta en práctica por los alemanes y los británicos pero que Messimy no pudo introducir en su país ya que cambiar la chaqueta azul, el kepis y los pantalones rojos del uniforme del ejército francés —como se intentó en 1830— “sería ceder ante las presiones de los Dreyfus y los masones”[38]. Estos cambios demuestran que en las guerras balcánicas se introdujeron modificaciones relevantes en el arte de la guerra, en vísperas de la Primera Guerra Mundial.

El conflicto en los Balcanes también incentivó al nacionalismo serbio que desafió al imperio austrohúngaro al pretender incorporar los territorios habitados por eslavos que se encontraban bajo la jurisdicción de Viena. Cabe recordar que en 1908 el imperio se anexionó Bosnia y Herzegovina lo que llevó a Serbia a buscar, sin éxito, el respaldo del imperio ruso. Se trataba de un territorio con población de mayoría islámica que se encontraba bajo el control otomano hasta 1877, año en que pasó a depender administrativamente del imperio austrohúngaro.

Las guerras balcánicas de 1912–1913 fueron un antecedente de la primera conflagración mundial, la cual estalló por la exacerbación de los nacionalismos, el desarrollo de la industria de armamentos, la puja por el control de los recursos económicos y el incremento de efectivos que integraban los respectivos ejércitos nacionales en tiempos de paz[39].

Durante la primera guerra balcánica, en 1912, la Liga Balcánica integrada por Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro, con el respaldo del imperio ruso, enfrentó al imperio otomano el cual fue derrotado y debió cederle a Bulgaria una salida al mar Egeo. Inmediatamente —tal como lo había anticipado el político comunista búlgaro Georgi Dimitrov (1882-1949)— se produjo una lucha de intereses entre los miembros de la Liga Balcánica:

Desde hace ocho meses nuestro país y los demás Estados de la Península de los Balcanes se hallan envueltos en la vorágine mortífera de la actual guerra balcánica.

La terrible tormenta desencadenada con esta guerra “liberadora” cubrió los campos de batalla con decenas y centenares de miles de cadáveres, redujo a cenizas y ruinas no pocas ciudades florecientes de Tracia, Macedonia, de la Vieja Servia y Albania, desorganizó la vida económica y política normal de los pueblos balcánicos y, es hoy, a la hora de repartirse "las tierras y poblaciones liberadas", una nueva y terrible amenaza que puede desembocar en una sangrienta catástrofe entre los "aliados balcánicos" de ayer. Por su naturaleza este nuevo conflicto es capaz de ahogar en su propia sangre la libertad y la independencia de los pueblos balcánicos y provocar incluso un terrible incendio en toda Europa.[40]

De este modo, en 1913, se inició la segunda guerra balcánica en la que Bulgaria lanzó un ataque a Serbia, a Grecia y a Montenegro con la intención apropiarse de los territorios abandonados por los otomanos. En esta etapa, los turcos se aliaron a Rumania, Serbia y Grecia, derrotando a Bulgaria. Los territorios que fueron disputados entre los aliados de la primera guerra quedaron en manos de Serbia que fue la gran vencedora del conflicto. Bulgaria y el imperio turco fueron los grandes perdedores pero los tratados, finalmente, no beneficiaron a Serbia. Mediante los tratados de Londres y de Bucarest de 1913 emergió Albania como un nuevo Estado y el imperio austrohúngaro obró en detrimento de Serbia, frustrando su ambición de constituir la Gran Serbia.

En función de estos acuerdos y de otras cuestiones que dejaron insatisfechas a las partes involucradas, nuevos elementos se sumaron a los preexistentes llevando a que la discordia entre los países que integraban los Balcanes se tornase irresoluble. El imperio otomano desapareció como potencia que dominaba porciones de territorios en Europa y Kosovo quedó bajo la jurisdicción serbia.

Nacionalismo en los Balcanes 1878-1912  Fuente: PaísGlobal www.pais-global.com.ar/mapas/mapa65.htm

Notas:

1)  Limites del Imperio turco a comienzos del siglo XIX.

2)  Límites de los Estados balcánicos en 1914.

3)  Limites de las reformas territoriales en los Balcanes a lo largo del siglo XIX.

4)   Albania.

5)  Territorios incorporados al Imperio austro-húngaro en 1909.

6)  Núcleo y ampliaciones del Estado griego.

7)  Núcleo y ampliaciones del Estado búlgaro.

8)  Núcleos y ampliaciones del Estado o serbio.

9)  Núcleo y ampliaciones del Estado rumano.

10) Residuo del Imperio turco.

Recortes del diario La Reacción de Rosario, Santa Fe, informando sobre las guerras balcánicas

El 28 de junio de 1914, en Sarajevo, capital de Bosnia, un joven bosnio perteneciente a la sociedad secreta proserbia “Mano negra” asesinó al heredero al trono austríaco Francisco Fernando y su esposa, dando origen al estallido de la Primera Guerra Mundial.

Del Reino Yugoslavo a la República de Yugoslavia

Durante la Primera Guerra Mundial (1914–1918) la violencia entre los diversos pueblos balcánicos se mantuvo en el marco de este conflicto. Al finalizar la conflagración, se creó el Reino Yugoslavo de los Serbios, Croatas y Eslovenos (1918–1941), del cual Kosovo —región conocida también como la “Antigua Serbia”— formó parte. Este Estado centralizado estuvo dominado por Serbia.

Las rivalidades entre serbios y albaneses prevalecieron, siendo estos últimos percibidos por los primeros como un grupo hostil que deseaba la independencia y eran tratados conforme a esa percepción. Durante el período de entreguerras Albania no podía proporcionar un respaldo determinante a los albaneses de la Gran Serbia y Belgrado estableció una política de “serbianización” feroz que incluyó la colonización de la provincia por colonos serbios y la apropiación de tierras pertenecientes a albaneses. Todo esto en un contexto en el que los nacionalismos se consolidaban en Alemania e Italia y los bolcheviques afirmaban su poder en Rusia, potenciando la emergencia de un paneslavismo en el este de Europa.

En 1931 la población de Kosovo aún estaba compuesta por un 63% de albaneses pero, durante la Segunda Guerra Mundial, Yugoslavia fue invadida por las fuerzas del Eje (1941–1945) que procedieron a su división territorial. La oportunidad fue aprovechada por los albaneses, quienes tomaron represalias contra los serbios. Kosovo pasó a integrar la Gran Albania gobernada por los italianos (1941–1943) y luego soportó la invasión alemana (1943–1944). Durante la ocupación italiana, Mussolini entregó Kosovo a Albania en 1941[41].

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Yugoslavia fue reconstituida como una federación comunista conformada por seis repúblicas y Kosovo se transformó en una región autónoma, primero bajo jurisdicción federal y luego serbia. Mientras que los seis pueblos (serbios, croatas, eslovenos, musulmanes bosnios, macedonios y montenegrinos) fueron integrados a la federación como naciones, los albaneses fueron considerados una nacionalidad.

El poder de la federación quedó bajo la autoridad del mariscal Tito, cuyo verdadero nombre era Josif Broz, quien lideró la lucha contra los nazis al frente de los partisanos durante la guerra. Estableció un régimen comunista que, bien pronto, en 1948, hubo de distanciarse de Moscú. Tito tenía en claro que la cuestión de Kosovo debía ser analizada muy especialmente por sus “antecedentes”. Por tal motivo se decidió que debía estar directamente bajo el control de Serbia. Sin embargo, deben considerarse algunas cuestiones en este contexto. La lengua albanesa fue logrando un espacio en la vida oficial y en la educación y obtuvo un status de igualdad respecto del serbocroata para las cuestiones administrativas y legales, si bien, en la práctica, esta medida no fue aplicada debido a la carencia de magistrados de lengua albanesa[42]. Asimismo, a partir de 1945 fue emprendida una campaña de alfabetización en una provincia en la que el 70% de la población era analfabeta. Para ello, el gobierno yugoslavo contrató a 300 maestros en Albania[43]. Sin embargo, el distanciamiento de Tito respecto de Stalin, en 1948, trajo aparejado un deterioro de su relación con el líder comunista que presidía Albania, Enver Hoxha, quien, hasta ese momento, había asumido una relación de subordinación ante Tito[44]. Ambos, Tito y Hoxha, habían contemplado una gradual unificación de ambos países, primero a través de los ejércitos y, luego, una unificación política en una confederación balcánica que hubo de molestar a Stalin. Dice Jasper Ridley:

En el verano de 1946 Tito envió dos divisiones de tropas yugoslavas a Albania para proteger el país contra el peligro de una invasión griega en caso de que el gobierno griego decidiera tomar represalias por la asistencia albana a las fuerzas del ELAS [Ethnikos Laikos Apeleftherotikos Stratos, brazo militar del Partido Comunista Griego, KKE]. Enver Hoxha no se alegró de ver esas tropas allí, sobre todo porque Tito las había enviado sin consultar a Stalin.

La desconfianza de Stalin se agudizó frente a la espinosa cuestión de la federación balcánica, que había sido un objetivo a largo plazo de los comunistas yugoslavos, búlgaros y griegos desde la década de 1920. Después de la victoria del comunismo en los Balcanes, una confederación que uniera Yugoslavia, Bulgaria y Albania era una imposibilidad práctica. En agosto de 1947, cuando Tito estaba de vacaciones en Bled, Eslovenia, fue visitado por Dimitrov, que entonces era primer ministro de Bulgaria. Discutieron la posibilidad de formar una unión federal entre Yugoslavia y Bulgaria. Aprobaron la idea, pero aunque Tito habría preferido obrar de inmediato, Dimitrov vio las dificultades. Los búlgaros pensarían que Yugoslavia absorbía a su país convirtiéndolo en otra república yugoslava como Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia. Las discusiones continuaron en un nivel inferior cuando Dimitrov regresó a casa, y en noviembre de 1947 los gobiernos yugoslavo y búlgaro hicieron una declaración conjunta, manifestando que Yugoslavia y Bulgaria alguna vez se integrarían en una confederación, pero no de inmediato. Ni Tito ni Dimitrov habían consultado a Stalin para hacer esta declaración.

Stalin estaba furioso. Pidió a Tito y Dimitrov que viajaran a Moscú para explicar su conducta. Dimitrov fue, pero Tito envió a Djilas, Kardelj y Rankovic con el mensaje de que él no podía asistir porque estaba enfermo. Los delegados búlgaros y yugoslavos tuvieron largas discusiones con Stalin y el Politburó del Partido Comunista de la Unión Soviética en febrero de 1948. Stalin no se oponía en principio a la idea de una confederación balcánica, pero se oponía a la forma en que la habían propuesto Tito y Dimitrov; lo que más le molestaba era que hubieran hecho una declaración sobre el tema sin haber consultado a la Unión Soviética.[45]

Josip Broz, “Tito” (Kumrovec, Imperio austrohúngaro, actual Croacia, 7 de mayo de 1892 - † Liubliana, Yugoslavia, actual Eslovenia, 4 de mayo de 1980)Georgi Mikhailovich Dimitrov (Radomir, 18 de junio de 1882 – Moscú, 2 de julio de 1949)

A pesar de estos intentos de acordar una confederación balcánica, Bulgaria mantenía viva sus pretensiones sobre Macedonia y, tras la muerte de Tito, en 1980, algunos observadores estimaban la posibilidad de que Sofía exigiera nuevamente ese territorio, incluso con la creación de un movimiento nacionalista, ya fuera real como ficticio[46].

Con respecto a Yugoslavia, tras la crisis de autoridad que sufrió la Unión Soviética respecto del mundo comunista, al promediar la década de 1950, Belgrado procuró mantener una política exterior neutral respecto de los dos bloques imperantes —el del oeste y el del este, liderados respectivamente por los Estados Unidos y por la Unión Soviética—, conducida por el mariscal Tito.

Hacia el interior de Yugoslavia, el régimen impedía la pluralidad ideológica pero las disputas no pasaban por ese terreno sino a través de las tensiones existentes entre los poderes territoriales respecto del poder central.

La cuestión de Kosovo

En 1966, Aleksandar Rancovic, centralista serbio y jefe de la policía de seguridad yugoslava, fue removido de su cargo lo que derivó en un cambio considerable del status de Kosovo. Fue el resultado de un largo proceso de reformas políticas que estaba llevando a cabo el régimen comunista de Yugoslavia.

Dice Grossi:

Tito visitó la provincia en 1967, en un esfuerzo de relaciones públicas considerable, caracterizado por una serie de discursos en los que condenaba la segregación de los albaneses en diversas instancias de la vida económica local y la preferencia que se otorgaba a los serbios para distintos empleos. A las manifestaciones de simpatía siguieron, poco después, acciones concretas en el mismo sentido, como por ejemplo la introducción de una serie de enmiendas a la Constitución de 1963, en particular una por la cual se disponía que las provincias autónomas desempeñarían todas las funciones y tarea de una república, con exclusión de aquellas que se consideraran de exclusivo interés de Serbia. Si bien estas modificaciones podían ser consideradas como matices insignificantes en un contexto de dominación, lo cierto es que ellas reinsertaban en términos prácticos a Kosovo en la estructura federal de la que había virtualmente desaparecido en virtud de las disposiciones de la Constitución de 1963.

A partir de ese momento, la exteriorización de una verdadera voluntad de afirmación nacional por parte de los kosovares se hizo persistente y cada vez más inocultable.

