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27 de Outubro de 2021 VV.AA.

Cuando China era otra cosa, por Mariano Aguirre

Artigo extraído do Libro Homenaxe a Xulio Ríos Paredes "Unha vida de compromiso para unha Galicia universal"

Hacia mitad de los años 1990 se decía que el mundo iba a ser unipolar bajo el liderazgo de Estados Unidos. La Unión Soviética se había desintegrado, la Unión Europea y Japón tenían futuros promisorios. Entre tanto, las guerras por delegación de las grandes potencias en países del Sur se transformaban en conflictos internos y en algunos casos con intervenciones de países vecinos, como era el caso de la República Democrática de Congo.  En este escenario, China no era todavía China.

Durante la Guerra Fría China fue el actor comunista secundario.  Moscú ocupaba casi todo el espacio tanto en la tensión política con Estados Unidos y sus aliados, por ejemplo, en las crisis de Berlín (1961) y Cuba (1962), como en las negociaciones para el control de armas nucleares.  También en las intervenciones en países periféricos, apoyando guerrillas o gobiernos, China tenía menos presencia que la URSS, excepto en la guerra de Corea (1950-1953), la guerra de Vietnam (1955-1975) (con extensiones en Camboya y Laos), y el conflicto con Estados Unidos sobre Taiwán.

Paralelamente China era uno de los paradigmas políticos para organizaciones e intelectuales de izquierdas del mundo. Frente a la rigidez, represión stalinista y ortodoxia comunista de Moscú y la disidencia trotskista, durante un tiempo China encarnó la renovación y el cambio. Mientras desde Cuba se mostraba al Che Guevara como ejemplo del “hombre nuevo” (cuestión que se acabó entre la crisis de los misiles de 1962 y la muerte en combate del propio Che en Bolivia en 1967), Pekín lanzó “la revolución cultural” (1966-1976) ganando fuertes adhesiones internacionales. 

Para cuando terminó la Guerra Fría (formalmente en 1991 al disolverse la URSS) China ya había dejado atrás la Revolución Cultural que sumió al país en el caos y la represión. La normalización política y económica acabó con muchas de las medidas colectivistas del comunismo de Mao Tse Tung, pero también con las manifestaciones en favor de apertura y reforma en la terrible matanza de Tiananmen (1989). 

Las predicciones sobre el futuro del sistema internacional después de la Guerra Fría, especialmente acerca de la supuesta unipolaridad con el liderazgo de Washington fallaron en gran medida. Desde el fin de la guerra de Vietnam en adelante Estados Unidos comenzó un largo proceso que se prolonga hasta hoy, siendo ahora más evidente, de declive, abandono de compromisos internacionales y replegarse en sí mismo. 

Tampoco se consumó el “siglo de Europa”. A medida que crecía la Unión Europea en número de miembros aumentaban los problemas entre ellos, con grandes desacuerdos y parálisis sobre política exterior y defensa común.  Japón, por su parte, ha mantenido su poderío económico, pero sin ambiciones internacionales mientras que parte de los mercados que iba a controlar fueron ocupados por China.

Entre tanto, las expectativas del mundo post colonial, particularmente constituir un bloque fuerte de alineados, no se cumplieron. A principios de los años 2000 emergió la posibilidad de que una serie de países del Sur actuaran coordinadamente en cuestiones comerciales, económicas y políticas. India, Brasil y Sudáfrica estaban en primera línea, mientras en otro bloque se sumaron Rusia y China. Pero las divergencias entre sus miembros, las resistencias de Estados Unidos y Europa a dejar el control de organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y la crisis financiera del 2008 acabaron, al menos por el momento, con el proyecto de “los emergentes”.

Mirando hacia atrás, fueron escasos los analistas que entre 1991 y la primera década del siglo XXI consideraron que China sería en el futuro próximo un actor fundamental.  El empeño en no aceptar el declive de Estados Unidos oscureció en parte los análisis sobre otros actores.  La inercia de la Guerra Fría llevó, además, a prestar más atención a la recomposición del poder autoritario en Rusia.

En este contexto, y particularmente en España, muy pocos académicos y expertos se ocupaban de China en esos años. Entre ellos destacaron Fernando Delage y Xulio Ríos.  Este último publicó en 1997 el libro China: ¿superpotencia del siglo XXI? (Icaria editorial, Barcelona), un título cuyo interrogante lo decía todo.

Desde su trabajo en Galicia Xulio Ríos fue abordando las varias identidades de China. Por un lado, comenzó a analizar el paso de una economía rural a otra industrial gracias al proceso de deslocalización de la producción industrial que llevó a cabo desde fines de los 1980 Estados Unidos y otros países.  El analista Walden Bello afirma que este proceso condujo, paradójicamente, a que el centro del capitalismo industrial avanzado esté hoy en China. 

Por otro, Ríos siguió detenidamente los cambios en la política exterior de Pekín, manteniendo su interés en presentarse como una tercera vía entre el comunismo de Moscú y el capitalismo del eje Atlántico. A partir de la red productiva y comercial, China ha creado un espacio en Asia bajo su liderazgo y promociona su proyecto global de una nueva Ruta de la Seda. Un ejemplo simbólico del peso de este país es que mientras Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se están retirando de Afganistán, China gana posiciones en este país con inversiones y una compleja diplomacia con India.

En el campo de la política exterior China, Xulio Ríos fue un precursor, así mismo, al analizar como China iba ocupando posiciones en América Latina, continente en el que Pekín hoy disputa abiertamente el control de recursos, construcción de infraestructuras y mercados a Estados Unidos y Europa.  A la vez, la visión de América Latina la hizo desde la perspectiva de Galicia como espacio atlántico. Paralelamente a estos análisis, Río se convirtió en un agudo analista de la compleja política y política económica de China, desde Tiananmen hasta el presente.

Ahora China es la segunda potencia económica mundial, con perspectivas de ser la primera en unas décadas. Estados Unidos se apresta, erradamente, a embarcarse en una segunda guerra fría con ese país y quiere embarcar a sus aliados en esa empresa. Frente a este panorama, los aportes de Xulio Ríos son fundamentales para entender por qué China dejó de ser lo que era, y vislumbrar que será en nuestro futuro.

Sobre o autor: Mariano Aguirre é investigador asociado en Chatham House (Londres) e membro da rede de seguridade latinoamericana da Fundación Friedrich Ebert (Berlín-Bogotá). Foi director do Centro Noruegués para a Resolución de Conflitos (NOREF) e do Centro de Investigacións sobre a Paz (CIP) (Madrid). Foi coordinador do proxecto da Fundación Ford (Nova York) e asesor da Oficina do Coordinador Residente das Nacións Unidas en Colombia. Dende a súa creación, participou en diversas actividades organizadas polo IGADI.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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