De hecho, era difícil explicar que mientras menos de medio millón de montenegrinos tenían su propia república, más de un millón de albaneses careciesen del mismo nivel de autonomía. Comenzaron a sucederse manifestaciones y actos públicos en Pristina, en las que los activistas reclamaban a viva voz la república, y vivaban a Enver Hoxha.[47]

Sin embargo, hacia 1974 Kosovo encontró un lugar en el contexto yugoslavo. A la población albanesa le fueron otorgadas concesiones en la esfera de la cultura y de la educación. En ese año las enmiendas a la Constitución yugoslava introdujeron una mejora al status de Kosovo. Constitucionalmente continuó siendo una “provincia autónoma” de Serbia pero con derecho a voto a nivel federal y con capacidad de veto a ciertas decisiones del liderazgo republicano serbio. A pesar de no ser una república, la situación de Kosovo en el centro de la federación fue fortalecida en forma significativa. Las posibilidades introducidas en la década de 1970 produjeron a principios de la década de 1980 un éxodo de serbios de la provincia. Por otro lado, a mediados de la década de 1970 los kosovares eran conscientes de la crítica situación socioeconómica y de opresión política de la Albania de Hoxha por lo que no sentían entusiasmo por incorporarse a ese país.

Hacia fines de 1979, Tito realizó un viaje a Cuba y se entrevistó con Fidel Castro, con quien abordó el conflicto entre Camboya y Vietnam, del que intervinieron China, respaldando al primero, y la Unión Soviética al segundo. Luego de su regreso a Belgrado, en los primeros días de diciembre, se retiró a Karadjordjevo, donde recibió el nuevo año. En los primeros días de enero de 1980 debió ser internado en una clínica de Liubliana. El 12 de enero presidió una reunión por la mañana y a la tarde debió ser nuevamente internado. Se le practicó una intervención quirúrgica. En principio evolucionó favorablemente pero a mediados de febrero comenzó una involución que lo llevó a su muerte, el 4 de mayo, tres días antes de cumplir ochenta y ocho años. En adelante, con la desaparición de Josip Broz “Tito”, quien pudo mantener aglutinadas a varias nacionalidades, la historia de Yugoslavia no sería la misma. Conforme a la Constitución, el vicepresidente Lazar Kosilevski asumió la presidencia. Apenas dos meses después de su muerte, su esposa Jovanka recibió un anuncio de que debía dejar la casa —donde vivió veinticinco años con Tito— en tres días[48]. Si bien había sido la residencia privada de Tito, todos sus bienes, muebles y pinturas incluidos, pertenecían al Estado[49]. Jovanka mantuvo fuertes disputas con los miembros del gobierno pero ni ella ni sus hijos heredaron nada[50].

Por su parte, muchos serbios, como bien describe Francisco Veiga, sintieron que la Constitución de 1974 abrió el camino para la independencia de Kosovo:

Aunque estas cosas ya se comentaban antes, tras la muerte de Tito un número creciente de serbios se apuntaba a la teoría de que la Constitución de 1974 había sido diseñada para contrarrestar la preeminencia serbia en Yugoslavia. Como prueba se insistía en la situación jurídica de Kosovo y Vojvodina. No eran repúblicas, sino provincias autónomas dentro de Serbia. Ahora bien, ambas poseían rango federal: tenían derecho a enviar sus representantes a Belgrado e influir en la política de la República de Serbia en su conjunto. Cosa que no podía suceder a la inversa: los órganos legislativos de Kosovo y Vojvodina eran autónomos, libres de injerencia de Belgrado. En definitiva, muchos serbios consideraban que la Constitución de 1974 les había emancipado a sus dos grandes provincias-hijas dándoles la libertad para hacer lo que les diera la gana.[51]

En 1981 las quejas estudiantiles de la Universidad de Pristina, por parte de los albaneses, derivaron en disturbios que se fueron gradualmente diseminando por todo Kosovo y adquirieron fuertes connotaciones políticas y nacionalistas. Las tensiones entre albaneses y serbios se acrecentaron. La opinión pública en Serbia se tornó contra los albaneses. A mediados de la década de 1980 se produjo un aumento de las migraciones de serbios de Kosovo, como respuesta a una alegada discriminación por parte de los albaneses quienes, en aquel momento, dominaban crecientemente la administración local, las instituciones políticas y la policía. En un corto plazo Kosovo se tornó en el símbolo de una supuesta declinación serbia en el seno de Yugoslavia.

La política de Tito, orientada a ofrecer una gradual respuesta a las reivindicaciones de los kosovares desencadenó una reacción en los serbios, quienes comenzaron a expresar un sentimiento de marginalización y de persecución. En 1986 miembros de la Academia Serbia de Ciencias y Artes (SANU), algunos de los intelectuales más distinguidos de Serbia, académicos, escritores y otros, redactaron un “Memorándum” describiendo la situación de los serbios en Kosovo, en particular, y en Yugoslavia, en general. En el mismo se manifestaba que “el genocidio físico, político, legal y cultural que sufre la población serbia en Kosovo es una derrota histórica aún peor que cualquiera de las experimentadas en las guerras de liberación que los serbios han librado desde el primer levantamiento de 1804”. Partes de ese “Memorándum” fueron publicadas por el diario Vecernje Novosti de Belgrado en un artículo, firmado por Aleksandar Djukanovic, el 24 de septiembre de ese año. A decir verdad, el documento fue robado de la Academia y “filtrado” a la prensa pero su contenido se manifestaba como controversial ya que se refería a la victimización de los serbios y su declinación bajo la Yugoslavia comunista. Ese “Memorándum” desafió las propias bases del sistema político imperante en Yugoslavia y puso en duda la capacidad de los serbios para cohabitar con cualquier otro sistema que no fuese un Estado centralizado dirigido por los propios serbios. Constituyó un llamado para revertir la supuesta declinación serbia incluyendo la revocación de la autonomía de Kosovo.

En abril de 1987 el nuevo líder de los comunistas serbios, el joven Slobodan Milosevic, visitó Kosovo por primera vez. Los serbios locales organizaron una manifestación de protesta exigiendo que las autoridades serbias interviniesen en la provincia para rescatarlos del supuesto riesgo que corrían a manos del liderazgo comunista albano local que, en aquel momento, estaba encabezado por Azem Vllasi. A pesar de que esa manifestación fue reprimida por la policía albanesa local Milosevic hizo causa común con quienes protestaban. Milosevic estaba motivado por sus propias razones políticas para ayudar a solidificar su posición en el seno del partido comunista serbio, lo cual logró a partir de convertirse en el campeón del nacionalismo serbio contra un liderazgo del partido serbio que, virtualmente, había observado pasivamente o bien ignorado la violación de los derechos serbios en Kosovo. Las derivaciones fueron revolucionarias para la Yugoslavia comunista. El documento de la Academia serbia de 1986 había articulado un número de quejas —y prejuicios— prevalentes en aquel momento en los círculos nacionalistas y disidentes serbios pero, además, implícitamente articuló un Gran Estado serbio dentro de Yugoslavia. Slobodan Milosevic encabezó ese movimiento y comenzó a hablar de diversas supuestas amenazas que estaban enfrentando los serbios y encontró en el “Memorándum” un razonamiento intelectual y la justificación a sus políticas. Bajo su liderazgo comenzó la implementación de este programa de la Gran Serbia y sea por su diseño o por las circunstancias aún es un tema de debate.

Slobodan Milosevic y Azem Vllasi

Milosevic llamó a elecciones libres e hizo campaña levantando las banderas de una política nacionalista extrema. En 1987, en Kosovo, apostó por los nacionalistas serbios pero dentro del territorio yugoslavo salieron a la superficie el nacionalismo croata y el nacionalismo esloveno, los cuales reclamaron su independencia para sacudirse de encima a los serbios. De ese modo, Eslovenia se autoproclamó independiente y los serbios decidieron actuar enérgicamente pero la realidad los llevó a aceptar que debían perder Eslovenia. Inmediatamente, la preocupación fue Croacia y luego Bosnia. Los croatas buscaron el apoyo de Europa Occidental, especialmente de Alemania, y de los Estados Unidos, mostrándose como los más adecuados para imponer la democracia y una economía afín a los intereses occidentales en la región de los Balcanes.

El desmembramiento de Yugoslavia

El periodista español Manuel Leguineche, en su libro Yugoslavia Kaputt, cuando define la rara entidad que era el Estado federal yugoslavo, dice:

Son seis repúblicas

son seis naciones

son cuatro idiomas

son tres religiones (católicos, ortodoxos y musulmanes)

son dos alfabetos (cirílico y latino)

pero un solo deseo:

independencia[52].

A esa definición habría que agregarle que los ciudadanos de esas tres religiones se encontraban comprendidos bajo la autoridad de un gobierno federal ateo.

Pueblos que integraban la República de Yugoslavia

Nacionalidad

Idioma

Religión

Ubicación territorial

Vínculos histórico-políticos

Eslovena

Esloveno

Católica

Eslovenia

Imperio Austrohúngaro

Croata

Serbocroata

Católica

Croacia, Bosnia-Herzegovina

Hungría (Imperio Austrohúngaro)

Serbia

Serbocroata

Cristiano ortodoxa

Serbia, Croacia, Bosnia-Herzegovina

Imperio otomano / Imperio Austrohúngaro

Montenegrina

Serbocroata

Cristiano ortodoxa

Montenegro

Independientes

Bosnios

Serbocroata

Islam

Bosnia-Herzegovina

Imperio otomano

Macedónica

Macedónico

Cristiano ortodoxa

Macedonia

Imperio otomano

Albanesa

Albanés

Islam

Kosovo, Macedonia, Montenegro

Imperio otomano

El desmembramiento de Yugoslavia tuvo lugar tras una serie de cruentas guerras que constituyeron un serio desafío para la comunidad internacional, especialmente para la comunidad europea y para los Estados Unidos.

Luego de que fuera derrumbado el Muro de Berlín, “Estados Unidos sacó partido de las parálisis de las diplomacias europeas frente a la crisis yugoslava para volver a enviar fuerzas de la OTAN al Este y asentar la construcción europea dentro de un marco atlantista. A fines de 1999, luego de la guerra de la OTAN (Kosovo), la UE decidió acelerar el proceso de ampliación hacia el Este”[53].

Como una consecuencia de las diferencias étnicas, religiosas y culturales que dominaron durante siglos el escenario balcánico, se desencadenaron varias guerras que provocaron la disolución de la República Federativa de Yugoslavia.

Entre 1991 y 1995 tuvo lugar la guerra de Croacia, entre 1992 y 1995 la de Bosnia-Herzegovina, en 1998 la de Kosovo, en 1999 la de Serbia y Montenegro.

El diplomático Rafael Mariano Grossi, en su libro Kosovo. Los límites del intervencionismo humanitario, dice:

Entre los analistas y observadores de la escena política balcánica es común escuchar una fórmula repetida que pretende resumir en una concisa sentencia los acontecimientos futuros: la guerra de Yugoslavia comenzó y terminará con Kosovo.[54]

Como resultado de esa serie de conflictos emergieron seis nuevos estados soberanos:

·   Bosnia y Herzegovina,

·   Croacia,

·   Eslovenia,

·   República de Macedonia, cuyo nombre dio lugar a un contencioso entre los gobiernos de Atenas y de Skopje,

·   Montenegro y

·   Serbia

A estos debe agregarse Kosovo, territorio en disputa entre Serbia y la autodenominada República de Kosovo.

Ante las autoproclamadas independencias, el gobierno de Milosevic actuó militarmente en Kosovo (1989-1990), luego en Croacia (1990-1991), en Bosnia-Herzegovina (1992-1995) y finalmente nuevamente en Kosovo (1998-1999).

La siguiente cita de Ridley alude a por qué los serbios actuaron tan violentamente y a cómo actuaron las potencias en los Balcanes en los siglos XIX y XX:

Los chetniks serbios, principales responsables de la guerra, iniciaron su política de “limpieza étnica” de croatas y musulmanes. Recuerdan que los ustashas croatas mataron a 700.000 serbios[55] en 1941-1945, y declaran que esta vez serán ellos quienes inicien la matanza para exterminar a los croatas antes que los croatas los exterminen a ellos. El resultado es lo que Djilas ha llamado un regreso a la guerra civil de 1941-1945 sin los comunistas. Los serbios, croatas y musulmanes bosnios se matan entre sí, y Bosnia es nuevamente el principal campo de batalla; pero no han surgido partisanos que ofrezcan protección a todos los grupos étnicos frente a la saña de los demás. La matanza continúa, con la elevada proporción de muertes y bajas que son tan habituales en las guerras pequeñas en las que participan fuerzas pequeñas; y los pueblos de la ex Yugoslavia no se ponen de acuerdo en nada excepto en que no existe un idioma serbocroata, y en su odio y desprecio por las Naciones Unidas. En 1878 las grandes potencias trazaron un nuevo mapa de los Balcanes y obligaron a los habitantes de la zona a aceptarlo. En 1912-1913 permitieron que los pueblos de los Balcanes pelearan entre sí sin intervención extranjera. En 1991-1994 las grandes potencias (que ahora se hacen llamar “comunidad internacional”) no hicieron ni una cosa ni la otra, y su política ha prolongado las guerras y aumentado las bajas y el sufrimiento. [56]

En marzo de 1989 se inició el proceso para abolir la autonomía de Kosovo a través de enmiendas a la Constitución serbia. Como resultado fue el otorgamiento a Serbia del control directo sobre la provincia. El 28 de junio de 1989 se realizó una manifestación política en Kosovo-Polje para conmemorar el 600 aniversario de la derrota serbia a manos de los otomanos en 1389. El acontecimiento simbolizó la medida hasta la que Kosovo movilizaba a la opinión nacionalista serbia. El mismo año Vllasi y otros líderes albaneses fueron arrestados por oponerse al aumento del control serbio sobre Kosovo. Al año siguiente, en julio de 1990 el gobierno serbio quitó a la Asamblea de Kosovo el derecho a convocar y emitir legislación sin las directivas de Belgrado. Los disturbios civiles por parte de albaneses aumentaron durante 1990. Ocasionalmente la violencia daba como resultado que las fuerzas de seguridad serbias respondiesen con un desproporcionado uso de la fuerza.

Cuando los parlamentarios albaneses de Kosovo realizaron su asamblea en los escalones de la recientemente disuelta Asamblea y proclamaron la Soberana República de Kosovo dentro de la Federación Yugoslava, las autoridades serbias disolvieron oficialmente el gobierno de Kosovo y asumieron el control ejecutivo. La eliminación completa de la autonomía de Kosovo fue concluida en septiembre de 1990 cuando un cambio en la constitución serbia redefinió a Kosovo como una región en el interior de Serbia. Desde ese momento los albaneses locales crearon un sistema de instituciones civiles paralelas (extraoficiales) incluyendo sus propias escuelas e instalaciones de salud que operaban fuera del sistema serbio. Las acciones serbias en Kosovo no fueron desconocidas en otras zonas de Yugoslavia donde los eslovenos y croatas ya estaban intentando aumentar la soberanía de sus repúblicas.

En junio de 1991 comenzó la guerra en Yugoslavia con la secesión de Croacia y Eslovenia de la federación yugoslava y Alemania —al igual que el Vaticano— reconoció con extrema rapidez a esos Estados. La decisión del gobierno de Berlín fue inmediatamente acompañada por la UE —tras el atentado al mercado de Sarajevo—, cuando el 29 de mayo de 1992 ya había trascendido que la organización analizaba la aplicación de sanciones y se hablaba de un embargo a Belgrado. Esa decisión fue tomada por Francia, Bélgica, el Reino Unido y los Estados Unidos, tras dos días de negociaciones y pondría en evidencia una intención premeditada de acabar con Yugoslavia y de considerar a los serbios como responsables[57]. La edición de Le Monde del 29 de mayo de 1992 informó que intensos combates enfrentaron, el jueves 28 de mayo en Sarajevo, a las fuerzas croatas y musulmanas con las milicias irregulares serbias y que el saldo de dos meses de guerra en Bosnia y Herzegovina era de 5.000 muertos o desaparecidos y de casi 20.000 heridos. Agregaba que unos 200.000 bosnios fueron obligados a tomar el camino del éxodo debido a los enfrentamientos y que para aumentar la presión sobre Serbia, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emitiría una resolución que preveía un bloqueo comercial a ese país, seguido de un embargo de petróleo[58].

En ese momento, los albaneses de Kosovo estaban viviendo en un virtual estado de segregación. En las elecciones de la década de 1990 en la República Federal de Yugoslavia, concebida en abril de 1992 como la unión de Serbia y Montenegro, el liderazgo albanés de Kosovo adoptó un boicot bajo la conducción del intelectual Ibrahim Rugova. Sin pérdida de tiempo las autoridades y la oposición política serbias realizaron un serio esfuerzo para acomodar a los albaneses o hacerlos ingresar en el proceso político. En realidad Belgrado, deliberadamente, marginó e ignoró a los albaneses de Kosovo a quienes, simplemente, los consideraba como separatistas peligrosos que querían la creación del Estado de la Gran Albania en los Balcanes. Por su parte el Estado albanés postcomunista generalmente no estuvo preocupado con la causa de la Gran Albania y en el evento ha sido —y aún sigue siendo— muy débil para lograr tal Estado. El Acuerdo de Paz de Dayton de 1995, que logró poner fin a la guerra de Bosnia, desilusionó a muchos albaneses ya que fracasó en el reconocimiento de su antigua exigencia de autonomía y trató a Milosevic como un legítimo negociador de la paz. Para los albaneses de Kosovo, Dayton pareció sancionar el uso de la violencia y premiar a quienes realizaron las limpiezas étnicas.

Frustrados por la falta de intervención occidental y por la falta de efectividad de la resistencia pasiva de los albaneses, bajo la dirección de Rugova, algunos albaneses de Kosovo se convirtieron en violentos como un medio de desafiar al gobierno serbio. El primer paso en esta dirección fue la creación del Ushtria Çlirimtare Kombëtare, UÇK (“Ejercito de Liberación de Kosovo”, en adelante ELK). Este grupo entró en una campaña de terrorismo asesinando a funcionarios serbios y miembros de las fuerzas de seguridad, tanto policías como guardias de frontera. Para enfrentar tal situación, los policías y militares serbios tomaron duras contramedidas. El punto de inflexión llegó en marzo de 1997 cuando el gobierno civil de Albania colapsó debido al derrumbe de su sistema financiero. Numerosos armamentos y depósitos militares albaneses fueron robados y utilizados para que el ELK iniciara su camino violento hacia Kosovo, involucrando a las autoridades serbias en una guerra total tendiente a impedir la independencia kosovar. Por su parte, durante este período, la Liga Democrática de Kosovo de Ibrahim Rugova permaneció comprometida con una solución no violenta.

UCK KLA

La comunidad internacional respondió a la crisis en 1998 con la conformación del “Grupo de Contacto” integrado por Estados Unidos, el Reino Unido, Rusia, Francia y Alemania. La mayor parte de la responsabilidad por la violencia fue cargada sobre Milosevic y las autoridades serbias. El fracaso de la conferencia de paz de Rambouillet, Francia, de febrero de 1999 y de otra reunión realizada posteriormente en París, junto a la espiral de violencia en Kosovo, eventualmente aceleró la intervención de la OTAN.

Entre marzo y julio de 1999 libró una última guerra, contra Kosovo. El 24 de marzo de 1999, la OTAN comenzó un bombardeo bajo el pretexto de la represión que el gobierno serbio había ejecutado contra los albano-kosovares; el ataque se mantuvo por 78 días. El 27 de marzo de 1999 el Tribunal de La Haya acusó a Milosevic de crímenes de guerra.

Las fuerzas serbias incrementaron su guerra contra el ELK. En el estudio más detallado hasta la fecha, “Human Rights Watch” estimó que las fuerzas serbias expulsaron a 862.979 albaneses de Kosovo que se desplazaron hacia Macedonia y Albania y que varios cientos de miles más fueron desplazados internamente. En total más del 80% de la población de Kosovo (o el 90% de los albaneses de Kosovo) fueron sacados de sus hogares. El saldo final de muertos de la guerra de Kosovo sigue siendo desconocido y aún es el foco de un considerable debate.

El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) exhumó los cadáveres de más de 4.300 víctimas, todos o la mayoría se presumen albaneses. Más de 3.500 personas continúan desaparecidas, una vasta mayoría de origen albanés. Muchos de los hogares vacíos en Kosovo fueron incendiados por las fuerzas serbias. Las autoridades yugoslavas finalmente redujeron el nivel de violencia y el 5 de junio de 1999 Yugoslavia y la OTAN firmaron un acuerdo conforme al cual la primera retiró sus fuerzas militares, policiales y paramilitares, permitió el regreso de todos los refugiados y accedió a que ingresara una misión de paz de la OTAN. El acuerdo entre la OTAN y Belgrado se formalizó a través de la Resolución 1.244 del Consejo de Seguridad de la ONU del 10 de junio de 1999.

La Resolución 1.244 estableció el derecho a que refugiados y desplazados regresaran a Kosovo y estableció el compromiso de todos los estados miembros a la soberanía e integridad territorial de la República Federal de Yugoslavia de la cual Kosovo, de jure, continuó siendo parte. Esa resolución, además, hizo un llamado para abrir un “proceso político” que llevara a un autogobierno “substancial” para Kosovo, en tanto se reconocía “la integridad territorial de Yugoslavia”. Sin embargo, en 1999, todas las partes asintieron en que esta no era una solución permanente a la crisis de Kosovo. Obviamente en las negociaciones de Rambouillet y de París, que precedieron a la intervención de la OTAN, la comunidad internacional había propuesto un período de tres años para una solución política al futuro status de Kosovo.

El cierre de la etapa de Milosevic fue dado por el triunfo de Vojislav Kostunica, del Partido Democrático Serbio (Демократска странка Србије, ДCC / Demokratska stranka Srbije, DSS) —pero a la cabeza de la Oposición Democrática de Serbia (DOS), integrada por 18 partidos y otras organizaciones—, en las elecciones presidenciales, el 24 de septiembre de 2000[59]. El DSS había obtenido la mayoría absoluta de votos pero, a los efectos de lograr una segunda vuelta, los resultados oficiales fueron alterados[60]. A la expresión de los serbios en las urnas, el 5 de octubre, se sumó una gran movilización popular en su contra que lo dejó solo en el poder cuando ni la policía, ni el ejército, ni la clase obrera ya lo defendían. Los habitantes de Belgrado tomaron el Congreso y la televisión.

El levantamiento popular selló la suerte de Milosevic al frente del gobierno —quien se vio forzado a dimitir— y parecía poner fin a la etapa en la que Serbia, como otros Estados en la historia, había sido el “paria” en la comunidad de naciones. Sin embargo, esta comunidad se inclinó hacia las nuevas repúblicas manteniendo a Serbia en un cierto aislamiento. Un claro ejemplo de ello fue el camino que la UE le abrió a Eslovenia, Croacia y Macedonia.

La situación en Kosovo permaneció sin cambios desde 1999 hasta el 17 de febrero de 2008, fecha en que los albanokosovares declararon unilateralmente la independencia. Durante esos años rigió la Resolución 1.244 y se mantuvo la presencia de la Fuerza Militar Multinacional (KFOR), liderada por la OTAN, que entró en Kosovo dos días después de la aprobación de la mencionada resolución, manteniendo cerca de 20.000 efectivos en la provincia.

El Consejo de Seguridad sólo defendía verbalmente la meta establecida de una provincia multiétnica pero era incapaz de lograrla en la práctica. El entonces representante de la ONU en Kosovo, Søren Jessen-Petersen, comentó cuando asumió su cargo —en agosto de 2004— que “no puede haber estabilidad, paz y perspectivas para los Balcanes sin resolver el asunto Kosovo”. El diplomático intentó revitalizar el diálogo entre Belgrado y Pristina y brindar una mayor claridad sobre el status futuro de Kosovo, además de afrontar cuestiones menores —aunque no menos importantes— tales como las denuncias sobre la desenfrenada incompetencia, corrupción y amiguismo repentino en la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (UNMiK) y en las instituciones locales.

La UNMiK continuó insistiendo sobre la implementación de la política denominada “estándares antes del status” que delineó ocho estándares a ser logrados por las instituciones provisionales del autogobierno antes de que Kosovo pudiese afrontar su status final. Esos estándares eran: las instituciones democráticas en funcionamiento, el imperio de la ley, la libertad de movimiento, retornos y reintegración, economía, derechos de propiedad, diálogo con Belgrado y formación de un Cuerpo de Protección en Kosovo.

Las elecciones en Kosovo, realizadas en 2004, las segundas desde la implementación del régimen de la ONU en la provincia, supusieron la aceleración de la transferencia de responsabilidades adicionales a las instituciones conducidas localmente. No obstante, las elecciones hicieron sobresalir la necesidad de una nueva política por parte de la comunidad internacional. Ya con anterioridad, varios funcionarios de la ONU argumentaban que la participación serbia en las elecciones era esencial antes de poder iniciar las negociaciones sobre el futuro de la provincia. Sin embargo, la minoría serbia de Kosovo boicoteó las elecciones. Más de 100.000 serbios que huyeron de la provincia entre 1998 y 1999 estaban impedidos de regresar por temor a su seguridad[61]. Por su parte, el entonces primer ministro serbio, Vojislav Kostunica —quien renunció a su cargo en 2008—, y la Iglesia Ortodoxa Serbia hicieron un llamado a los serbios para que se abstuvieran de votar a pesar de que Boris Tadic —presidente de la República de Serbia desde el 11 de julio de 2004 hasta el 5 de abril de 2012— los urgió a participar.

En esas elecciones triunfó el partido de Rugosa, la Liga Democrática de Kosovo, que obtuvo el 47% de los votos y pasó a controlar 48 de las 120 bancas de la Asamblea de Kosovo. El partido del ex líder de la guerrilla del ELK, Hashim Thaçi logró el 28% y se quedó con 26 bancas. Estos dos partidos, como todos los partidos albaneses de la Asamblea de Kosovo, apoyaban la idea de la independencia de la provincia. A principios de diciembre de 2004, Ramush Haradinaj —ex líder del ELK y miembro de la Alianza para el Futuro de Kosovo (AAK), acusado de haber cometido crímenes de guerra pero absuelto de todos los cargos por el TPIY el 30 de noviembre de 2012[62]— fue nombrado primer ministro. Ese nombramiento produjo una fuerte molestia en las autoridades serbias.

En tanto la comunidad internacional no es proclive a admitirlo, la actual política “estándares antes del status” para Kosovo parece haber llegado a una impasse. Muchos han comenzado a cuestionar abiertamente la eficacia de varios aspectos de la actual política internacional. El dilema era si Kosovo continuaría siendo parte de Serbia o, tal como insiste la mayor parte de los albaneses, lograría su independencia. En tanto el boicot serbio parece haber reforzado la profunda división política y étnica en la provincia: la conformación demográfica de la provincia aún dificulta a los serbios y albaneses vivir sus vidas enteramente separados. Dos tercios de los serbios de Kosovo viven en enclaves y pueblos dispersos en el centro y el sur de la provincia haciendo dificultoso el autogobierno. Sólo en el norte ellos mantienen la mayoría.

A la ONU le gustaría entregar poderes adicionales al nuevo gobierno de Kosovo. Esta dejó libres diez bancas para la minoría serbia de Kosovo y otras diez para sus minorías étnicas como la romaní, en un parlamento de 120 bancas. La misión de la ONU planeaba, asimismo, una serie de proyectos para otorgar a las restantes comunidades serbias un mayor poder. Sin embargo, el boicot serbio y la elección de Haradinaj como primer ministro complicaron seriamente esos planes e indudablemente retrasaron cualquier solución política al status de la provincia.

El entonces presidente serbio Boris Tadic realizó una advertencia de que Kosovo “no debe lograr su independencia” porque “desestabilizaría a largo plazo una parte de los Balcanes y Europa Sudoriental”. Sin embargo, una resolución sobre el tema del status de Kosovo se hacía imprescindible para mejorar la situación general de la política y la seguridad en los Balcanes.

El 17 de febrero de 2008 los kosovares se autoproclamaron independientes y, como sucedió en su oportunidad con Croacia y Eslovenia, los países interesados en que Kosovo se independizara aceptaron esa decisión inmediatamente. El 21 de julio de 2010, el presidente del Tribunal Internacional de Justicia de la ONU, Hisashi Owada, funcional a esos intereses, informó que “el derecho internacional general no contempla prohibiciones sobre las declaraciones de independencia y, por tanto, la declaración del 17 de febrero de 2008 no viola el derecho internacional general”. Los jueces agregaron que esa declaración tampoco infringió la resolución 1.244 del Consejo de Seguridad. Esa fue la respuesta que obtuvo Serbia al dirigirse a la Asamblea General respecto de la autoproclamación de la independencia de Kosovo[63]. Esa decisión del organismo de la ONU, aunque no vinculante, abrió un peligroso camino para varios países que deben enfrentar las tendencias secesionistas de algunas regiones. Un claro ejemplo de ello es la tensión que se instaló entre Catalunya, más precisamente los separatistas catalanes, y el gobierno español hacia fines de 2012.

De hecho, esa ha sido la razón por la que cinco países de la UE no han reconocido a Kosovo como Estado independiente. Tampoco lo han hecho Rusia, China e India. El principal promotor de un Kosovo independiente es Estados Unidos.

Con esa decisión, el Tribunal Internacional de Justicia estaría violando el principio de no injerencia al favorecer la secesión de Kosovo respecto de Serbia, cuyo gobierno ha manifestado que jamás reconocerá la independencia de esa provincia. A ello debe agregarse que la UE le exige a Serbia el reconocimiento de la independencia de Kosovo para integrarla al bloque, lo que indica que también sus Estados miembros trasgreden ese principio. Sin embargo, hacia 2012 las relaciones entre los gobiernos de Belgrado y de Pristina no avanzaron nada en ese sentido.

Por su parte, la “comunidad internacional” ha creado un Estado incapaz de valerse por sí mismo y cuyos mayores ingresos provienen del crimen organizado y de la asistencia de los gobiernos que lo protegen. Kosovo ha sido la provincia más atrasada de Yugoslavia y, hacia 2012, sus índices económicos poco han variado respecto a la región que formó parte del viejo Estado yugoslavo. De tal manera que, en la actualidad, es un Estado inviable.

Kosovo sólo existe como Estado por voluntad de las potencias y, con ese propósito, en septiembre de 2012, los veinticinco países occidentales que conforman el Grupo Internacional de Supervisión de Kosovo (GIS), decidieron finalizar su tutela sobre esa región favoreciendo, de ese modo, su camino hacia la total independencia. El GIS tiene por objetivo garantizar que la independencia avance conforme a los lineamientos del “Plan Ahtisaari”, denominado así por el ex presidente de Finlandia, Martti Ahtisaari, quien diseñó un plan, según el cual Kosovo se constituiría en un “Estado democrático multiétnico con un elevado grado de protección y descentralización para la minoría serbokosovar”[64]. El “Plan Ahtisaari” contemplaba una soberanía tutelada y creaba la figura del representante internacional civil para Kosovo, cargo ejercido por el holandés Pieter Feith, quien cesó en sus funciones ante la decisión del GIS de poner fin a esa tutela. Para proceder en ese sentido, el Parlamento kosovar adoptó una serie de enmiendas constitucionales.

No obstante, la comunidad internacional mantendrá la Fuerza para Kosovo (KFOR), liderada por la OTAN, con 5.000 efectivos que garantizarán la seguridad en el territorio kosovar. Por su parte, la UE proseguirá con la misión civil Eulex —cuyo propósito es respaldar la construcción de un Estado de derecho— hasta mediados de 2014.

Hasta el momento en que el GIS ha decidido terminar con la tutela internacional sobre Kosovo, 93 países han reconocido la independencia de Kosovo. Las discrepancias entre las principales potencias en torno a esa cuestión impiden que Kosovo se integre como miembro de pleno derecho de la ONU[65].

Montenegro

La unión de Serbia y Montenegro sustituyó a la República Federal de Yugoslavia y la UE fue su principal responsable. Nació como un nuevo Estado el 4 de febrero de 2003 y fue el resultado de un arduo trabajo previo llevado a cabo por la UE que presionó fuertemente a las autoridades de Montenegro para que se abstengan de un referéndum para la independencia. La independencia para Montenegro tendría obvias y potenciales implicaciones para la política de la comunidad internacional en Kosovo. Sin embargo, la coalición gobernante de Montenegro se comprometió a realizar un referéndum sobre la independencia en 2006. Por su parte, en Serbia, algunos consideraban que se debía llegar al fin de ese Estado por ser disfuncional. Las opciones era disolverlo o redefinirlo seriamente.

El 21 de mayo de 2006 los habitantes de Montenegro se sometieron a un referéndum para decidir si ese territorio se separaría de la Federación de Serbia y Montenegro. El 55,4% de los votos válidamente emitidos se expresó a favor de la independencia que se plasmó en una declaración emitida el 3 de junio de ese año. La federación que mantenía con Serbia fue disuelta el 5 de junio de 2006.

De esa manera se cerraba la etapa de fragmentación que afectó a la República Federal Socialista de Yugoslavia desde el año 1991.

Los intereses de la “comunidad internacional”

Respecto de los intereses de las potencias en los Balcanes, considero de suma importancia recordar lo que Georgi Dimitrov escribió en 1929 que, aunque no se comparta ideológicamente y haya que actualizarla, refleja aún hoy la puja que se lleva a cabo en esa región. La cita, si bien extensa, es una síntesis de lo que el líder marxista búlgaro expresó durante el período de entreguerras:

A la luz de su situación geográfica, militar-estratégica y económica, los Balcanes son un objetivo de extraordinaria importancia para el imperialismo internacional. Para las fuerzas imperialistas, y en primer lugar, Gran Bretaña, Francia e Italia, los Balcanes representan una base imprescindible para el mantenimiento y consolidación de sus posiciones en la zona mediterránea y la dominación de los caminos que unen a Europa, por medio de los Balcanes y el Mediterráneo, con Asia, África y la India. […]

No es un secreto que los intereses y objetivos concretos e inmediatos de las fuerzas imperialistas en los Balcanes no coincidan plenamente. Por el contrario, están llenos de contradicciones. Estas son muy serias, sobre todo, entre Francia e Italia. Hecho que se refleja en las relaciones entre los propios Estados balcánicos que adquieren con frecuencia la forma de conflictos. Esto explica, por otra parte, el hecho de que, si bien Yugoeslavia se halla por completo bajo la influencia del imperialismo francés, y Albania del italiano, Grecia y Rumania navegan en las aguas del bloque imperialista anglo-francés, en orden a Bulgaria, que se inclina más hacia Francia, el imperialismo italiano libra una lucha desesperada, utilizando las relaciones creadas por él en el pasado. Sin embrago, sería erróneo sobreestimar la importancia de esas contradicciones “domésticas” en el campo imperialista, que se hacen más complejas por las aspiraciones y planes particulares del imperialismo norteamericano y del imperialismo alemán renaciente en esta zona. Sería un peligroso error si, frente a estas contradicciones de hecho, no vemos, ni apreciamos correctamente la línea general de conjunto, del imperialismo internacional en los Balcanes, que domina sobre dichas contradicciones. Dicha línea general consiste en el sometimiento de los Balcanes a los grandes intereses y objetivos del imperialismo, en obstaculizar su desarrollo económico y político, en una comunidad económica y política, en la conservación de la situación semicolonial y colonial en los Balcanes, por medio de empréstitos y concesiones esclavizadoras, mediante el dominio de los centros económicos y estratégicos decisivos de los Balcanes. Sobre la base de un entendimiento de principio entre ellas, las potencias imperialistas mantienen una división territorial artificial e insoportable en los Balcanes.[66]

De alguna manera, Jasper Ridley coincide con Dimitrov al expresar que “las grandes potencias (que ahora se hacen llamar ‘comunidad internacional’) llevaron a cabo una “política que ha prolongado las guerras y aumentado las bajas y el sufrimiento”[67]. Algunos analistas internacionales han manifestado que la UE se vio paralizada y demoró en tomar una decisión frente al conflicto. Otros agregaron que por esa parálisis los Estados Unidos debieron involucrarse en los Balcanes. Hay quienes llegan más lejos y con una actitud ingenua o interesada vuelven a colocar a los Estados Unidos como la potencia que sólo tuvo por objetivo terminar con la “limpieza étnica”. Sin embargo, cuanto más se lee acerca de los hechos que ocurrieron y ocurren en los Balcanes el análisis se distancia más de esas posiciones.

Ya he mencionado la rapidez con que Alemania y el Vaticano reconocieron a Croacia y Eslovenia cuando proclamaron su independencia. Se sabe que Al-Qaeda respaldó a los musulmanes que luchaban contra Belgrado, en tiempos en que aún no estaba muy nítida la “ruptura” de esta organización con la inteligencia estadounidense. En Afganistán los muyahidines seguían siendo útiles y conflicto se desarrollaba en forma paralela al de los Balcanes.

Durante la guerra empresas multinacionales operaron a favor de sus intereses comerciales sin importar las banderas involucradas en el conflicto. Entre ellas se destacan las tabacaleras R. J. Reynolds y Philip Morris, las que participaron del contrabando de cigarrillos que se operaba mediante lanchas rápidas hacia Montenegro, ya desde 1991. Se trató de una situación “paradójica” pues mientras Serbia padecía las sanciones económicas, el contrabando de cigarrillos arrojó enormes ganancias al régimen de Milosevic debido a que las pequeñas tabacaleras locales no podían satisfacer la demanda interna: el contrabando habría sido llevado a cabo con la complicidad de las tabacaleras Philip Morris y R. J. Reynolds[68].

Según Misha Glenny, autor del libro McMafia: el crimen sin fronteras, se trataba de cartones de cigarrillos para exportación Duty Not Paid (“impuestos no franqueados”), adquiridos en las manufactureras de Estados Unidos, Europa y Japón, que luego eran enviados a través del paraíso fiscal suizo de Zug y del puerto de Rotterdam. Desde allí se vendía a un tercer país con un elevado nivel de corrupción, como Egipto o Uzbekistán. El contrabando favorecía al entonces presidente de Montenegro, Milo Djukanovic, a los funcionarios corruptos, a las bandas organizadas del crimen y a los fumadores en el territorio yugoslavo, quienes adquirían los cartones de cigarrillos a un precio bastante inferior al que se podía pagar en el Reino Unido o en los Estados Unidos[69]. Una parte considerable de esos cigarrillos ingresaban a la UE contrabandeados desde los Balcanes a través de Italia, utilizando lanchas rápidas[70].

En 2001 la UE presentó una demanda en los tribunales estadounidenses contra la empresa fabricante de los cigarrillos Marlboro y contra R. J. Reynolds acusándolas de embarcar grandes cantidades de cigarrillos a países que no son miembros de la UE con conocimiento de que esa mercadería podría terminar en los países integrantes de la unión[71]. Como consecuencia de ese contrabando, en 2004, la UE le impuso a Philip Morris una multimillonaria multa —€ 1.009 millones— por fraude fiscal motivado por el tráfico ilegal de cigarrillos a Europa. La tabacalera debió negociar un acuerdo con diez Estados miembros de la UE: Alemania, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Grecia, Italia, Luxemburgo. Países Bajos y Portugal. En virtud del acuerdo, la UE asumió el compromiso de no proseguir el litigio iniciado en 2001 en un Tribunal de Nueva York por el que acusaba tanto a Philip Morris como a R. J. Reynolds y Japan Tobacco, de contrabando de cigarrillos a la UE y del blanqueo de dinero derivado[72]. La Comisión Europea expresó entonces que el contrabando se llevó a cabo, entre 1990 y 1995, por el puerto de Amberes (Bélgica), por el que penetraban en el mercado comunitario el 90% de los cigarrillos que se vendían en Europa y desde allí los cigarrillos destinados en teoría a África o a los países del este de Europa transitan por zonas francas como Suiza o Gibraltar para volver a Italia o Alemania o desembarcar en contrabando en España[73]. Si bien esa es la ruta que señaló la UE en su denuncia, todo parecería indicar, al nombrar la zona franca de Suiza y regiones del Mediterráneo, que se trata del contrabando en los Balcanes. Una noticia del año 2000 se refiere más específicamente a esa región. Según la misma, la denuncia por fraude fiscal contra las tabacaleras Philip Morris y R. J. Reynolds, “los Balcanes, los países de Europa oriental, Gibraltar y Andorra son algunas de las cabezas de puente para introducir el tabaco de contrabando en la UE. En los países de la antigua Yugoslavia, una de las rutas principales, se estima el tráfico de tabaco en unos 800.000 cartones al año[74]. La denuncia fue argumentada en que las mencionadas empresas actuaron en complicidad o, incluso, organizando el contrabando. El proceso civil se propuso demostrar que Philip Morris (que comercializa marcas como Marlboro) y R. J. Reynolds (Camel y Winston) “eran plenamente conscientes de que el destino de una parte de sus ventas era el contrabando y que intervinieron en la construcción de estas redes”[75]. Mientras que en ese momento Philip Morris se mantuvo en silencio frente a las acusaciones, R. J. Reynolds la rechazó como “falsa e insoportable”. Ambas empresas contaban con antecedentes de haber realizado ese tipo de maniobras en Canadá pero lo cierto es que aceptaron su responsabilidad al momento de aceptar la multa que se fijó en 2004.

Otro ejemplo de cómo las multinacionales se han beneficiado del conflicto en los Balcanes es el de la construcción de la base estadounidense de Bondsteel. En 1999, no bien terminados los bombardeos sobre Serbia, el aparato de defensa de los Estados Unidos procedió a instalar la base militar más importante en Europa —con capacidad para 7.000 efectivos— en un extenso campo en la ciudad de Ferizaj/Urosevac, Kosovo, próximo a la frontera con Macedonia. La construcción de la misma estuvo a cargo de la empresa Halliburton, cuyo director ejecutivo era el vicepresidente estadounidense Dick Cheney.

Misha Glenny también menciona el contrabando de armas que se realizaba a escala mundial para abastecer a las partes. Incluso menciona como Argentina, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, proveyó de armamento a Croacia a través de terceros países, como Panamá y Bolivia[76]. Varios países islámicos hicieron lo propio respecto de Bosnia. Desde Albania se aprovisionaba a Bosnia y Kosovo, ante la indiferencia de las fuerzas de la ONU. En presencia de estas mismas fuerzas el crimen organizado incrementaba el tráfico de drogas y la trata de personas.

La guerra en los Balcanes ha sido muy singular como lo demuestra la siguiente cita de Misha Glenny:

A diferencia de los croatas y los bosnios, Serbia y sus aliados en Bosnia no andaban escasos de armamento, pero debido a las sanciones Belgrado necesitaba garantizarse el suministro de petróleo y tenía que encontrar productos exportables para financiar su campaña bélica. De la misma forma que Serbia permitía que por su territorio pasaran armas desde Rumanía y Bulgaria destinadas a sus enemigos de Croacia y Bosnia, los bosnios, croatas y albaneses no tenían el menor problema en vender petróleo a sus adversarios serbios a causa de los extraordinarios beneficios económicos que genera un régimen de sanciones. Estas ganancias se repartían entre el Estado, que con ellas adquiría más armas, y los bolsillos de una floreciente mafia en la que había personajes como Vladimir Vanja Bokan.[77]

Desde el inicio de la guerra civil en la ex Yugoslavia se sabía de la participación de las agencias de inteligencia occidentales a favor de los secesionistas. Sin embargo, en 2008 el accionar se percibió como más claro. El 14 de noviembre de ese año, se produjo un atentado con artefacto explosivo en la oficina del Representante Especial de la Unión Europea, en el centro de Pristina. No hubo heridos y los daños fueron menores pero, horas después, los “cascos azules” de Naciones Unidas detuvieron a un agente del Bundesnachritchtendienst (BND), la agencia alemana de inteligencia exterior, mientras tomaba fotos del edificio dañado[78]. Durante la detención, el agente dijo que otros dos  colegas lo esperaban en un auto y que serían testigos de que él no sería responsable del hecho, ya que se encontraba en su oficina durante la explosión. La mencionada oficina correspondía a la empresa de seguridad Logistics-Coordination & Assessment Service o LCAS, en realidad un nombre de cobertura para los operativos del BND. Tras el allanamiento del local, los tres agentes —Robert Z., Andreas J. y Andreas D.[79]— fueron arrestados.

Inmediatamente, el gobierno de Berlín presionó a Kosovo y amenazó con retirarle su ayuda. Según fuentes periodísticas alemanas, hasta último momento informaciones no oficiales indicaban que había indicios de que los alemanes habían participado del atentado[80]. Por su lado, el portavoz del gobierno alemán, Thomas Steg, reiteró que los agentes no participaron de ninguna forma del ataque[81]. Pocos días después, los jueces en Kosovo, junto a sus colegas internacionales, tomaron la decisión de liberarlos.

Sobre este hecho no ha quedado claro si se trató de una jugada de la CIA contra el BND o si el gobierno kosovar de Thaçi —irritado por los informes que acusan a los miembros del gobierno, particularmente al propio Thaçi, de estar vinculados con el crimen organizado— pretendió ponerle un límite a esa agencia[82]. Quizás sean “las contradicciones del imperialismo” de las que hablaba Dimitrov. No obstante, en referencia a las acusaciones contra Thaçi  por sus vínculos con el crimen organizado y el tráfico de órganos, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, manifestó su “fuerte preocupación”[83]. Además de los informes del BND, el relator del comité sobre Derechos Humanos y Asuntos Legales de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), Dick Marty, elaboró un informe, del cual trascendió un borrador —el 14 de diciembre de 2010— que denuncia a  Hashim Thaçi como líder de un grupo criminal que en la década del noventa se dedicaba a secuestros, asesinatos por encargo y tráfico de órganos en Kosovo. En ese informe también se revela que órganos de prisioneros serbios fueron destinados al tráfico de órganos y que las ablaciones se llevaban a cabo en una clínica controlada por el ELK, denominada Medicus. Al respecto, el canciller ruso recordó que en el pasado hubo intentos de “silenciar la investigación de ciertos acontecimientos en los Balcanes” pero que, a su juicio, el informe de Marty “no debería ser un documento clasificado”.

El “informe Marty” hace referencia a las agencias de inteligencia que señalan a Thaçi  y a otros jefes del llamado “Grupo de Drenica” —una fracción del ELK—“como cabecillas de una red criminal que, según algunos testimonios, mataba a los detenidos y extraía de sus cadáveres riñones y otros órganos para el mercado internacional de trasplantes”. El documento fue dado a conocer al día siguiente de que el partido de Thaçi  fuera proclamado ganador de las elecciones parlamentarias en Kosovo[84].

Como ya he mencionado ut supra, Estados Unidos es el principal promotor de un Kosovo independiente. En julio de 2010, tras la declaración del TIJ acerca de que al autoproclamación de la independencia por parte de los kosovares no trasgredía el derecho internacional, el gobierno estadounidense solicitó a Europa a “que se una en un futuro común”[85]. Detrás de este pedido está la clara intención de que Kosovo como Serbia se integren a la UE y a la OTAN. Francia también formuló un llamamiento en ese sentido y el entonces ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, manifestó que “la independencia de Kosovo es irreversible”[86].

En abril de 2012, la Secretario de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton anunció que su país está dispuesto a ayudar a que Kosovo se incorpore a la OTAN y a la Unión Europea. Esas manifestaciones tuvieron lugar en oportunidad del encuentro que mantuvo Washington con Hashim Thaçi, el primer ministro kosovar[87].

Aún se desconoce cuáles serán las herramientas que emplearán la Casa Blanca y sus principales socios de la UE para presionar a España, Grecia, Chipre, Eslovaquia y Rumania, cuyos gobiernos se oponen a reconocer la independencia unilateral de Kosovo. Más aún a Rusia, tradicional socio de Serbia, que veta su ingreso en las Naciones Unidas.

En una entrevista concedida a Radio Serbia Internacional el profesor y ex diplomático Predrag Simic expresó que para los Estados Unidos la cuestión de Kosovo ya está resuelta y por eso apelan al diálogo entre Belgrado y Pristina[88]. Para Simic todo el proyecto de independencia de Kosovo se enmarca en un proyecto geopolítico más amplio de Estados Unidos: “estar presentes en esta región para estar más cerca de los demás puntos neurálgicos que son de su interés,  como por ejemplo el Oriente Próximo”[89].

El cuadro quedaría incompleto si no se mencionara los intereses de Rusia en los Balcanes que son, de por sí, bastante antiguos. Vale recordar que, en plena guerra de la OTAN contra Yugoslavia, las fuerzas rusas se adelantaron a las occidentales y ocuparon el aeropuerto de Pristina. Rusia se ha mostrado siempre como un aliado de Serbia y esa relación se ha fortalecido, en los últimos años a través de acuerdos económicos, energéticos y militares. En la actualidad, el Kremlin opera con sutileza y evitando enfrentamientos directos con la OTAN o con las potencias occidentales. El 24 de junio de 2007, el presidente Vladimir Putin ofreció, ante ocho presidentes de países de Europa Sudoriental intensificar la cooperación para garantizar un abastecimiento seguro de energía y a participar en el desarrollo del sector con nuevas inversiones. Putin participó como invitado especial de una cumbre balcánica titulada “La Energía es mercancía, pero específica”, de la cual fue anfitrión el entonces presidente de Croacia Stjepan Mesic. En esa oportunidad, Putin manifestó el interés de Rusia de participar más efectivamente en los Balcanes, tanto con suministros de petróleo y gas, como también con inversiones en la construcción y modernización de la infraestructura energética y otros proyectos relacionados[90].

En el marco de esa cumbre, Putin recordó que en 2006 Rusia suministró a la región 73 millones de metros cúbicos de gas —aproximadamente la mitad de la cantidad que envió a la UE— y manifestó que su país está en condiciones de a aumentar las exportaciones energéticas y a participar en el desarrollo de la infraestructura. Participaron de la reunión los presidentes de Albania, Alfred Moisiu, de Bosnia-Herzegovina, Nebojsa Radmanovic, de Bulgaria, Georgij Parvanov, de Macedonia, Branko Crvenkovski y de Montenegro, Filip Vujanovic, el ministro adjunto de Desarrollo de Grecia, Anastasios Nerantzis y representante de la Dirección General de Transporte y Energía (DGTREN), Cristóbal Burgos Alonso[91].

En 2009, Serbia compró una reserva adicional de gas natural de 200 millones de metros cúbicos a la empresa rusa Gazprom, la que almacenó en depósitos de Hungría. El director general de la compañía Srbijagas,  Dusan Bajatovic, informó que el trasiego de 3 millones de metros cúbicos de gas al día desde el depósito húngaro, añadido a los 5 millones de metros cúbicos aportados por la propia Serbia, satisfarían las necesidades del mercado interno serbio. El acuerdo fue firmado en Viena el 6 de agosto por Gazprom, Srbijagas y el consorcio alemán E.ON[92].

En 2012 las inversiones rusas en Serbia habrían superado los US$ 1.000 millones de dólares, según lo informado por el ministro de Economía de la Federación de Rusia, Alexandr Nóvak. Entre esas inversiones se cuentan una refinería petrolera y la construcción del gasoducto South Stream —que conectará los campos gasistas de Rusia con los mercados europeos a través del mar Negro— en el territorio serbio. El ministro destacó  que esos proyectos contribuirán al desarrollo de la economía serbia y a la creación de empleos[93]. En octubre de 2012, los gobiernos de Moscú y Belgrado firmaron un convenio que prevé, para el período de 2012-2021, el suministro anual de 5.000 millones de metros cúbicos de gas natural ruso a Serbia[94]. Rusia es la principal proveedora del gas natural a Serbia, habiendo suministrado en 2011, a través de Gazprom, 1.400 millones de metros cúbicos. Cabe mencionar que un anexo vincula esas exportaciones al pago de US$ millones que Belgrado adeuda a Moscú por el combustible recibido entre los años 1995 y 2001. Serbia se comprometió a liquidar esa deuda por etapas antes de fines de 2014.

El 7 de diciembre de 2012 se realizó la primera soldadura del gasoducto South Stream en el marco de una ceremonia a la que asistieron el presidente ruso, Vladímir Putin, así como empresarios, funcionarios y diplomáticos de una decena de países implicados en el proyecto[95]. En esa oportunidad, Putin recordó que Rusia ya inició en su territorio las obras necesarias para garantizar la capacidad proyectada del gasoducto, 63 mil millones de metros cúbicos al año. Participan de este proyecto valuado en € 16.000 millones, la rusa Gazprom, la italiana Eni, la francesa EdF y la alemana Wintershall. El trazado del ducto —que le permitirá a Rusia incrementar sus exportaciones de gas y eliminar los riesgos de tránsito— tendrá un tramo subacuático de unos 900 kilómetros, desde la estación de bombeo Rússkaya en la costa rusa del mar Negro, hasta la costa búlgara; unos 470 kilómetros atravesarán la zona económica exclusiva de Turquía que, si bien no participa del proyecto, lo respalda, como lo confirmó el ministro turco de Energía Taner Yildiz. Desde la costa búlgara continuará hacia el norte de Italia a través de Serbia, Hungría y Eslovenia, con ramales a Croacia y República Srpska en el seno de Bosnia y Herzegovina. Se estima que el primer ramal estará en funcionamiento en diciembre de 2015 y, hacia 2018, el gasoducto alcanzará el 100% de la capacidad programada[96].

Ambos países firmaron un importante acuerdo militar que tiene por propósito la modernización de armamento y material bélico. La información fue proporcionada por el vice primer ministro ruso, Dmitri Rogozin, en noviembre de 2012, en oportunidad de su visita a Belgrado. Rogozin manifestó que “en algunos renglones Serbia es completamente capaz de producir armas y equipos militares competitivos”. Por su parte, el vice primer ministro y titular de Defensa serbio, Alexandar Vucic, señaló que su país y Rusia acordaron formar grupos de trabajo con miras a estudiar posibles proyectos conjuntos de producción, modernización y comercialización de material bélico[97].

Del mismo modo, en el ámbito militar, hay que tener presente la base rusa para intervenciones de emergencia, situada cerca de Nis, en Serbia, que podría volver a convertirse en una base militar si la tensión en la región así lo amerita.

El 10 de octubre de 2012 la Comisión Europea, a través del eurocomisario de Ampliación, el checo Stefan Füle, expresó sus deseos de comenzar a negociar la preadhesión de Kosovo, a pesar de la negativa de España a reconocer su independencia y las trabas que pone a su acercamiento a Bruselas. Füle expresó que “Kosovo está ampliamente preparada para abrir negociaciones para firmar un acuerdo de asociación y estabilización” y propondrá a los 27 que comiencen las discusiones una vez Pristina haya hecho progresos a corto plazo “en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado y la consolidación del estado de derecho”[98]. España, Eslovaquia, Grecia, Rumania y Chipre se han negado a reconocer la autoproclamación de la independencia, por parte de los kosovares, en febrero de 2008. No obstante, ya es un hecho importante que la UE reconozca lo que cualquier especialista objetivo sabe respecto de Kosovo: la existencia de corrupción y del accionar del crimen organizado como en pocos lugares de Europa.

La posición de España respecto a la independencia de Kosovo fue expresada por el ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien manifestó “somos incompatibles con cualquier declaración, conclusión o afirmación que suponga la consagración y el reconocimiento de la declaración unilateral de independencia” del 17 febrero del 2008 y agregó “somos partidarios de la pervivencia de los estados multiétnicos y estaríamos siendo contradictorios con la secesión de parte de Bosnia Herzegovina o de Osetia y Abjasia del sur”[99].

Por su parte, el eurocomisario Füle le exige a Serbia que normalice sus relaciones con su ex provincia “si no quiere cerrarse las puertas de Bruselas”[100].

También se encuentran los intereses particulares, como los del “filántropo” George Soros, quien manifiesta un especial interés en el reconocimiento de Kosovo por parte de la comunidad internacional. El periodista español Joaquín Luna recuerda: “Hace tres años, la Fundación Soros invitó a un pequeño grupo de periodistas españoles para conocer el país y trasladar mensajes conciliatorios que contribuyesen al reconocimiento de España. A día de hoy nada ha cambiado”[101]. Cabe mencionar que la fundación de Soros y sus organizaciones afines han estado detrás de las “revoluciones de colores” que se han producido desde Europa del este a Asia Central.

Los intereses particulares, obviamente, no terminan con Soros como mencionaré más adelante.

A modo de conclusión

Como se ha podido apreciar, para comprender el desmembramiento de la República Federativa de Yugoslavia debe remitirse a la historia de la región. Los pueblos que conformaron lo que luego fue el territorio yugoslavo se fueron asentando a lo largo de la historia y, como se pudo apreciar, fueron quedando bajo el dominio de las diversas potencias. Bizancio ejerció su poder hasta que los turcos otomanos se hicieron fuertes durante los siglos XV, XVI y XVII.

Hacia mediados del siglo XVII el imperio otomano entró en franca decadencia y para fines de ese mismo siglo ya había perdido su peso regional aunque, por el interés de los principales actores europeos, su desmembramiento fue concretado de forma paulatina. El caso de la independencia de Grecia, con el aval del Reino Unido y Rusia, ejemplifica el procedimiento que se observará en otras etapas de la historia no sólo en los Balcanes: actuar a favor de los pueblos que aspiran a su autodeterminación bajo el paraguas protector de los principales actores del sistema internacional.

El imperio ruso avanzó sobre el imperio otomano y le impuso el tratado de San Stefano en 1878. Como ya se ha mencionado, las demás potencias europeas —en particular el Reino Unido y Alemania— se encargaron de frenar las aspiraciones del zar, lo que fue sellado en el Congreso de Berlín de 1878. Dos certeros golpes más, bastaron para terminar con la autoridad otomana en la región: las guerras balcánicas de 1912–1913 y la Primera Guerra Mundial.

Mientras los otomanos retrocedían, el imperio austrohúngaro avanzaba hacia los Balcanes pero también a costa de cierto debilitamiento que se profundizó desde mediados del siglo XIX. El imperio ruso le disputaba los dominios a Viena, como hacía con los que aún estaban bajo influencia otomana. Desde 1870 Alemania crecía en torno a la base prusiana y aspiraba a tener una mayor presencia en la región.

Luego de la Primera Guerra Mundial y de la desintegración del imperio austrohúngaro las potencias vencedoras procedieron a un nuevo diseño por el que se creó un Estado artificial que núcleo a serbios, croatas, eslovenos, albaneses, macedonios, montenegrinos y bosnios, dentro del cual los serbios se constituyeron en una especie de primus inter pares. De ese modo nació Yugoslavia.

La Segunda Guerra Mundial dividió a los integrantes de Yugoslavia pues, mientras un considerable número de croatas se alinearon con las potencias del Eje —que integraron la Ustacha[102] (en croata Ustaša)—, algunos croatas y los serbios integraron la resistencia contra los alemanes. Quienes se oponían a la invasión del ejército nazi estaban divididos entre los chetniks (en serbio четници, četnici), miembros de una organización guerrillera nacionalista y promonárquica, y los partisanos liderados por Josip Broz Tito y respaldados por la Unión Soviética. Ambos grupos tenían objetivos diferentes y los llevó a fuertes enfrentamientos entre sí. Mientras que los chetniks pretendían la instalación de la monarquía en Yugoslavia y aspiraban a la creación de una Gran Serbia, los partisanos deseaban establecer un Estado comunista que aglutinara a todos los pueblos.

Finalizada la guerra el nuevo Estado se basó en las aspiraciones de los partisanos. No obstante, bien pronto la nueva Yugoslavia se desentendió de Moscú y emprendió un camino propio por el socialismo hasta la desaparición de la Unión Soviética y de la propia República Federal de Yugoslavia, una década después de la muerte del propio Tito. Durante esa década comenzaron a florecer nuevamente los diversos nacionalismos que intentaron ser reprimidos por el nacionalismo serbio que cobró dimensión con Milosevic. Dentro de estos desencuentros —vinculados más a los nacionalismos que a la ideología— no pueden ser omitidas las diferencias religiosas, factores que sumaron al momento de la fragmentación de Yugoslavia a causa de la guerra civil. No obstante, se trató de una guerra civil particular ya que no se trataba de facciones de un mismo pueblo que se enfrentaban a otras sino de pueblos que fueron obligados a vivir dentro de las fronteras de un Estado creado artificialmente.

Desde el siglo XIX en adelante, fueron las diversas potencias —el imperio otomano, el imperio austrohúngaro, el imperio ruso (luego la Unión Soviética y más recientemente la Federación de Rusia), el Reino Unido, Alemania, Francia y Estados Unidos— las que se disputaron las regiones y se dividieron los pueblos conforme a la influencia que ejercían en los Balcanes. La Yugoslavia que emergió tras la Primera Guerra Mundial y la Segundad Guerra Mundial se debió a los propios intereses de las potencias de la época.

Del mismo modo como los países rectores del sistema internacional crearon a Yugoslavia, así procedieron a su descomposición favoreciendo los respectivos nacionalismos en función de sus propios intereses. Quienes consideran que la intervención internacional puso fin a la guerra en Bosnia —tras los acuerdos de Dayton de 1995— y a la guerra general en los Balcanes con el bombardeo de Yugoslavia por parte de la OTAN o, más específicamente, por parte de Estados Unidos, quizás aprecien sesgadamente la realidad de los hechos recientes en esa región de Europa. Del mismo modo, como es sesgada la consideración de que sólo los serbios han sido los que cometieron crímenes de guerra en los conflictos en los que interactuaron los pueblos que conformaron Yugoslavia. Sin embargo, en la localidad de Zhilivode Vushtrri, que fuera un baluarte del ELK, se estima que los cuerpos de 23 serbios asesinados yacen en el pozo de una mina[103]. Mientras que Pol De Vos, en el semanario belga Solidaire, plantea que la guerra de Yugoslavia le ha dado un nuevo sentido a la OTAN[104], transformándose de una alianza defensiva en un pacto de ataque para defender los intereses de Occidente en todo el mundo, para el periodista Michel Collon —también de Solidaire— la cobertura mediática estuvo destinada a demostrar que sólo los serbios cometían atrocidades. En su libro ¡Ojo con los media! cita varios ejemplos en los que se tergiversaron los hechos reales, como el atentado contra quienes hacían cola en la panadería de Sarajevo en 27 de mayo de 1992, titulado en los medios como “Otro crimen serbio”, tras lo cual se pregunta: “¿Una repetición del caso de las incubadoras kuwaitíes?”[105]. Collon menciona que tres meses después del hecho, el diario británico The Independent publicó que informes de las Naciones Unidas y altos cargos militares concluyeron “que la masacre fue obra de los defensores de la ciudad, principalmente musulmanes —y no asaltantes serbios— como una maniobra de propaganda para ganarse la simpatía mundial y provocar una intervención militar”[106].

Es importante mencionar el testimonio del general canadiense Lewis Wharton Mackenzie nombrado jefe del Estado Mayor de la fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en la ex Yugoslavia, en febrero de 1992, y encargado de supervisar el alto el fuego en Croacia. Mackenzie es el autor del libro Peacekeeper: The Road to Sarajevo en el que narra una versión diferente de los hechos. En octubre del mismo año se retiró de los Balcanes en circunstancias controvertidas y como miembro de las fuerzas armadas canadienses se hallaba impedido de hacer comentarios sobre la política gubernamental. Luego de criticar la incapacidad de las Naciones Unidas para el mando, control y apoyo a sus fuerzas de mantenimiento de la paz, se retiró del ejército en marzo de 1993. Desde entonces ha escrito y dado conferencias sobre sus experiencias en la ex Yugoslavia y ha expresado puntos de vista controvertidos sobre la masacre de Srebrenica. Mackenzie se refirió a las conclusiones del TPIY e impugnó la sentencia sobre el “genocidio” perpetrado en Srebrenica, en julio de 1995, y reveló que existían pruebas que ponían en duda el número de 8.000 musulmanes bosnios asesinados. Alegó que esa cifra incluye 5.000 que fueron clasificados como desaparecidos. Más de 2.000 cadáveres fueron recuperados en Srebrenica y sus alrededores e incluían a víctimas de tres años de intensos combates en la zona. De tal manera que la cifra no es de 8.000 muertos en esa masacre[107]. Asimismo, desmintió que Srebrenica fuera una zona segura y protegida por las fuerzas de las Naciones Unidas y afirmó que en la región se infiltrarse miles de combatientes y armas. Los guerrilleros bosnios musulmanes estaban bien equipados y entrenados, lo que les permitió atreverse a salir de  Srebrenica para quemar aldeas serbias y matar a sus residentes, para luego retornar a la “zona segura” controlada por las fuerzas de la ONU. Agrega que esos ataques se incrementaron en 1994 y continuaron hasta principios de 1995, luego que la compañía de infantería canadiense fue reemplazada por el contingente holandés. De alguna manera, su denuncia recuerda a otro militar canadiense, Roméo Dallaire, quien comandaba la UNAMIR (United Nations peacekeeping force for Rwanda) durante el genocidio de 1994 en Rwanda.

En este sentido, es relevante mencionar la cobertura que los medios dan a los serbios que son detenidos para su juzgamiento en La Haya, frente a la que tienen los que son acusados por el gobierno serbio. Un ejemplo de ello es la detención del profesor Ejup Ganic, ex presidente de Bosnia, arrestado en el aeropuerto de Heathrow (Reino Unido), acusado de haber participado en la masacre de 42 soldados serbios heridos del Ejército Nacional Yugoslavo que —tras un acuerdo de alto el fuego— se retiraban de Sarajevo a comienzos de la guerra de Bosnia, en mayo de 1992[108]. Los serbios acusan a Ganic de tener responsabilidad en el hecho conocido como “la masacre de calle Dobrovoljacka”.

La reciente absolución de quien fuera unos de los líderes del ELK, Ramush Haradinaj, como el no enjuiciar al ex terrorista y actual primer ministro de Kosovo Hashim Thaçi, pone en evidencia la intencionalidad de los líderes de las principales potencias. Sobre el ELK pesan la muerte de miles de civiles serbios y las sospechas de participación en el tráfico de drogas y de órganos como así también su vinculación con el crimen organizado. Otro dato que revela la parcialidad del TPIY es la sentencia que exculpa a los generales croatas Ante Gotovina y Mladen Markač, dada a conocer en noviembre de 2012, acusados de realizar una “limpieza étnica” contra los serbios procedentes de Krajina[109].

Una primera consideración lleva a la conclusión del fracaso de los Estados multiétnicos como el de Yugoslavia, lo cual es apuntalado por la división de Checoslovaquia en dos Estados, la República Checa y Eslovaquia. Al respecto también puede recordarse la fuerte polémica que generó el ex consejero del banco central alemán Thilo Sarrazin al publicar su libro Alemania se disuelve. No obstante, en el caso yugoslavo se aprecia la contradicción de la “comunidad internacional” que, tras formar ese Estado multiétnico lo llevó a su desmembramiento bajo la excusa de que poner fin a las “limpiezas étnicas”, otorgándole —supuestamente— un territorio a cada pueblo. Esa misma política no es tenida en cuenta para Kosovo, donde una minoría serbia cristiana vive marginada en un territorio dominado por un gobierno conducido por quienes fueron los combatientes musulmanes del ELK.

Con referencia a la violencia entre  los diversos pueblos, como se ha podido apreciar, se ha considerado a los serbios como los responsables de mantener por la fuerza aglutinados a los croatas, eslovenos, bosnios, macedonios y kosovares. Es cierto que Belgrado es la capital de Serbia pero no menos cierto que quien mantuvo bajo mano dura, más precisamente bajo una dictadura, a los habitantes de Yugoslavia fue un croata: el mariscal Tito. A pesar de su origen no benefició en nada a Croacia.

Los intereses en juego son expuestos desde el mismo momento en que el poder de Thaçi se fue construyendo, claramente y manifiestamente, por quien fuera jefe de las fuerzas de la OTAN durante los bombardeos en Yugoslavia, el general estadounidense Wesley Clark, y por la entonces Secretaria de Estado, Madeleine Albright. Mientras que Clark ha presentado la solicitud para la licencia de las investigaciones de los yacimientos de carbón en Kosovo —estimadas en dieciséis mil millones de toneladas—, de las que espera obtener unos cien mil barriles de petróleo sintético por día[110]. Por su parte, Albright, propietaria ya de la empresa IPKONET —la mayor operadora de las comunicaciones celulares en Kosovo—, desea comprar la empresa de Correos y telecomunicaciones de Kosovo, lo que representa un millón de abonados de comunicación celular y unos cien mil clientes de la red fija, además de los abonados al servicio de Internet[111]. También el primer jefe de la misión de la ONU en Kosovo, el francés Bernard Kouchner —casado con una albanesa— tiene negocios con ciertas firmas de Kosovo y Metohija y el ex suplente del jefe de la UNMIK, Jock Covey, ocupa un alto puesto en la compañía “Behtel”, empresa que construye carreteras en Kosovo y en Albania[112]. Es importante destacar que Kosovo y Metohija cuentan con una gran riqueza minera.

Una segunda consideración llevaría a reconocer que Dimitrov, en 1929, percibió cuatro aspectos relevantes en los Balcanes:

1.   la importancia estratégica de la región;

2.   la utilización de los conflictos entre los pueblos en función del “imperialismo”;

3.   la contradicción de las potencias en los Balcanes y

4.   la necesidad de crear Estados débiles para poder controlarlos fácilmente.

Podrán haber cambiado algunos actores o algunas circunstancias pero el diagnóstico de Dimitrov se mantiene en líneas generales.

Los objetivos de las potencias pueden parecer o ser contradictorios, como puede apreciarse en el hecho de que Alemania y Francia abogan por el reconocimiento de Kosovo, alineándose a Estados Unidos. Sin embargo, se aprecia como compañías de esos países participan del proyecto del gasoducto South Stream, liderado por Rusia, cuyo gobierno se opone a la independencia de Kosovo. A pesar de ello, todas acuerdan en mantener bajo su control a los nuevos Estados, sobre todo al más inviable, Kosovo. La UE hace su juego intentando incorporar a Kosovo y a Serbia —siempre y cuando Belgrado acepte la independencia de su provincia—, lo que es impulsado por la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton. La propuesta es congruente con el proyecto de ampliación hacia el este de los europeos pero, ¿es coherente incluir a un Estado cuyos ingresos son producto del crimen organizado y de los aportes de la “comunidad internacional” interesada en la partición de la región, sobre todo cuando se habla de expulsar a Grecia por su situación financiera y cuando varios de sus principales miembros —España, Italia, Portugal— atraviesan serias dificultades económicas?

Respecto de esto, puede llegarse a una tercera conclusión: “este reconocimiento es un precedente muy grave para la propia Europa y para Rusia porque abre la puerta a que el norte de Chipre, Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, Chechenia en Rusia, en Moldavia, Eslovaquia, el País Vasco y Cataluña en España, los húngaros de Rumania, los flamencos en Bélgica, etc., proclamen unilateralmente la independencia. Si lo que se intentó es calmar los ánimos en los Balcanes lo que se estaría logrando es que Europa —y el mundo dada sus repercusiones— vivan en la teoría del caos”[113].

Una cuarta conclusión es que el sostenimiento de Kosovo conspira contra la existencia de la propia Europa, más allá de las cuestiones secesionistas. La ruta de la droga que atraviesa por los Balcanes —luego de haber atravesado la “Ruta de la Seda” y Turquía— y que proviene de Afganistán, sumado a los demás tráficos que operan en la región y en particular en Kosovo, constituyen una seria amenaza para Europa y Rusia, ante la vista displicente de Washington. La droga parecería ser un elemento crucial en una “guerra silenciosa” contra la UE y Rusia. En este juego Hashim Thaçi es fundamental, aunque todo hace suponer que, por sus antecedentes, correrá la misma suerte de Manuel Noriega o de Saddam Hussein.

Kosovo también ha dividido a la UE, en tanto cinco de sus miembros no han reconocido la independencia.

Como ha expresado el Profesor Predrag Simic, Kosovo se enmarca en un proyecto geopolítico y estratégico mayor de Estados Unidos. Yugoslavia representó el primer eslabón de la expansión hacia Eurasia por parte de Estados Unidos. Luego le siguieron Afganistán (2001) —en forma directa, ya que anteriormente la intromisión estadounidense en ese país se realizó a través de Al-Qaida y los muyahidines para expulsar a los soviéticos— e Irak (2003) mientras paralelamente avanzaba sobre Asia Central y el Cáucaso Meridional —en este caso impulsando a Georgia a imponer su autoridad sobre Osetia del Sur y Abjasia, lo que derivó en una breve guerra con Rusia (2008)—, intentando imponer un cerco a Rusia y China. El ataque a Yugoslavia tuvo, del mismo modo, otro significado: llevar a la OTAN más allá de los límites que se había propuesto. En 2008, la aceptación de la independencia de Kosovo por parte de Estados Unidos y Alemania, violatoria de la Resolución 1.244 que la reconocía como parte de Serbia, aseguraría el establecimiento estadounidense de la base militar Campo Bonsdsteel para ejercer el control sobre Medio Oriente y Eurasia.

En 2006 la separación de Montenegro de Serbia puso fin a los residuos del Estado yugoslavo pero la negación de Belgrado a reconocer la independencia de su provincia evita la prosecución de los proyectos de la “comunidad internacional”. Parece difícil predecir cómo evolucionará el conflicto pero todo parece indicar que Kosovo se incorporará a la UE más allá de que Belgrado reconozca o no su independencia pero, lo más probable es que el gobierno serbio no lo reconozca. En la Navidad celebrada en los primeros días de enero de 2013, conforme a la liturgia ortodoxa, el presidente de Serbia, Tomislav Nikolic, reiteró su deseo de pasar esa fiesta cristiana en Kosovo y Metohija, lo que no fue aprobado por la comunidad europea, por lo que el presidente expresó que la UE “tiene que pensar bien cuando trata de convencer a Serbia que su estatus es neutral y que quiere ayudar para que todos vivamos mejor, pero parece que hoy ha mostrado su verdadera cara”. Nikolic que su misión era religiosa y no política[114]. En diciembre de 2012 Serbia propuso, como solución del conflicto de Kosovo, declarar la provincia como zona desmilitarizada en la que los únicos cuerpos armados desplegados en ese territorio serían la policía albanokosovar y la policía de los serbios kosovares, basándose en la experiencia de la Comunidad Autónoma de Catalunya (España). Los garantes de seguridad serían las fuerzas armadas de la Unión Europea y los ejércitos de Serbia y Albania. La propuesta incluye la creación, en el norte de la provincia, la llamada Comunidad Autónoma de Municipios Serbios con su propio órgano de poder[115]. Sin duda, la propuesta será rechazada por la UE y por la Casa Blanca y el conflicto quedará abierto al igual que el que mantienen los serbios en el norte de Kosovo. La Iglesia Ortodoxa Rusia también expresó su por los intentos de los albanokosovares de expulsar a la población serbia de Kosovo, con ayuda externa, y liquidar allí las iglesias ortodoxas, según expresó el metropolita Illarión, quien preside el Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores en el Patriarcado de Moscú. Illarión denunció que las autoridades de Pristina pretenden demoler la catedral de Cristo Redentor ubicado en el recinto de la Universidad de Kosovo o transformarla en un museo de los albanokosovares. El metropolita realizó dos visitas a Kosovo y Metohija y fue testigo de que los serbios viven allí en un medio hostil e impredecible, temiendo ser saqueados y atacados y de quedar aislados de Serbia Central[116].

En función de esto, una última consideración es que Europa continúa su política de destrucción respecto de sus raíces cristianas y si permite el ingreso de Kosovo a la UE —y tal vez de Albania, como lo expresó oportunamente Thaçi –, ¿cuál será la excusa para decirle que no a Turquía?

El conflicto sigue abierto y todo parece indicar que Serbia quedará continuará permaneciendo más cerca de Rusia que de la UE.



 


 

* Licenciado en Historia graduado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Doctorando en Ciencia Política en la Pontificia Universidad Católica Argentina. Presidente del Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID), Buenos Aires, Argentina.

[1] Barbara Tuchman. Los cañones de agosto. Barcelona: Bruguera, 1963, p. 18.

[2] Emilio de Diego García. Los Balcanes, polvorín de Europa. Madrid: Arco Libros, 1996, p. 12-14.

[3] Los albaneses se autodenominan shqiptarë, los hombres del país de las águilas.

[4] Rafael Mariano Grossi. Kosovo. Los límites del intervencionismo humanitario. Buenos Aires: Grupo Editor de América Latina (GEL), p. 11.

[5] Ibíd., p. 12.

[6] Ídem.

[7] Emilio de Diego García. Op. cit., p. 14.

[8] Franz Georg Maier (compilador). Bizancio. [Historia Universal Siglo veintiuno, vol. 13]. México: 2004, p. 133.

[9] Ibíd., p. 12.

[10] Bernard Féron. Yugoslavia, orígenes de un conflicto. España: Salvat Editores S.A., 1995, p. 19.

[11] Jasper Ridley. Tito. la biografía del líder comunista que gobernó Yugoslavia desde 1945 a 1980. Buenos Aires: 2006, p. 247.

[12] Bernard Féron. Op. cit., p. 20.

[13] Ídem.

[14] Para el tema de los eslavos musulmanes, ver: Cristian Beltrán. “Breve apunte sobre la historia del Islam en Bosnia”. En: Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID), 02/01/2012, <http://www.ceid.edu.ar/biblioteca/2012/cristian_beltran_breves_apuntes_sobre_el_islam_en_bosnia.pdf>, [consulta: 13/10/2012].

[15] Cristian Beltrán. “La diplomacia europea en los Balcanes. entre la estabilidad, la ampliación y las cuestiones nacionales. Perspectivas”. En: Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID), Documentos de trabajo nº 109, septiembre de 2012, <http://www.ceid.edu.ar/serie/2012/CEID_DT_109_CRISTIAN_H_BELTRAN_LA_DIPLOMACIA_EUROPEA_EN_LOS_BALCANES.pdf>, [consulta: 01/10/2012].

[16] Bernard Féron. Op. cit., p. 20.

[17] Ídem.

[18] Francisco Veiga. La trampa balcánica. Una crisis europea de fin de siglo. Barcelona: Grijalbo, 1995, p. 25.

[19] Pierre Renouvin. Historia de las relaciones internacionales. (Tomo II, vol. I, el siglo XIX). Madrid: Aguilar, 1964, p. 82.

[20] Francisco Veiga. Op. cit., p. 26.

[21] Pierre Renouvin. Op. cit., p. 82.

[22] Francisco Veiga. Op. cit., p. 26.

[23] Ídem.

[24] Pierre Renouvin. Op. cit., p. 83.

[25] Francisco Veiga. Op. cit., 27.

[26] Ibíd., p. 28.

[27] Ibíd., p. 28-30.

[28] Ibíd., p. 31.

[29] Emilio de Diego García. Op. Cit., 24.

[30] Ídem.

[31] Barbara Tuchman. Op. cit., p. 16.

[32] Veneta Pavlova. “100 aniversario de la Guerra Balcánica: el primer vuelo de combate en Europa fue efectuado por los pilotos búlgaros Radul Milkov y Prodan Tarakchiеv”. En: Radio Bulgaria, 16/10/2012, <http://bnr.bg/sites/es/Lifestyle/HistoryAndReligion/Pages/Guerra_Balcanica.aspx>, [consulta: 16/10/2012].

[33] Ídem.

[34] La aviación tuvo un estreno exitoso cuando, con anterioridad, los italianos la emplearon en la guerra contra los turcos por el control de la Tripolitania, actual territorio libio.

[35] Veneta Pavlova. Op. Cit.

[36] Ídem.

[37] Barbara Tuchman. Op. cit., p. 48.

[38] Ídem.

[39] A decir verdad, la Primera Guerra Mundial también contó con otros antecedentes como la guerra francoprusiana de 1870–1871, los conflictos que tuvieron lugar en Marruecos —1905 y 1906, en el que Alemania respaldó a ese país ante Francia, dando lugar a un incidente que se zanjó en conferencia de Algeciras, España, en 1906—, la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte de Austria-Hungría en 1908 y la declaración de guerra de Italia al imperio otomano por el control de la Tripolitania (norte de África), entre otros.

[40] Georgi Dimitrov. “La guerra balcánica y el movimiento obrero”. Primera Edición: Rabotnicheski Vestnik, núm. 25, 1913. Edición digital en Marxists Internet Archive, 2003, <http://www.marxists.org/espanol/dimitrov/dim1913.htm>, [consulta: 10/10/2012].

[41] Jasper Ridley. Op. cit., p. 247.

[42] Rafael Mariano Grossi. Op. cit., p. 22.

[43] Idem.

[44] Idem.

[45] Jasper Ridley. Op. cit., p. 247-248.

[46] Wolfgan Benz – Hermann Graml. El siglo XX. III. Problemas mundiales entre los dos bloques de poder. [Historia Universal Siglo XXI, vol. 36] México: Siglo XXI Editores, p. 87.

[47] Rafael Mariano Grossi. Op. cit., p. 25.

[48] Jasper Ridley. Op. cit., p. 361.

[49] Ídem.

[50] Ídem.

[51] Francisco Veiga. Slobo: Una biografía no autorizada de Milosevic. Barcelona: Debate, 2004, p. 58.

[52] Manuel Leguineche. Yugoslavia Kaputt. Barcelona: Ediciones B, 1992, p. 10.

[53] “Cómo fue la construcción y ampliación de Europa”. En: El Atlas de Le Monde Diplomatique, Buenos Aires: Capital Intelectual, 2006, p. 60-61.

[54] Rafael Mariano Grossi. Op. cit., 2000, p. 11.

[55] Ridley dice que los autores serbios calculan el número en 700.000, mientras “que los autores croatas hablan de 60.000, pero las investigaciones recientes de historiadores concienzudos sugieren que la cifra correcta es 330.000”. Jasper Ridley. Op. cit., p. 145.

[56] Jasper Ridley. Op. cit., p. 362-363.

[57] “Le durcissement de la communauté internationale après le bombardement de Sarajevo L'ONU devrait décréter des sanctions en deux temps contre la Serbie”. En: Le Monde, 29/05/1992.

[58] “L'ONU envisage un blocus pétrolier de la Serbie”. En: Le Monde, 29/05/1992.

[59] Gabriel Pasquini. “Slobodan Milosevic, el burócrata que supo usar el odio”. En: La Nación, 06/10/2000, <http://www.lanacion.com.ar/35875-slobodan-milosevic-el-burocrata-que-supo-usar-el-odio>, [consulta: 12/12/2011].

[60] La Comisión Electoral Federal reconoció el triunfo de Kostunica, quien según datos oficiales había alcanzado el 48,9% de los votos frente al 38,6% de Milosevic. Estos números obligaban a llamar a una segunda vuelta debido a que alcanzó el 50% de los sufragios en la primera.

[61] Se estima que el número de serbios en Kosovo varía entre 70.000 y 120.000 en comparación con la población albanesa estimada en 1.800.000.

[62] Ramush Haradinaj. Haradinaj ya había sido absuelto por primera vez en abril de 2008, pero la sala de apelaciones del TPIY decidió anular ese fallo y juzgarlo nuevamente en julio de 2010.

[63] Isabel Ferrer. “La independencia de Kosovo es legal”. En: El País, 22/07/2010, <http://internacional.elpais.com/internacional/2010/07/22/actualidad/1279749602_850215.html>, [consulta: 14/10/2012].

[64] “Kosovo queda libre de la tutela internacional”. En: El País, 10/09/2012, <http://internacional.elpais.com/internacional/2012/09/10/actualidad/1347291908_697289.html> [consulta: 16/09/2012].

[65] Ídem.

[66] Georgi Dimitrov. “El imperialismo en los Balcanes”. Primera Edición: La Federation Balcanique, núm. 120, 15/07/1929. Edición digital en Marxists Internet Archive, octubre de 2000, <http://www.marxists.org/espanol/dimitrov/1929.htm>, [consulta: 10/10/2012].

[67] Jasper Ridley. Op. cit., p. 363.

[68] Marcelo Javier de los Reyes. “Ucrania: una sublevación poco original”. En: El Periódico del CEID, Buenos Aires, Argentina - Año IV, Nº 15, octubre - diciembre de 2004, p. 2.

[69] Misha Glenny. Mc Mafia: el crimen sin fronteras. Barcelona: Destino, 2009, p. 29 y ss.

[70] Nicholas Forster - Sead Husic. “Probe into Montenegro's role at illegal cigarette trade”. En: The Centre for Peace in the Balkans, 09/08/2001, <http://www.balkanpeace.org/index.php?index=article&articleid=13768>, [consulta: 10/09/2012].

[71] Marcelo Javier de los Reyes. Op. cit.

[72] “Phillip Morris pagará una multa millonaria por contrabando”. En: La Nación, 09/07/2004, <http://www.lanacion.com.ar/617114-phillip-morris-pagara-una-multa-millonaria-por-contrabando>, [consulta: 15/07/2004].

[73] “Primera multa a una compañía por fraude fiscal”. En: El Mundo, 04/04/2004, <http://www.elmundo.es/elmundo/2004/04/04/economia/1081106716.html>, [consulta: 15/07/2004].

[74] Amadeu Altafaj. “La Comisión Europea presenta una demanda contra Philip Morris y Reynolds por contrabando de tabaco”. En: Biblioteca Europea. Universidad Complutense de Madrid, 07/11/2000, <http://www.ucm.es/cgi-bin/show-prensa?mes=11&ano=2000&dia=7&art=30&tit=b>, [consulta: 11/10/2012].

[75] Ídem.

[76] Misha Glenny. Op. cit., p. 36 y ss.

[77] Ibid., p. 37.

[78] Tom Burghardt. “The End of the Affair? The BND, CIA and Kosovo's Deep State”. En: Wikileaks, <http://wikileaks.org/wiki/The_End_of_the_Affair%3F_The_BND,_CIA_and_Kosovo's_Deep_State>, [consulta: 17/10/2012].

[79] Presuntamente llamados presuntamente llamados Robert Zoller, Andreas Drunken y Andreas Jackel.

[80] Liberados tres agentes de los servicios secretos alemanes en Kosovo. En: Deutsche Welle, 29/11/2008, <http://www.dw.de/liberados-tres-agentes-de-los-servicios-secretos-alemanes-en-kosovo/a-3836215>, [consulta: 12/09/2012].

[81] Ídem.

[82] Al respecto ver: Tom Burghardt. Op. cit.

[83] “Canciller ruso expresa “fuerte preocupación” por informe sobre Hashim Thaçi ”. En: RIA Novosti, 15/12/2010, <http://sp.rian.ru/neighbor_relations/20101215/148062185.html>, [consulta: 10/10/2012].

[84] Ídem.

[85] Ricardo Martínez de Rituerto. “Washington pide a la UE que se una en un futuro común”. En: El País, 23/07/2010, <http://elpais.com/diario/2010/07/23/internacional/1279836004_850215.html>, [consulta: 05/08/2012].

[86] “Serbia ‘nunca’ reconocerá a Kosovo, que celebra el ‘día bendito’ del aval a su independencia. En: Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE), 22/07/2010, <http://www.rtve.es/noticias/20100722/serbia-nunca-reconocera-kosovo-que-celebra-dia-bendito-del-aval-independencia/340836.shtml>,[consulta: 24/07/2010].

[87] “Clinton prometió a Kosovo entrar en la Unión Europea y la OTAN”. En: RIA Novosti, 05/04/2012, <http://sp.rian.ru/internacional.20120405/153337196.html>, [consulta: 15/09/2012].

[88] “Simić: La independencia de Kosovo forma parte de un proyecto geoestratégico norteamericano más amplio”. En: Radio Serbia Internacional, 07/09/2012, <http://voiceofserbia.org/es/content/simi%C4%87-la-independencia-de-kosovo-forma-parte-de-un-proyecto-geoestrat%C3%A9gico-norteamericano>, [consulta: 15/09/2012].

[89] Ídem.

[90] Vesna Bernardic. “Putin ofrece un suministro seguro de energía a los Balcanes”. En: Terra, 24/06/2007, <http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloid=330308>, [consulta: 16/10/2012].

[91] Ídem.

[92] “Serbia almacenará en Hungría reservas de gas ruso”. En: RIA Novosti, 07/08/2009, <http://sp.rian.ru/news/20090807/122618771.html>, [consulta: 12/12/2012].

[93] “Las inversiones rusas en Serbia superan este año mil millones de dólares”. En: RIA novosti, 13/10/2012, <http://sp.rian.ru/economy/20121013/155253609.html>, [consulta. 15710/2012].

[94] Ídem.

[95] “Putin inaugura la construcción del gasoducto South Stream”. En: RIA Novosti, 07/12/2012, <http://sp.rian.ru/economy/20121207/155808395.html>, [consulta: 15/12/2012].

[96] Ídem.

[97] “Rusia y Serbia acuerdan colaborar en la modernización de armas”. En: RIA Novosti, 28/11/2012, <Rusia y Serbia acuerdan colaborar en la modernización de armas>, [consulta: 10/12/2012].

[98] “Bruselas accede a negociar el preingreso de Kosovo pese al no de España”. En: La Vanguardia, 10/10/2012, <http://www.lavanguardia.com/internacional/20121010/54352860492/bruselas-accede-negociar-preingreso-kosovo-pese-no-espana.html>, [consulta: 15/10/2012].

[99] Ídem.

[100] Ídem.

[101] Joaquín Luna. “Kosovo, en el limbo”. En: La Vanguardia, 15/09/2012, <http://www.lavanguardia.com/internacional/20120915/54350429857/kosovo-en-el-limbo.html>, [consulta: 25/09/2012].

[102] Fue una organización croata –de corte fascista que se basó en un racismo religioso y nacionalista– fundada en 1929 por el líder croata Ante Pavelić.

[103] “Kosovo, cuerpos sin nombre y caídos en el olvido”. En: Swissinfo, 18/02/2011, <http://www.swissinfo.ch/spa/noticias/reportajes/Kosovo,_cuerpos_sin_nombre_y_caidos_en_el_olvido.html?cid=29511126>, [consulta: 20/02/2011].

[104] Pol De Vos. “Belgrado 10 jaar na het begin van de NAVO-bombardementen”. En: Solidaire, 31/03/2009, <http://www.pvda.be/nieuws/artikel/belgrado-10-jaar-na-het-begin-van-de-navo-bombardementen.html>, [consulta: 20/10/2012].

[105] Michel Collon. ¡Ojo con los media! Guipúzcoa: Argitaletxe Hiru, S.L., 2002, p. 305 y ss.

[106] Ibíd., p. 306.

[107] Lewis Mackenzie. “The real story behind Srebrenica”. En: The Globe and Mail (Toronto, Canadá), 14/07/2005, <http://www.theglobeandmail.com/commentary/the-real-story-behind-srebrenica/article737584/>, [consulta: 15/10/2012].

[108] Lewis Smith. “Former Bosnian president arrested at Heathrow”. En: The Independent, 01/03/2010, <http://www.independent.co.uk/news/world/europe/former-bosnian-president-arrested-at-heathrow-1914247.html?origin=internalSearch>, [consulta: 20/10/2012].

[109] “Una sentencia política del TPIY“. En: Radio Serbia Internacional, 17/11/2012, <http://voiceofserbia.org/es/content/%E2%80%9Euna-sentencia-pol%C3%ADtica-del-tpiy%E2%80%9C>, [consulta: 20/11/2012].

[110] Konstantín Kachalin. “Albright y Clark pasan la cuenta a Thaçi por el apoyo de EEUU en Kosovo”. En: RIA Novosti, 20/11/2012, <http://spanish.ruvr.ru/2012_11_20/Balcanes-Hashim-Thaçi -Yugoslavia-bombardeos-Kosovo-inversiones/>, [consulta: 10/12/2012]. Ver también: “Robo de la propiedad serbia en Kosovo y Metohija”. En: Radio Serbia Internacional, 20/08/2012, <http://voiceofserbia.org/es/content/robo-de-la-propiedad-serbia-en-kosovo-y-Metohija-0>,[consulta: 10/12/2012].

[111] Ídem.

[112] “Robo de la propiedad serbia en Kosovo y Metohija”. En: Radio Serbia Internacional, 20/08/2012, <http://voiceofserbia.org/es/content/robo-de-la-propiedad-serbia-en-kosovo-y-Metohija-0>, [consulta: 10/12/2012].

[113] Marcelo Javier de los Reyes. La independencia de Kosovo y sus repercusiones en el escenario internacional. En: Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo, CEID, 19/02/08, <http://www.ceid.edu.ar/biblioteca/2008/marcelo_de_los_reyes_la_independencia_de_kosovo_y_sus_reperc.pdf>, [consulta: 13/10/2012].

[114] “Nikolic: la comunidad europea ha mostrado su verdadera cara”. En: Radio Serbia Internacional, 07/01/2013, <http://voiceofserbia.org/es/content/nikolic-la-comunidad-europea-ha-mostrado-su-verdadera-cara>, [consulta: 07/01/2013].

[115] “Serbia propone declarar el territorio de Kosovo zona desmilitarizada”. En: RIA Novosti, 21/12/2012, <http://www.sp.rian.ru/international/20121221/155954106.html>, [consulta: 21/12/2012].

[116] “La Iglesia Ortodoxa Rusa censura la política de desplazamiento de los serbios de Kosovo”. En: RIA Novosti, 10/12/2012, <http://sp.rian.ru/international/20121210/155834441.html>, [consulta: 10/12/2012].

 

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